El “extraterrestre” en la ciencia ficción cinematográfica (parte 2 y final)

Publicado el 30 de octubre del 2013 | ~

LuisRoyoMillenium_023

Por Aniel Bifrost

El concepto “extraterrestre” en la ciencia ficción cinematográfica

(parte 2 y final)

Pero así como disfruto de las simpáticas y hasta graciosas producciones del cine de ciencia-ficción de Hollywood. A mí, como amante del género, también me gustaría muchísimo poder encontrar en él, cultores y trabajos que no teman a ir más allá de tanta absurda concepción de una entidad que no conocemos, ni a la que mucho menos podemos darnos el lujo, seriamente, de atribuir característica que son del todo humanas, viciosas y espiritualmente tan subdesarrolladas, como lo somos nosotros mismos.

Sí, lo reconozco. La posibilidad de que “no” existan es del todo real. Pero una posibilidad de una en un millón yo diría. O como incluso una figura tan notable, seria y respetada del mundo de la ciencia como lo es Stephen Hawking (llamado por muchos, el sucesor de Einstein) ya lo dijera en una entrevista dada a la también respetada agencia televisiva Discovery Chanel, en el 2010. En donde confiesa abiertamente y como científico, lo muy posible que tales entidades y civilizaciones extraterrestres existan. Y de que incluso es posible que ya estén entre nosotros.

 

(ver video): http://www.youtube.com/watch?v=4ufGqYOvxKE

 

Pero aun así, Hawking me decepciona cuando también él mismo atribuye características de una mentalidad del todo humana a tales sociedades extraterrestres. Ciertamente un claro ejemplo de la diferencia entre lo que la psicología llama “inteligencia lógica matemática” e “inteligencia emocional”, porque con el respeto que a mí me merece, el señor Hawking posee mucho de una, y casi nada de la otra, a no ser que haya sido obligado por ciertos oscuros poderes fácticos a afirmar semejante estupidez. Pues a estas alturas todo es posible.

Porque poniéndonos en el caso de que estos seres de otros mundos realmente existan. No, yo no pretendo decir que estos sean exclusivamente altruistas y dadivosos mensajeros interplanetarios de la paz, porque si así fuera, también se hubieran dignado ya de ayudarnos, ¿no? Mas, si ese fuera el caso, si no nos ayudan, me inclino a pensar que precisamente por nuestra belicosa y degenerada forma de pensar ante lo desconocido, es que no merecemos el conocimiento y la iluminación evolutiva que ellos nos pueden brindar, (No estamos preparados para eso) simplemente porque somos criaturas demasiado básicas, así como lo es nuestra propia fauna y reino animal para nosotros mismos. Eso sería como dar margaritas a los cerdos, o como regalarle un laptop a un chimpancé. Porque seguro que para los extraterrestres somos algo así como un curioso zoológico. Pueden estudiarnos hasta cierto punto, pero sin intervenir en desarrollo libre de nuestra naturaleza.

 

Pero aparte y sin desmedro de esto, digo que si nos ciñéramos debidamente a lo que nos dice la lógica de la sociología pura, ciencia que en muchísimos casos ha encontrado en la ciencia-ficción su mayor canal de expresión (y los casos son muchísimos). Podemos llegar sin problemas a entender y concluir, que si tales civilizaciones extraplanetarias existieran, de tener un temperamento tan belicoso como el humano, y habiendo, como se supone, alcanzado un nivel de desarrollo tecnológico por mucho, muy superior al nuestro, no se puede concluír otra cosa que afirmar con mucha razón que se hubiesen destruido entre ellos mismos en las obvias luchas por el poder que se hubiesen producido en su mundo, como así mismo en más de una oportunidad nosotros, los humanos hemos estado a punto de hacer con nuestras precarias armas nucleares, químicas o biológicas. O para qué decir de la constante e inconsciente destrucción, por parte nuestra, de los propios recursos naturales de nuestro mundo que son, querámoslo o no, el sustento de la vida y desarrollo de nuestra propia civilización. Y no podemos decir aún, ni lo podremos asegurar todavía, que nos hemos salvado por un pelo de sucumbir ante nuestro propio materialismo, egoísmo y codicia. Porque aun estaremos por mucho tiempo más con la espada de Damocles pendiéndonos encima, si es que logramos salvarnos de nuestra propia destrucción por nuestra propia mano. Lo que se ve a la vuelta de la esquina y cada vez que pareciera que nos salvamos de una para caer en otra.

 

Me es muy difícil creer entonces, que una civilización capaz de viajar como si nada a través del cosmos, haya llegado a tal nivel de desarrollo si a su vez, no se hubiera desarrollado espiritualmente a la par de su crecimiento intelectual y científico. Y sino, entonces, si son tan belicosos y tanto ambicionan nuestros recursos naturales, como postulan tan cómodamente algunos malos cultores del género, y aún más preocupante, algunos renombrados hombres de ciencia. ¿Qué diablos están esperando entonces para atacarnos? No lo entiendo. Han estado por milenios visitando nuestro mundo, de lo que hay muchas y muy claras evidencias (si hasta los tenemos en jeroglíficos egipcios y textos tan antiguos como el Bhagavad-gita). Y aún no nos atacan. Es algo que no tiene lógica para mí. ¿Por qué esperar tanto, si hace dos mil años nuestros recursos planetarios no sólo eran considerablemente mucho más ricos, sino que además no estaban contaminados como ahora, y apenas hubiésemos podido entonces defendernos de sus rayos mortíferos con palos y piedras?

 

Entonces, cuando la ciencia-ficción, género que amo, sigue postulando una idea tan retrógrada, arcaica y tan poco meditada con respecto a los extraterrestres, o lisa y llanamente son usados estos, como mutantes bichos de beligerante intelecto, que no conforman más que la excusa de otro enemigo o de otro mal creado, que al final no es más que el mismo mal humano de siempre. El que apela como siempre a nuestras bajas pasiones y morbosidad humanos, sin más fin que el de la propaganda político cultural y/o el del mero lucro, que con su consabida maquinaria de masiva bazofia de rápida digestión, tan condimentada de exaltadas concepciones absurdas, y sin un sentido realmente racional para tanto consumo indiscriminado de cine espectacular, y ciencia-ficción de bajo nivel que no hace más que ridiculizar y vilipendiar gratuitamente y todavía más a la que sí se esmera por ser tomada en serio, o que por lo menos, aspira a que sus asiduos se detengan a pensar, reflexionar e intercambiar opiniones con respecto a temas aparentemente llamativos, pero no menos importantes de nuestro mundo actual tecnologizado, como lo es por ejemplo la problemática de los aspectos éticos del uso de la manipulación genética, o el del empleo pernicioso de herramientas de la informática con dudosas intenciones por parte de dudosas entidades. Todas estas, problemáticas del todo reales del siglo XXI, que han surgido, se quiera o no, para quedarse, y de las que todo el resto de la creación culturan docta, fruncida y tradicional no se hace cargo ni de soslayo, por miedo al ridículo como el que alguna vez pudo haber hecho al tratar temas tan fantasiosos y delirantes como los que en épocas pasadas fueron la energía nuclear y el trasplante de órganos; así mismo como hoy en día es el fenómeno extraterrestre, que de un momento a otro, la posibilidad está, podría llegar a cambiar toda nuestra existencia. Yo no puedo, entonces, por lo menos, evitar detenerme, pensar y preguntarme: ¿Es realmente el papel de la ciencia-ficción el de solamente entretener como en un circo de fenómenos? Porque si ése fuera el caso, entonces, mucha razón tendríamos que darle a esos mohosos y vinagres catedráticos intelectualoides, cuando consideran a este subgénero una subcultura de basura rápida para imaginativos y psicodélicos nerds.

 

Así entonces, ¿cómo esperar que nos tomen en serio a los cultores de la ciencia-ficción y de la reflexiva, mal llamada (a mi juicio), literatura fantástica?

 

Sí, por supuesto, es entretenido cuando uno lo lee en esas novelas o cómics sesenteros post Roswell. Y ver allí a los alienígenas verdes, ojos rojo sangre, furiosos y armados hasta los dientes con su pavorosa tecnología que a penas y podemos imaginar, en su afán de invadirnos, destruirnos cruelmente y apoderarse de nuestro planeta, nuestros recursos, o del recurso que podríamos significar nosotros mismos, como en el caso de “El día de la independencia” o “Señales” interpretada por Mel Gibson. Obras del cine de ciencia-ficción que no buscan más que explotar el lucrativo negocio que subyace en toda la moda y efervescencia, muchas veces fanática que produce el mal abordado interés ufológico. Ahora, es muy entendible que la reflexión no venda y sea un mal negocio. Y está bien que el expectador pueda ver lo que quiera. Hay para todos los gusto, y de vez en cuando consumir comida chatarra no nos hará tanto daño. Pero tratándose de lo que es ciencia-ficción pura, sin el negocio como un principal objetivo. Cuando en el cine, por ejemplo, se ha intentado interpretar de algún modo lo que sería o cómo sería el intelecto, o, cómo sería un posible sistema moral extraterrestre (evolucionado) no ha habido tanta pasión en la creación de tales obras como la que se ponene siempre en la espectacularidad de los efectos especiales. Pues en este caso, siempre se quedan en la forma, pero no se aborda el contenido. En el caso, por ejemplo, de “2001 Odisea del Espacio” de Stanley Kubrik 1968, si en algún momento se intentó exponer la idea de una voluntad divina de características atribuíbles a la idea del intelecto extraterrestres, sólo se llaga a la representación de ésta interpretada por un extraño monolito que pareciera estar en todas partes, pero fuera de lugar. Es decir, no se expone más que un símbolo que no hace más que dejar su significado a la libre interpretación. Cosa que es muy entendible si se considera que el tema de la obra no eran los extraterrestres sino el propio ser humano. Pero si tomamos el ejemplo de la más reciente: “Sphere”, estelarizada por Dustin Hoffman, la que sí, desde un principio tiene el claro objetivo de representar una teoría de intelecto alienígena superior, finalmente decepcióna al diluírse y caer una vez más en la representación de un símbolo que deja mucho a la interpretación, el cual es, en este caso, una esfera, que al final no es otra cosa que un espejo de la propia mentalidad humana otra vez, aunque sí es plausible que en esta ocasión dicha proyección intelecutal humana, se haga de forma mucho más franca. Como también se da, pero aun de mejor forma, en “Avatar” de James Cameron, en donde se muestran cómo son realmente las cosas. Pues es allí en donde los extraterrestres invasores somos nosotros mismos, como lo hemos sido siempre al reflejarnos en criaturas alienígenas de ficción. Y curiosamente los extraterrestres de dicho film, no son muy distintos a los Siux o los Apaches, usándose aquí una clara alegoría de que haríamos con otros planetas lo mismo que el invasor européo hizo con el nuevo mundo. Argumento muy usado también por quienes dicen que los extraterrestres harían lo mismo con nostoros. Pero allí se olvidan entonces de los invadidos. No ven que el europeo invadió y sometió al indigena no por la superioridad tecnológica. Lo invadió por que el hombre, entonces mal llamado civilizado, tenía en su estructura mental la idea de posesión, riqueza material y por sobre todo, la idea de propiedad privada. El indígena en cambio, no sabía y no entendía nada sobre estos conceptos. No podía entender que la tierra pudiera poseerse, comprarse o venderse, o que se dividiera en fronteras, pero sí, desde entonces, siglos antes de la revolución industrial, la sabiduría indígena tenía ya una profunda consciencia ecológica, de lo que el europeo no tenía idea. Por lo que tampoco puede decirse que los indios fueran ignorantes. Así que tampoco puede decirse que sólo existe una forma de intelecto o una idea espécífica de moralidad secular. ¿Por qué tendrían que ser entonces los alienígenas, precisamente como aquel equivocado conquistador europeo que veía todos sus propios defectos reflejados en sus enemigos, así como nosotros los vemos ahora en nuestra idea sobre los extraterrestres? Más bien yo me inclino a pensar que de existir estos últimos, tendrían un intelecto mucho más consciente de las leyes universales de la naturaleza, lo que los haría mucho más cercanos a nuestros indígenas.

 

Pero para tranquilizar nuestra conciencia, también podemos concebir a los extraterrestres como a un tierno «ET» de Spielberg. Porque naturalmente los alienígenas también deben tener bebés y ser niños, y jugar con otros niños, sin importar de qué planeta sean, y ser amorosos también, porque nosotros los humanos creemos en el amor y el bien, y estamos dispuestos a defender estos valores de todo enemigo local o extranjero, o extraplanetario, si se diera el caso, como de aquellos creados por una industria irreflexiva, quienes al fin y al cabo nos han entretenido y divertido a rabiar en la ciencia-ficción comercial. Pero que siendo del todo honestos, no son más que alegóricas representaciones del propio ser humano, con sus pasiones humanas, ambiciones humanas, crueldad humana, y hasta buenas intenciones humanas, a veces. Nada más que por fuera se ven verdes, con antenitas de vinil, y usan pistolas de rayos gama, o X… Y vuelan por el espacio en sus platillos voladores de todos los aspectos y formas que se puedan imaginar. Porque lo importantes no es cómo dichas criaturas piensen, sino que sean representados del modo más espectacular posible, porque si no la cosa no vende…

 

Y durante décadas nos hemos entretenido mucho con todos estos aliens, pero ya va siendo hora de que nos pongamos un poco más serios al respecto. Y por lo menos a mí me gustaría mucho alguna vez, poder disfrutar de una ciencia-ficción poseedora de una concepción de un posible intelecto extraterrestre capaz de ser realmente creíble como tal. Idea que no se atenga a limitaciones en su concepción pero con los pies lo suficientemente bien plantados en la tierra, como para hacernos perder el miedo a meditar seriamente. (Esto es, intentando por lo menos, verlo más allá de nuestras propias concepciones y mecánica mental humana). Con respecto a cómo serían posiblemente nuestros vecinos de otros mundos, si es que existen, o más bien, tal vez, en cómo seríamos nosotros mismos dentro de algunos milenios, si es que salimos de nuestro planeta a conquistar el conocimiento más allá en las estrellas, así como de algún modo, tímidamente pero muy bien, se atrevió a exponer Ray Bradbury en sus «Crónicas Marcianas«. Esto, si es que primero logramos sobrevivir a nosotros mismos, ¿no? A nuestra maldad y belicosidad tan bien representada en las fabulosas novelas, cómics y cine de extraterrestres invasores. Algo muy entretenido, pero nada más que el reflejo de nosotros mismos. El de nuestros propios miedos amados que apelan a nuestros bajos instintos para hacernos sentir vivos. Lo que es un tema radicalmente muy humano en el fondo. En el que la ficción extraterrestre no es más que un adorno, y en donde la ciencia-ficción, lamentablemente, no es más que un circo de curiosidades para intelectos básicos y ociosos, poco interesados en las verdades y el conocimiento, pero del todo sedientos de extravagantes amarillismos. Ya sean estos de índole muy terrícola como siempre, o fuera de este mundo, para variar un poco.

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