Entre ciencia ficción y fantasía: Réquiem para Tahínus

Publicado el 28 de enero del 2016 | ~

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Por Mario Bustos Ponce

 La discusión literaria respecto a la distinción entre la fantasía y la ciencia ficción es de larga data y al parecer no se vislumbran aún conclusiones terminantes que den una solución clara, general y objetiva a la misma. Ello porque si bien ambas variantes tienen elementos y características propias, no es menos cierto que de vez en cuanto aparecen obras que toman tópicos de ambos subgéneros literarios haciendo que la discusión se mantenga en vigencia.

Una de esas obras que aparecen insertas en medio de la fantasía y la ciencia ficción es la novela «Réquiem para Tahínus» de Fabián Cortez publicada por la Editorial Puerto de Escape (2015). Es una novela corta que, en principio, pareciera encuadrarse de lleno en el género fantástico, por cuanto nos presenta personajes, razas y mundos absolutamente alejados de los contextos y ambientaciones tradicionalmente aceptadas como «verosímiles».

En efecto, esta novela nos sitúa en el mundo de Tahínus en donde los humanos coexisten con seres superiores que representan al aire, al agua y a la tierra; aerontes, aquarontes y terracontes respectivamente. En comparación a estos seres, los humanos parecen entes minúsculos y muy desplazados de los centros del poder. Hasta aquí, pareciese ser una obra de fantasía pura.

Sin embargo, a medida que nos adentramos en el relato vemos que en esta obra coexisten con la fantasía elementos de la ciencia ficción más clásica. Es que parece ser que Tahínus es un mundo que agoniza por los errores de sus propios habitantes. Y aquí entran las temáticas más propias de la ciencia ficción: la especulación de hasta dónde nos podrían llevar nuestras ambiciones, los crímenes que se pueden cometer bajo los influjos de la codicia, y las secuelas que un sesgado egoísmo puede producir. Temáticas profundas, muy bien tratadas y con ideas claras bien estructuradas.

 

«Réquiem para Tahínus», un libro retrospectivo…

Una de las mayores virtudes de esta obra es que a lo largo de sus páginas se respira un aire de nostalgia. A través de sus aventuras, los protagonistas miran con escepticismo su catastrófico futuro pensando que están inmersos en una inevitable tragedia, de la cual ellos y sus antecesores son los únicos culpables; se ven a sí mismos sólo como instrumentos para cumplir una inevitable sentencia. Por ello, toda referencia que se hace hacia el pasado es realizada con respeto y admiración: es el mundo del ayer el brillante, avanzado, bello y sabio. Por ello, la novela siempre trata de resolver el porqué todo el esplendor del ayer se ha esfumado hasta degenerar en la catástrofe y la tragedia.

De esta forma, esta es una obra peculiar. A diferencia de otras obras de ficción más bien «tradicionales» que nos hacen una visión prospectiva en donde el futuro es brillante y avanzado, lleno de paradigmas estelares o dilemas científicos que en la actualidad no podemos ni siquiera pensar en experimentar con nuestra limitada tecnología, «Réquiem para Tahínus» es un libro retrospectivo, en donde se plantea lo contrario: el esplendor está en el pasado y la decadencia en el presente. En efecto, mientras leía esta obra de Fabián Cortez se me vino a la mente la novela de Robert Silverberg «Alas Nocturnas» pues al igual que esta, «Réquiem para Tahínus» nos muestra un pasado añorado en un triste presente.

Técnicamente es una novela muy bien escrita y en donde el autor sabe colocar las palabras precisas en el momento adecuado; no por nada Fabián Cortez es uno de los discípulos del maestro Diego Muñoz Valenzuela, uno de los más connotados escritores nacionales contemporáneos. Además de estar bien escrita, es una novela fluida, pues entretiene y se lee bastante rápido, pero sin perder profundidad en su planteamiento ni en las ideas expuestas.

Para finalizar  ?como señalé al principio de estas breves líneas?, mi única dificultad al analizar este libro es que no sé si encuadrarlo como fantasía o como ciencia ficción –blanda, de estilo Bradbury?, pero tal vez ella sea también su mayor virtud: ser una obra rupturista con los cánones establecidos. En fin, un muy buen libro y que de seguro dejará más de algún buen recuerdo entre sus lectores.

Santiago, Enero de 2016

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