Réquiem para Tahínus: Una novela fantástica que nos habla de la memoria colectiva y su extravío

Publicado el 21 de agosto del 2015 | ~

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Por Diego Muñoz Valenzuela

(Texto leído en la presentación de la novela, el miércoles 19 de Agosto, en el Centro Cultural de España, Santiago de Chile)

Conozco al autor, Fabián Cortez, desde hace unos cinco años, a lo largo de la mayor parte de los cuales ha perseverado en participar de mi taller de cuento, a estas alturas su versión para narradores de experiencia, conducido de una parte por su enorme amor por la creación literaria, y por otra parte, de su empeño y humildad para ir perfeccionando su técnica narrativa, cuestión que ha ido logrando con muy buenos resultados gracias a su sed de aprendizaje. Prueba de ello no solo es que estemos aquí reunidos presentando su novela Réquiem para Tahínus (Puerto de Escape 2015), sino que la existencia de una previa, Los peregrinos, que data del año 2012, sin mencionar su prolífica obra inédita. En este camino hemos construido una relación de trabajo escritural muy cercana y grata, y también una sólida amistad que va tomando cada vez una mayor consistencia.

No solo nos unen a Fabián Cortez y este hablante un aprecio desmedido por la literatura y la escritura, sino que compartimos además un rasgo específico: la predilección por el mundo de lo fantástico y sobre todo por la ciencia ficción, en cuyos dominios se inscriben las dos novelas mencionadas.

Refirámonos unos momentos al desarrollo de la literatura fantástica criolla -dentro de cuya matriz se inserta la ciencia ficción- para constatar que gana continuamente adeptos entre los lectores y espacio entre las editoriales. También comienza a estudiarse en la universidad, pues se considera como un fenómeno emergente, pese a sus antecedentes históricos.

Entre las editoriales que se han interesado activamente en la literatura fantástica se ubica en una primera posición Puerto de Escape, la misma que hoy nos permite disfrutar de este nuevo libro. Su catálogo cuenta con una amplia variedad de obras, entre ellas, “Años luz, mapa estelar de la ciencia ficción en Chile”, la más reciente y completa antología del género, publicada el 2006 por Marcelo Novoa, libro imprescindible e inencontrable para investigadores y seguidores. Falta que hace una nueva edición de este libro.

Podríamos mencionar una amplia galería de nombres entre los precursores, entre ellos: Manuel Rojas, Manuel Astica Fuentes, Alberto Edwards, Luis Enrique Délano, Armando Menedín, Enrique Araya.

La que podríamos llamar era clásica de la ciencia ficción chilena -desde los años 50 hasta fines de los 60 con mucha atención, aunque nunca demasiada- fue encabezada por Hugo Correa, autor de notables novelas entre las cuales figura en destacado lugar LOS ALTÍSIMOS. Hugo Correa estuvo acompañado de otras dos figuras notables: Elena Aldunate y Antonio Montero, ambos con obras de macicez muy respetable. A todos ellos tuve la fortuna de conocerlos en persona.

En cuanto a la fantasía pura o al terror propiamente tal, o, emergen también nombres relevantes, entre los cuales destaco a Héctor Pinochet Ciudad, autor de notables cuentos que debieron merecer más atención de la crítica y el público en su momento (“La Casa de Abadatti” y “El Hipódromo de Alicante”).

En la llamada Generación del 80, a la cual pertenezco, existen algunos exponentes que exploran el ámbito de lo fantástico con mayor asiduidad (expresada en libros publicados). Este es el caso de Claudio Jaque, autor de  la colección de cuentos “Puerta de escape” (1991), Darío Oses con su novela “2010: Chile en llamas” (1998), y el autor de estas líneas con la novela “Flores para un cyborg” (1997) y sus dos secuelas que conforman una trilogía. Otros autores de la Generación del 80 han incursionado ocasionalmente en el género.

Y se agregan algunos escritores de las nuevas promociones, que esperamos sean algo más que excepciones, como Max Valdés, que aborda el mundo gótico.

En la actualidad y por fortuna, la lista se amplía en forma continua y con mucho éxito: Jorge Baradit, Oscar Barrientos Bradasic, Francisco Ortega, Sergio Meier, Sergio Amira, Pablo Castro, Gabriel Mérida, Luis Saavedra, Álvaro Bisama, entre otros.

No abundan los estudios sobre literatura fantástica chilena, ni tampoco se evidencia a esta fecha un interés manifiesto de la academia por ella, y se constatan muy escasos empeños en el ámbito de la publicación, más allá de aquellos efectuados por selectas editoriales nacionales, pequeñas empresas como Puerto de Escape o Simplemente Editores. Editoriales como las mencionadas han sabido comprender gran el potencial del género, sobre todo entre los jóvenes.  Pequeñas de tamaño y de poder económico estas editoriales, pero gigantes a la hora de descubrir y revelar lo valioso.

Como he dicho, con ciertos esfuerzos resulta posible confeccionar una lista de obras y autores relevantes que han cultivado este género desde los mismos inicios de nuestra vida republicana. Un enjundioso estudio del escritor Omar Vega, denominado “En la luna”, puede referenciarse a modo ilustrativo.

No obstante estos hallazgos de tradición fantástica, es preciso reconocer que la literatura chilena ha estado principalmente anclada en el polo de la realidad, más que en el territorio de la fantasía. Conste que lo dice este autor sin asomo de prejuicio, puesto que mi trabajo creativo tiene una fuerte conexión con la realidad, aun cuando utilice con bastante frecuencia los materiales de la imaginación.

Sin desconocer los antecedentes históricos más remotos del género, es necesario establecer que las referencias más relevantes se encuentran en un periodo reciente, que va desde la mitad del siglo XX y se proyecta al momento presente.

El género fantástico es un universo muy amplio, donde caben tipos de textos muy diversos por temática y forma, dirigidos asimismo a públicos heterogéneos. Incluso podemos llegar a no distinguir fronteras, siempre artificiales, ya que la literatura es una sola entidad, y si vamos en esto con Borges, un solo libro, donde cada autor escribe una palabra.

Portada Requiem Escasas especificidades hablaré sobre la novela que nos convoca, pues su descubrimiento pasa a ser responsabilidad y tarea exclusiva del lector, que encontrará en ella la totalidad de los materiales que es dable esperar para sentar las bases de una buena lectura: evocación de un mundo verosímil por encima de su evidente fantasía, tensión y misterio en constante evolución que alimentan el interés por avanzar, imaginación desbordante que nos lleva a explorar territorios desconocidos, oposición de intereses representados por una variada galería de personajes.

Esta novela tiene una lectura posible que alude a nuestra historia actual –marcada por la voluntad de olvido de algunos y la débil fe de otros para preservar la memoria- en su dimensión simultánea de tragedia y comedia. Tragedia porque marca la continua reproducción de una brecha social, una obscena asimetría social y económica, donde el poder lo posee y lo ejerce una minoría que actúa con prescindencia de cualquier otra regla ética diferente al absoluto privilegio de sus intereses. Comedia en lo que se refiere al grotesco remedo de república democrática que ejecutan las altas esferas, desprovistas ya prácticamente de toda confianza por parte de las personas que van acendrando la sensación de estar solas contra el mundo en la lucha por la sobrevivencia.

De alguna manera, Réquiem para Tahínus pienso que reproduce este doloroso dilema. En Tahínus, un remoto planeta ubicado en un rincón del universo, coexisten con los humanos otras tres razas: los moradores de la tierra (terracontes), los habitantes del agua (aquarontes) y los entes voladores (aerontes). Estas tres razas conforman un grupo denominando titanes, debido a su gran magnitud corporal y fuerza. Aerontes y terracontes han estado sumidos en una batalla secular cuya intensidad está en aumento al comienzo de la trama; la razón de tal animadversión está perdida en el origen de los tiempos y constituye uno de los misterios que animará al lector para no desprenderse con facilidad de su lectura. Los aquarontes forman un grupo aparte, que está fuera de las hostilidades directas.

El origen de las tres razas de titanes es otro enigma, que opera paralelamente a los enfrentamientos entre ellas. Los humanos son despreciados por su constitución más débil, poco apta para los combates, donde los titanes ostentan desmesuradas ventajas.

De la memoria colectiva se ha extraviado el origen de todas las razas, incluida la humana, habiendo adoptado la forma de historias mitológicas y religiosas muy complejas para descifrar. No obstante, en estas fuentes residen las claves para descifrar el misterio, que se irá complejizando con el desarrollo de la novela, en cuyo final –como es de esperar- se clarificará todo. De esta forma anunció que la enredada madeja se despejará, aunque tras incontables peripecias, batallas, dolorosas experiencias que harán evolucionar a los protagonistas.

Los invito con entusiasmo a leer Réquiem para Tahínus, que es una ficción construida con excelente pulso narrativo. Nos llevará a un mundo desconocido, aunque posible y verosímil desde la visión del narrador que nos convence de ellos. Será una lectura provechosa de la que saldrán enriquecidos y gratificados, sean o no asiduos a la ciencia ficción. La trama no es ajena al amor, a la lucha por la libertad, a la anticipación tecnológica, ni al ritmo de una aventura tipo thriller.  Se fantasía nos alejará de la realidad, mas pronto nos retornará a ella a través de la reflexión que genera, conducidos por la ágil pluma de Fabián Cortez.

Diego Muñoz Valenzuela

Agosto 2015

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

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