WisCon: Ciencia Ficción feminista al estilo (Norte)Americano

Publicado el 3 de julio del 2014 | ~

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Por Jorge Zeballos Stepankowsky

jzeballo@gmail.com

WisCon, es la más antigua e importante convención de ciencia ficción feminista en el mundo. Cada año en Madison, la capital del Estado de Wisconsin, un circuito de escritores, editores y académicos se dan a la tarea de fomentar conversaciones, conocer nuevas tendencias en Ciencia Ficción (CF) y extrapolar ideas frescas sobre feminismo, género, raza y clase.

Para quienes venimos de regiones dónde la vivificación del relato fantástico aún se aferra a lugares comunes (protagonistas hetero-normativos y escenarios criollos pincelados de steampunk), refresca conocer foros que, por ejemplo, diseccionan la estructura narrativa de los videojuegos en torno a ideologías neoimperiales y neoliberales; o conocer la voz de la paulista Luana Barossi, al explicar su disertación doctoral sobre personajes de CF más allá del típico robot femenino, narrado o dibujado a gusto masculino, como lesdroides, transborg y unteraliens, que entusiasma y hace sospechar las posibilidades no exploradas de la narrativa feminista de ciencia ficción bañadas por el  genio Sudamericano.

 

WisCon, puerto para repostar el combustible de las ideas, y también pasarlo bien

¿Pero qué es esto de WisCon? La Wisconsin Conference se inició en 1977 como vástago invernal de la 34° World Science Fiction Conference realizada en Kansas en 1976, justo cuando el impacto de Star Wars hizo estallar la popularidad del género. El contexto político eso sí fue el de la New Left Culture, por eso la convención se realiza siempre en Madison, una ciudad universitaria al norte de Chicago, de notoria fama por su talante liberal, ilustrada y progresista.

Desde entonces WisCon reunió a quienes en CF ponen énfasis en el feminismo y el conflicto social. El encuentro creció, y partir de 1995 ya no es más una conferencia regional realizada algún fin de semana durante el invierno nevado. WisCon se realiza el fin de semana de Memorial Day, la fecha que marca el inicio del verano norteamericano. Se trata de cuatro días en un hotel dónde en se ocurren casi 300 mesas redondas, conversatorios y otras actividades.

Para desconcierto chileno, académicos, creadores y cultores se atreven sin pedanterías a mezclar el rigor del análisis literario con el juego y la vivencia. Por ejemplo, el fabulista de CF Benjamín Rosenbaum, realizó un storygame participativo de fantasía histórica en tres actos. El juego de rol se despliega en un shtetl (pueblito judío) de mediados del siglo XIX. El shtetl está habitado por hechiceros, estudiantes, dibbuks, casamenteras, klezmerím y nihilistas, entre otros personajes. Ocurren alegrías y penas, lujurias y pogromos; todo depende de la creatividad de los jugadores. Así es WisCon, el espacio que recupera lo que nos fascina de la CF, la capacidad de subversión utópica sin rencores literarios ni sonrojos de vanidad. Una cualidad que de paso, parece urgente en Latinoamérica.

WisCon es también una tribu. Cuando en un panel, Jane D., una rubia grande con el pelo azulado de Wyoming indicó que era su “first WisCon attendance”, de inmediato fue vigorizada con una batería de aplausos. Entre charlas, o escapando de ellas, uno puede encontrarse con los panelistas visitando el Farmer’s Market, el aledaño mercado orgánico local situado en la plaza céntrica que cobija el Capitolio estatal. Es atractivo observar cómo, escritoras y activistas radicales traban conversación sobre tipos de lechugas, mermeladas y quesos con granjeros tailandeses, granjeros rednecks o puritanos menonitas seguidores del creacionismo más rígido.

 

El Premio Tiptree para Rupetta, un golem de carne y relojería de 400 años.

El impulso feminista de la conferencia disminuyó en la década del 80, tiempo en que en Estados Unidos los neoconservadores dominaron la batalla por las ideas, un periodo que se conoce como “Cultural Wars”. A partir de los años 90s, el compromiso con lo femenino y la política renació con ocasión de la instauración del Premio James Tiptree Jr.

El premio Tiptree se concede a la obra de fantasía o CF que expande o explora la comprensión del género. El objetivo de este premio no es la corrección política sino reconocer obras que invitan a la reflexión, incluso a la exasperación. El premio lleva como nombre el pseudónimo de Alice B. Sheldon (1915-1987), escritora de fantasía que escogió un nombre de hombre para ayudar a romper la barrera imaginaria entre “women’s writing and “men’s writing”.  Este año, la obra premiada fue Rupetta de la australiana Nike Sulway.

Rupetta (2013) es la historia de una inteligencia artificial creada en 1619 a partir de tela, cuero, metal y madera tejido e hilado por su creadora Eloisa. La extraña muñeca es insuflada de vida por el soplo que hace en su corazón-reloj su creadora. Aunque creatura, Rupetta no es un robot; sus funciones cognitivas no son mecánicas, tampoco es un androide. Aunque macho, el poder de Rupetta no viene de su cerebro orgánico sino de su corazón mecánico en simbiosis con mujeres. Es que Rupetta no muere pero necesita que le “den cuerda” las descendientes por línea femenina de Eloisa. La trama está en que como ser inmortal Rupetta vive entre nosotros, y la batalla por su posesión y manejo ha modificado la historia de la humanidad. (El prólogo del libro aquí: http://freepages.pavilion.net/tartarus/rupettaforeword.pdf).

 

Los discursos de honor de la CF en perspectiva feminista

La noche del domingo tuvo ocasión el evento central, los discursos de los invitados de honor y la ceremonia del premio TipTree. Se trata del espacio dónde se escuchan muchos llamados a la acción política, anécdotas graciosas y discursos apasionados sobre el rol de la CF de parte de las invitadas de honor. Este año las honradas fueron Nora Jemisin e Hiromi Goto.

La primera es una autora afroamericana del género de horror inspirada por el shoujo manga y algo que desconozco aún pero que llaman “afrofuturism”. Goto es una japonesa migrante que combina imágenes mitológicas con momentos grotescos en orden de narrar una historia extraña.

El discurso de Hiromi Goto entusiasmó, sacó numerosos aplausos y fue bien comentado. Tomé algunas notas las cuales traduzco libremente: “La historia es lo que me ha traído hasta aquí hoy. Somos iguales y disímiles en muchas y diferentes maneras: Nuestros cuerpos, nuestros géneros, nuestra sexualidad; nuestros antecedentes culturales e históricos, la clase, la fe, el ateísmo, la migración, la inmigración, la colonización, han experimentado nuestra vida y nuestro sentido de lugar de forma distinta y particular”.

La galardonada Goto prosiguió: “Estas diferencias a veces pueden dividirnos. Estas diferencias pueden ser utilizadas en contra de nosotros para mantenernos divididos. Pero aquí [Wiscon], nos encontramos. Mira a tu alrededor. Los rostros de los amigos y los rostros de los desconocidos (…) La mejor ciencia ficción y fantasía puede emitir un tipo de luz de refractaria. Vemos lo familiar en formas desconocidas; vemos lo que no es familiar en formas familiares (…) Vinimos aquí por la historia; hay mucho poder en la historia (…) Y así comenzamos. Con cada relato. Con cada repetición del relato, hay una ligera inclinación de lo conocido hacia un plano diferente. La perspectiva cambia y la forma en que la luz cae sobre el mundo es nueva, y con ello aparece la posibilidad de la madurez”.

 

Tres fiestas plétoras de alteridad sexual y contención Wasp

Luego de eso se dio paso a lo más anecdótico a ojos sudamericanos, las tres fiestas programadas, realizadas de forma simultánea en tres salones diferentes del hotel. Curioso momento pues la etiqueta norteamericana en este tipo de encuentros es, por un lado, una mezcla visual de la radical estética personal de muchos de los asistentes; y por la otra, una actitud contenida y sin excesos, muy protegida y cubierta por códigos de urbanidad poco frecuentes.

Como en la generalidad de los ambientes académicos anglosajones WisCon ostenta protocolos estrictos contra el “harrasement” (acoso sexual). En efecto, para sacar una fotografía uno debe conseguir la aprobación de todos los que aparecen en el cuadro, por eso es prácticamente imposible conseguir una foto general del evento. En mi caso, apenas tomé unas fotos del panel sobre “figuras de abuelas en CF”; la moderadora, amable pero segura, me conminó frente a todos a eliminarlas en el momento, para luego proseguir con el panel.

Lejos de la efusividad latina, WisCon permanece aún ajeno a la “chispa” espontanea sudamericana. La etiqueta de un país multicultural hace que sus normas de sociabilización se traduzcan en modos respetuosos pero hieráticos, sin posibilidad del derrame conductual ni la dispersión intelectual. En lo práctico la transgresión —si la hay— ocurre en el espacio predefinido para ello.

La primera fiesta se tituló Cartoon Vid Party. Fue organizada por K. Tempest Bradford, escritora y activista, “periodista de día; escritora de CF por las noches”, según su propia definición. Al interior del salón dispuesto, se podían ver videos icónicos del pop, el kitsch y la cultura geek. Así, volví a reparar en la rubia de Jem! and The Holograms y sus canciones, la muscular She-ra y unos cortos soporíferos de My Little Pony. Todo acompañado de lo que llaman actitud de slumber party, o fiesta de adolescentes de vestido largo, pero pasando la noche comiendo y conversando. Un auténtico espectáculo brindado por adultos habitualmente serios jugando en un ambiente que les recordaba su adolescencia. Con sinceridad, y entre nosotros, esa fiesta era sólo para iniciados en WisCon, no para mí.

En otro salón, mucho más convencional, la editorial Aqueduct Press celebró su décimo aniversario. Fundada y dirigida por ‘Timmi’ Duchamp, Aqueduct Press se especializa en CF feminista, y es la casa privilegiada a la hora de publicar las conferencias o productos que resultan de WisCon.

Una tercera fiesta fue DetCon1 [NASFiC] / Diving the Future, centrada en los servicios del futuro, autos voladores y otras fantasías en estilo Detroit post-fabril, que estuvo a Cargo de Tammy Coxen y John Wardale.

Para concluir, en lo descriptivo organizacional un encuentro con multitud de opciones. Quizás demasiado tribal para quien asiste por primera vez, pero sin duda un evento que bien difundido más allá del Río Grande sería un aporte a la democratización e interrelación de los cultores del género CF en Latinoamérica, titulados o no, creadores y lectores, mujeres y hombres, o ni uno ni lo otro.

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