Llegó «dossier CF Chile» en Revista UNIdiversidad N° 37, México, oct/dic 2020

Publicado el 20 de diciembre del 2020 | ~

 

Por Equipo PdE

Desde el mero México me contactaron en abril del 2019, guiados por amistades y lectores comunes, querían airear ciertas dudas sobre nuestra CiFi y sus (des)encuentros con las ciudades que las habitan. Hablé de Correa y su locus agrario, de Meier y su lovecraftiana Quillota y de que el otro resto comercial ponía a Santiago como imagen mental de sus destrucciones, ataques zombis y plagas milenaristas. Salvo contadas excepciones de antaño, por cierto. Pues ahora mismo estamos desbordados de hordas millennials tras el minotauro de oro… (Aclaro: sé muy bien que Leo Espinoza airea los pasos correísticos, junto a los mejores Alciffiles que resguardan las fronteras Norte/Sur). La cháchara digital estuvo interesante, pues me sirvió para refrescar saberes y aumentar mis perspectivas del quehacer cifi de ese país enorme y tan querido por mí, con su bien conformada comunidad de fanáticos persistiendo desde los años 70 en los intersticios de la cultura mexica glocal. ¡Aguante Bef y cia!

Así fue como conocí a Johanna Lozoya (Moscú, 1965) quien luego se comunicó vía email para saciar sus dudas, que eran muchas y algunas, harto complejas. Pronto averigüé que esta Doctora en Arquitectura e historiadora cultural del arte volumétrico a la vez que habitable era autora de sendos ensayos: «Las manos indígenas de la raza española. El mestizaje como argumento arquitectónico» (2010); «Arquitectura escrita: doscientos años de historiografía mexicana de la arquitectura» (2009); «Los monstruos del silencio. Apuntes sobre la angustia contemporánea» (Taurus, 2014) o «Ciudades sitiadas» (Tusquets, 2010); además de una serie de sesudos artículos sobre relaciones culturales, ideológicas y estéticas entre arquitectura latina y sus comunidades vivas. Pero ojo, en el ámbito de la ficción es también una reconocida narradora, tanto de cuentos: «Para siempre» (Premio Bianqui Editores, 2001) y «La línea del horizonte» (2003) como en novela: «Cartas de Adén» (2014). De ahí su buen ojo para «leer» en el más amplio sentido (comprender, discernir, seleccionar y enjuiciar) como luego nos enteraríamos al hojear… Alto ahí! Mejor volvemos a la fila.

Pasados unos meses, junio podría ser, Johanna visitó nuestro país para un Congreso de su especialidad y convenimos en conocernos, por fin, en Viña del Mar, donde le entregué hartos libros de mi editorial y ella me sopló su proyecto: editar en la próxima UNIdiversidad (REVISTA DE PENSAMIENTO Y CULTURA DE LA BUAP, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla) ¡un número especial dedicado a la Ciencia Ficción chilena! Me dejó un par de hermosos ejemplares anteriores (cuasi libros-objetos) dedicados a las literaturas policiales de Argentina y Brasil. Por supuesto aprovechó su estadía en Santiago para comprar libros clásicos del género  (¡…incluida «Años Luz«! De la que no me quedan ejemplares ni para regalar…) y claro, novedades, descubrimientos e intuiciones propias de esta voraz lectófaga de enormes ojos verdes. Allí supe que se comunicó con otros próceres guardianes de las memorias de la tribu futurista, como son Moisés Hasson o Marcos Esperidión. Así mantuvimos correspondencia electrónica un par de ocasiones más. Hasta que, como a todo el país, se nos vino encima el estallido social, y meses más tarde, como a todo el planeta, la seguidilla asfixiante de la Pandemia. Y se nos ahogó la comunicación.

 

¡Órale con este pinche ventanal! 

El último día de mayo 2020 (casi un año del primer correo), me esperaba la gratísima sorpresa de una semilla plantada hace eones y que por fin lograría germinar en suelo azteca. O eso creí… Su carta repleta de esperanza y buenos deseos (como todos por esas fechas, cuando creíamos que nada duraría más allá de Septiembre) decía: «(…) el número sobre una ventana a la Ciencia Ficción Chilena para UNIdiversidad está listo desde finales de abril. Es el siguiente número a publicarse… Únicamente estamos en espera de que la imprenta y empresa surtidora de papel, reanuden sus labores. El día de mañana, lunes 01 de junio, se inicia en algunos estados del país el reinicio paulatino de actividades presenciales para algunas empresas, no así para el sector educativo. Ya pronto la tendremos en nuestras manos!! Seguimos en contacto!! Johanna»

Y nada pasó. Aunque en realidad pasó de todo, pero era demasiado para asimilarlo. Pues siguieron cayendo conocidos, cercanos y familiares, junto con una incierta mayoría que engrosaba las estadísticas mortales a diario. Entremedio, votamos para cambiar la constitución de Pinochet, sostenida por 30 años de Democracia, y ganamos. El país respiró con la primavera y tímidamente volvimos a pensar en el verano. Bajamos la cuarentena, la guardia, la sensatez, el estado de alerta del sobreviviente y seguimos adelante, hacia el fin… de año tal vez. Y la imagen soñada de aquella revista imaginaria se desvaneció igual que tantos sueños de entonces, con distanciamiento y restricciones, casi siempre tras una mascarilla.
Pero no hay plazo que no se cumpla y este marzo 2021 nos llegó por correo temprano, una encomienda con la revista de marras. ¡Y vaya qué bien se ve! Diseño (¡con el relieve de Chile troquelado!, colores vivos, tamaño ideal, papel grueso y generosa documentación gráfica de nuestros ires y venires cienciaficcionescos en más de 100 preciosas páginas. Sé que sonará cruel relatar esta maravilla aún al alcance de pocas manos y aún menos ojos, pues su distribución no comenzará sino hasta un par de meses más. Si todo va bien… (¡Uf, qué difícil suena decir esto aquí y ahora!). Pero mal que nos pese, aún somos fanáticos coleccionistas, siempre seremos buscadores incansables, persiguiendo la quimera nuestra de cada día, así que acomódese, porque ya nos enteramos que más temprano que tarde se distribuirá en nuestro terruño…
    
Auscultando perturbaciones distópicas:
Desde la introducción de Lozoya y hasta el último cuento antologado asistimos a un serio esfuerzo por mapear la vastedad de silencios, obstrucciones y negaciones que hemos mal vivido estos últimos cien años en/desde este subgénero de anticipación, que aun así persiste, insiste y resiste, y sale adelante, airosa, vibrante, múltiple y maravillante, como bien queda claro en cada una de las generosas páginas profusamente ilustradas con fotos de autores (vivos y muertos), portadas clásicas, y el cómic nuestro de cada día (de los 60s a los 80s eso sí). Afirmo hic et nunc, sin temor a equívoco, que estamos en presencia del dossier más variado y ambicioso sobre la Ciencia Ficción chilena de cuantos hemos visto aparecer en las últimas décadas, lo que le convierte en un hito relevante por derecho propio.
Una primera parte dividida en sendos ensayos-crónicas sobre los primeros años de nuestra Ciencia Ficción (desde Miralles a Correa), Hasson saca a relucir sus dotes de coleccionista bien enterado, recordándonos que todo pasado no fue mejor ni peor, sino que el origen de este presente; y pasamos en volandas al testimonio de un conocido-desaparecido autor maulino (hoy Eduardo Soto, ayer Eduardo Grove); para perseguir aquellos ochentas disidentes conectadosd al actual milenio de multi-emprendimientos editoriales a cargo de quien aquí habla. Tarea ingrata como pocas tener que discernir entre éditos, inéditos y poligenéricos (los que no solo escriben CiFi), pero creemos haber nombrado a todos los que están, que por mucho, no son ni fueron todos los que mañana sí serán. Al final, Esperidión nos alumbra sobre esos cómics futuristas (de los cincuentas a los noventas) que debemos volver a hojear…
La mera mera Ciencia Ficción a la Chilena:
Punto aparte representa la segunda tanda, que es una selección de 8 relatos de otros tanto autores (6 hombres + 2 mujeres) desde los setentas y hasta su minuto de visitarnos, que pergenió la misma coordinadora del dossier, Johana Lozoya, que dan cuenta frontal de una mirada sin prejuicios ni apriorismos, solo gusto personal. Me refiero a «Incursiones» de Myriam Phillips (1978), «Electro Teresa de San Silicón» de Alexis Figueroa (2006), «Fractales» de Sergio Meier (2007), «Cuentos de guerra» de Marcela Ponce Trujillo (2016), «Máscaras urbanas. Una crónica verdadera» de Francisco Ortega (2006), «Afuerinos» de Daniel Villalobos (2000), «Los que no vuelven» de Gabriel Mérida (2007) y «País de poetas» de Gabriel Saldías Rossel (2019).
Porque al finalizar el cuento postrero saldremos airosos, quiero decir raramente victoriosos, alimentados con un aire menos contaminado de malquerencias, cortapisas y ninguneos en que se fue convirtiendo esta escena fantaociosa (ojo, siempre es justo aclararlo, esto pasó y pasaba antes de la aparición de Alciff… Un remanso colaborativo y fraterno que siempre defenderé). ¡Claro que quedaron fuera muches otres! (pero si leen con cuidado, la justificación nos asalta desde la primera página)… Leer esta cartografía cercana/lejana de nuestra obsesión lectora más querida me hizo bien. Devuelve las aguas a sus márgenes históricos, pero a la vez, nos permite avizorar un horizonte de eventos siempre a punto de ocurrir.
Dunas de Concón, 2021.

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