Donde la filosofía plantea sus preguntas, nuestras novelas proponen posibles respuestas.

Publicado el 1 de septiembre del 2015 | ~

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Por Fabián Cortez

(Este texto fue leído en la presentación de la novela: “Réquiem para Tahínus” (19-08-2015)

 

Quisiera partir agradeciendo a Diego Muñoz Valenzuela, primero por su amistad y gentileza al acompañarme en este momento y también por esta sobresaliente presentación, como es habitual en él. Hago extensivos mis agradecimientos a Marcelo Novoa y la editorial Puerto de Escape por creer en este proyecto literario. Por supuesto a cada uno de ustedes que están aquí, acompañándome, entre amigos, familiares, colegas y ex compañeros de colegio y universidad. Así como compañeros del taller y del mundo de la literatura en general.

Bueno, para aquellos que no me conocen mi nombre es: Fabián Cortez, nacido y criado en Recoleta. Estoy felizmente casado y tengo tres maravillosas hijas. Esta afición mía por lo fantástico es una herencia de mi padre, pues me motivó desde pequeño a leer este tipo de literatura. Luego en mi juventud, disfruté a varios autores y algunos de ellos lograron inspirarme. Mi favorito en aquel entonces era por supuesto, Julio Verne, precisamente por ser capaz de mirar más allá de lo que en su época era posible imaginando ingenios y artilugios muy adelantados para su tiempo, así como viajes a lugares fabulosos como el centro de la Tierra o tan distantes como la Luna y que en aquella época parecían imposibles. He ahí la esencia de las llamadas novelas de anticipación especulativa. Con Isaac Asimov y Philip K. Dick me introduje en el fascinante mundo de la Inteligencia Artificial y la interrogante sobre la convivencia entre el hombre y la máquina. Posteriormente, con H.G. Wells, Ray Bradbury y Arthur C. Clarke me sumí en la búsqueda de la vida en otros mundos y el contacto con entidades de intelecto superior o las llamadas E.B.E. (Entidades Biológicas Extraterrestres). Así la lista de autores comenzó a crecer. Pero la fantasía también me sedujo, desde mi niñez aluciné con las “Mil y una Noches” supuestamente atribuidas a  Sherezade, y también autores como Homero, Robert E. Howard(Conan), J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, Margaret Weis y Tracy Hickman (Dragonlance), Lyman Frank Baum (Mago de OZ) y muchos otros.

Bueno, a pesar que escribo desde la enseñanza media, nunca me atreví a dar a conocer mi trabajo, quizás por ese natural temor al rechazo. Me nacían esas inevitables preguntas ¿Y si no les gusta? ¿Mi trabajo estará a la altura de otras obras literarias? ¿Tendrá el potencial suficiente como para despertar emociones en los demás?

Vino a mí aquel refrán: «el que no se arriesga no cruza el río» y entonces decidí entrar a un taller literario. Fue entonces que conocí a Diego Muñoz Valenzuela por allá por el año 2008 – 2009 más o menos. Ahí sufrí los primeros meses, pues mis escritos fueron sometidos a la ardua crítica de los colegas talleristas y del propio maestro. A punta de lápiz fui adquiriendo la experiencia y puliendo mi narrativa hasta ganarme el reconocimiento de mis pares y del maestro. No fue fácil y hoy medito en que valió la pena, aunque el aprendizaje no termina, pues soy apenas un novicio en este noble arte.

Se me vienen a la memoria las palabras expresadas por Fernando Jerez, durante el lanzamiento de mi opera prima en Octubre del 2012:

«…me he sumado a este acontecimiento de la aparición del primer libro de Fabián Cortez González. A celebrar su condena, porque de ahora en adelante estoy seguro que no parará más, y nos seguirá entregando nuevos libros, y se consolidará como escritor. El sueño del hombre por averiguar el infinito y superar las leyes del orden natural, para entender algo más de dónde viene el mundo y hacia dónde va, se aprecia con singular fuerza en los escritores de literatura fantástica, de aventuras de ciencia ficción…, queda de manifiesto que nuestra realidad, la realidad que vivimos en la tierra, no es suficiente ni debe aceptarse como el único mundo posible.»

 

Esta novela nos recuerda: “El misterio del pasado se ve empañado por el olvido y el futuro se nos presenta como un camino lleno de baches sumido en la bruma de lo desconocido…”

 

“Réquiem para Tahínus” va precisamente por esa línea y este fue un día largamente esperado. Crecen en mí las ansias de que este vástago que se urdió en mi imaginario aflore como ese brote tierno que busca los rayos del Sol y quiere alojarse ahí, en los corazones de todos quienes anhelen navegar por sus páginas que prometen, a lo menos, abstraer de la cotidianidad, para encantar, entretener, emocionar y transportar al lector más allá de los límites de la razón y lo sumerja en ese océano inconmensurable que llamamos imaginación.

Ésta es una historia que juega con el tiempo, después de todo, qué somos sino «piezas en un tablero de ajedrez» que comúnmente podríamos llamar destino y que nos sume en situaciones inciertas, emotivas y a veces ingratas. Pero que la mayoría de las veces son el resultado de nuestros propios actos, «se cosecha lo que se siembra», decían nuestros abuelos.

Nos envuelve en el misterio del pasado que se ve empañado por el olvido y del futuro que se nos presenta como un camino lleno de baches y sumido en la bruma de lo desconocido.

Hay quienes piensan erróneamente que escribir de fantasía o ciencia ficción es una tarea de orden menor e incluso es rebajada al punto de creerla hasta infantil, poco seria. La tildan de simples «cuentos de hadas» que no merecen formar parte de las filas de la literatura.

Hoy, quienes nos atrevemos a ver más allá de lo que las leyes de la física dictaminan, somos tildados de soñadores y quizás hasta de ilusos. Pero, créanme cuando les digo, no es fácil para nosotros construir historias que desafíen la imaginación y hacerlas creíbles, respetando la verosimilitud en todo su contexto. No se trata de escribir de cualquier cosa fantástica por el sólo hecho de hacerlo. No, buscamos explorar aquellos nichos que permiten abrir puertas al debate sobre temas no cotidianos, aquellos donde la filosofía deja planteadas las preguntas y nosotros las abordamos proponiendo posibles respuestas. Donde la ciencia oficial se ve limitada por el método científico y sólo se anima a proponer hipótesis para la posible explicación de los hechos, cuanta más información se recopila, pasan a convertirse en teorías, leyes y axiomas.

¿Cuáles son esas preguntas? Pues, aquellas relacionadas con el origen de la especie, su evolución, su forma de pensar, su destino, su naturaleza, sobre su relación con las máquinas o la inteligencia artificial que es obra de su propia mano, acerca de aquellos mundos paralelos y seres extraordinarios que el imaginario colectivo encierra en lo que comúnmente llamamos mitos. Sobre el origen de la vida y su diversificación tanto en nuestro mundo como fuera de él. Respecto de la inteligencia, aquel factor que la biología no considera preponderante en la evolución de las especies y que podría hasta ser tildado de un hecho fortuito o producto de la mano divina. Acerca de otras entidades de intelecto superior, que si han influenciado o no nuestra propia evolución como especie.

Ciertas teorías dentro de la psicología y la antropología señalan que la inteligencia del hombre o dicho de otra forma, el momento en el que el hombre comenzó a diferenciarse de los animales fue cuando comenzó a soñar. Cuando su mente imaginó la existencia de una vida más allá de la muerte desencadenando así el desarrollo de la imaginación que es la cuna de la creatividad, la característica que ha impulsado a nuestra especie a desafiar a la adversidad, las fuerzas de la naturaleza y por qué no decirlo incluso a Dios, tal como hizo Prometeo al robar el fuego a las divinidades olímpicas. Podría llenar líneas y líneas con frases célebres de sabios, científicos, filósofos, poetas y hasta hombres y mujeres destacados en la historia humana que nos repiten una y otra vez que, «toda gran obra o logro del género humano nació de un sueño, de una idea que el común de la gente tildo de loca».

Sobre la fantasía: George R. R. Martin – es el autor de la saga Canción de Hielo y Fuego, ha dicho:

«Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo. Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas. Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La..”.

Réquiem para Tahínus nos habla también del amor, la amistad, los lazos afectuosos que los seres vivos pueden llegar a crear aún a pesar de ser tan diferentes los unos de los otros.

Pitágoras dijo: “Los amigos son como compañeros de viaje, que deberían ayudarse el uno a otro para perseverar en el camino hacia una vida más feliz”.

Aquí quiero detenerme para mencionar que he querido dedicar mi novela a mis entrañables amigas y ex compañeras de la Enseñanza Básica en la Escuela Puerto Rico en los años 70’s. Éramos unos niños en aquel entonces, pero tengo muy gratos recuerdos de ambas y tuve la oportunidad de compartir con ellas, hasta muy poco tiempo antes de su partida, pues esta novela, trata precisamente de la amistad, de la vida y la muerte como etapas en nuestra existencia y de cómo vamos dejando huella en aquellos seres queridos, familiares y amigos que quedan en este mundo cuando partimos de él. También trata acerca de la naturaleza humana, del amor, de la fe, de la esperanza y las creencias en una vida mejor más allá de la muerte.

No me queda más que agradecer vuestra compañía y espero les guste esta novela, en ella he puesto entusiasmo, amor y mucho de lo que yo siento. Disfruten su lectura.

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