Una mirada metafísica al misterio de la Vida o la más reciente novela de CF hard chilena

Publicado el 30 de julio del 2013 | ~

 

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Por Marisol Utreras Guerra

Sensaciones profundas, intrincadas… La novela EL COLISIONADOR DE SOLES de Ernesto Evans (PdE, 2013) se despliega ante mis ojos como podría hacerlo un holograma en el Santiago de Chile, año 2090. Sebastián McKeon camina, seguramente aplastando las hojas del frío otoño, y su edad madura y ese sinsabor de una vida pálida nos hace recordar la crisis de media edad (y la posterior ilusión pasional con mujer joven) de Martín Santomé en “La Tregua” o el mayordomo Stevens de “Lo que resta del día”.

Es  así como vemos que este protagonista puede pertenecer a cualquier lugar, donde el autor construye un hombre occidental cosmopolita, transversal,  sin amarrarse a los criticados localismos de la sempiterna escrituración chilena, cuyos personajes sólo se entienden en este contexto particularmente provinciano…y a garabato limpio.

Sebastián McKeon es científico, podrá tener unos cincuentitantos años, y en su nombre se refleja el sincretismo de nuestra raza: “bautizado en cristiano”, pero con apellido anglosajón. Seguramente hubo un McKeon que arribó a fines del siglo XIX a Valparaíso y ese tatarabuelo perdido en la memoria sería algún hombre de ciencia que llegó a afincarse para hacer su aporte a la precariedad científica que caracteriza a nuestro país.

Además de estos dejos de nostalgia que gatilla la figura del protagonista, uno como lector se ve conminado a entrar en temas de la ciencia dura, lo cual motivó mi interés por comprender de mejor forma los supuestos científicos de los cuales se parte, y la primer inquietud fue buscar “colisionador de soles” y de esa forma llegué al Gran Colisionador de Hadrones, al CERN nombrado en la novela y cuya sigla corresponde a su antiguo nombre en francés: Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire, para luego aterrizar en el foco de la trama: el bosón de Higgs, más conocido como “la partícula de Dios”, porque el hilo conductor de esta historia no es un cúmulo de datos científicos, sino que la mirada metafísica frente al misterio de la Vida, la Creación y el Universo.

Cabe destacar la soltura con que se mueve Evans al presentar el escenario futuro – no futurista- donde transcurre la acción, y hago hincapié en ello, dado que una de las grandes tentaciones de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, fue imaginar autos voladores, robots multiuso y adelantos fabulosos en tan sólo el año 2000, pensando que esa fecha milenarista marcaría el antes y el después de la civilización humana…ya han pasado 13 años y si bien el mundo cabe en la palma de un smartphone, seguimos comiendo mote con huesillos y sopaipillas en puestos callejeros,   lustramos los zapatos y para el dolor de cabeza nada mejor que una aspirina;  por eso es  lógico y natural que en el laboratorio de McKeon se despliega un mareador entorno virtual de 360º mientras los investigadores toman “café de tarro”.

Es desde ese sancta santórum de la ciencia, que surge el elegido interdimensionalmente por su innegable capacidad de comprender los conceptos de misión de vida, trascendencia, espíritu eterno y divinidad, los cuales se van enlazando en la figura de Soledad, la mujer, la joven, la única e irrepetible en las galaxias de todos los tiempos, y quien le enseña que sólo debe creer en  la inmanente Ley del Amor que habita en cada uno de nosotros.

 

Marisol Utreras Guerra

Invierno 2013

Hemisferio Sur

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