Ciencia ficción en Latinoamérica. El estado de la cuestión

Publicado el 11 de julio del 2013 | ~

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Por Guillermo Roz (Buenos Aires, Argentina)

Publicado originalmente en Centro Virtual Cervantes: http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/busqueda/resultadosbusqueda.asp?Ver=50&Pagina=1&Titulo=Ciencia%20%20ficci%F3n%20%20en%20%20Latinoam%E9rica&OrdenResultados=2

No hay reseña periodística, ni análisis mas o menos actual del estado del género en Latinoamérica que no presente básicamente dos lados: uno el de la queja y la pena por el poco o nulo apoyo institucional y económico a la producción, y el otro el denodado esfuerzo de los escritores y editores para quienes la ciencia ficción es un arte dentro del arte, una literatura dentro de la literatura, casi una asociación con tintes de defensa deportiva.

En el lado de la queja los actores del panorama de la ciencia ficción reconocen en Internet el soporte «salvador» para la pervivencia y propagación de un modo literario, ya que las características socioeconómicas de una región del mundo castigada se mezclan o son el origen de ciertas reivindicaciones. Al respecto, podemos decir que los grupos de personas que se congregan para producir o discutir sobre el género (congresos, fanzines en papel, asociaciones de cultores o fans) empiezan y culminan sus proyectos en la creación de una página web, que será su medio de comunicación además de su eje vertebrador. Para comprobar esto no hay más que dar una vuelta por Internet, donde se comprobará cómo en Latinoamérica esa Babel digital representa un papel más destacado y protagónico en el muestreo de esta literatura que en otras zonas del planeta donde el apoyo económico puede solventar la edición en papel de, por ejemplo, autores de ficción noveles y ensayistas.

Por otro lado hay que destacar la iniciativa de estos grupos, la creatividad de sus proyectos y la mirada culta sobre un género definitivamente marginal, en cuanto a su difusión y comercialización en América latina. Los casos de Marcelo Cohen en Argentina (El oído absoluto, Donde yo no estaba), del peruano residente en Madrid, Doménico Chiappe (Entrevista a Mailer Daemon) o del chileno Diego Muñoz Valenzuela (Flores para un cyborg) habla a las claras de que existe una calidad  literaria indiscutible que se origina en Latinoamérica y que tiene como aporte decisivo y fundamental un giro hacia una ciencia ficción centrada en el intimismo psicológico, humanizador, un giro que relega el componente tecnológico al sitio de una mera cortina decorativa, a veces ridícula, a veces disparadora de la imagen de un futuro donde se comprueba a las claras que los problemas humanos, universales y atemporales, no los remienda ningún robot o máquina voladora.

Así, entre la angustia y la fe, entre la producción y los obstáculos económicos, un grupo de latinoamericanos sigue inventando una manera propia de ciencia ficción que constituye un corpus que debe ingresar si no al canon, sí al corpus de la literatura, en cuanto dialoga con una tradición y pone en evidencia procesos de apropiación de modelos y estéticas de otras literaturas.


Chile y sus «Años Luz»

Puerto de Escape es una de las más interesantes webs sobre el género en Latinoamérica; de esta misma matriz, en su lado editor, nace «Años Luz. Mapa estelar de la CF en Chile» (2006), la que se conoce como la más representativa antología de narrativa de ciencia ficción chilena de los últimos años.

Marcelo Novoa, además de profesor de semiótica y comunicación, es su director y coordinador, y considera que en las 428 páginas del volumen, en los que caben 36 autores entre vivos y fallecidos de todas las geografías del territorio chileno, se está plasmando el trabajo más exhaustivo hasta el momento. Un estudio preliminar que recolecta y nombra más de 100 novelas de género producidas en el país desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Ariel Dorfman (Konfidenz, Missing, La muerte y la princesa) y Hugo Correa (Los altísimos, Donde acecha la serpiente) son quizás los dos nombres de más eco internacional que recoge Años Luz, pero el libro también ofrece una muestra de un grupo de escritores de muy diferentes edades y ámbitos que hacen gala de su interesante narrativa y que son, entre otros: Elena Aldunate, Jorge Baradit, Sergio Meier. Autores que, afirma Novoa, «contra todo pronóstico, siguen escribiendo y puliendo su estilo, aportando su granito a la consolidación de un género con tantos años luz de retraso».

Por otro lado también cabe mencionar el aporte de la investigadora norteamericana, Andrea Bell, quien publicó en el año 2003 una antología también muy valiosa sobre el género en América latina y España que tituló Cosmos Latinos (2003). El volumen, escrito en inglés y aún no traducido al castellano, recoge la producción de tres autores chilenos (Hugo Correa, Ernesto Silva Román y Pablo Castro) y cuenta con una muy didáctica introducción que toma en consideración el aporte de la literatura brasileña y suma una lista de ensayistas del continente, además de mencionar características de producción en España y Latinoamérica como la inclusión de motivos sociopolíticos (Ver los cuentos recopilados por Guillermo Lavin, sobre el conflicto de la frontera Mexicano-estadounidense en Fronteras de espejos rotos, de 1994), y la utilización de motivos religiosos-cristianos, entre las que menciona a la autora argentina, Angélica Gorodischer, quien hace de este elemento un arma para poner en contradicción los criterios de fe y razón simbolizados en la tecnología.

 

Doménico Chiappe entrevista a Mailer

Uno de los aportes que más se le agradecen a una obra literaria es la de saber encontrar un tratamiento, original y distintivo, a un tema o a un detalle que haya pasado por alto a casi todo el mundo y que sin dudas pueda ser disparador de la imaginación. El nombre de Mailer Daemon, ese punzón que nos hiere cada vez que cometemos algún error en el envío de un correo electrónico, introduce una historia de disparates y futuros hipotéticos, digno de un escritor que hay que tener en cuenta: Doménico Chiappe.

Peruano de nacimiento (Lima, 1970) y venezolano de adopción, escritor y periodista, residente en Madrid desde el 2002, Chiappe es también coordinador del proyecto e- novela colectiva La huella del cosmos y del libro de cuentos Párrafos sueltos (2003), el ensayo El oficio de vender un lenguaje multimedia con muy poco uso (2002) y de la novela Lapas (2000).

Ophra Lereau es una periodista que en el funeral de Marc Ji, el líder que «trajo la paz al mundo», se encuentra con un indigente llamado Mailer Daemon, a quien decide entrevistar. Es el año 47 de la nueva época y el diálogo-entrevista entre los dos personajes y la voz de un narrador omnisciente que desgrana las características de un futuro posible, estructuran la novela.

La historia del fracaso de Mailer Daemon es la historia de la conspiración de Marc Ji y de su tiempo. La empresa de Mailer se dedicaba a devolver al remitente los e-mails que no llegaban a destino, aunque luego inventa un peluquín con caspa, un masajista automático de sienes y diferentes emprendimientos alocados que, por ejemplo, le llevan a ganar un Premio a la Alimentación Ecológica por el descubrimiento del sentido del olfato de las hortalizas, y luego a la fundación Visión Aguda, una organización con la que se asocia al líder Marc Ji en un plan de fascinación por el poder y la vigilancia de toda una sociedad. Millonarios, asesinos, secretarias oscuras y un trasfondo de imágenes con la velocidad del video clip, ponen en cuestión en tono tragicómico los criterios de democracia, futuro y poder, escondidos tras asociaciones en los que las palabras o los nombres (Visión aguda, democracia, paz) son parte de un telón de acero para tapar las más siniestras  de las trastiendas humanas.

Chiappe aporta a la ciencia ficción con esta obra una mirada de estrategia de novela negra, influenciada por aquellas distopías ya clásicas de Un mundo feliz, de Aldous Huxley o de 1984, de George Orwell.

 

Marcelo Cohen, otra vuelta de tuerca

«La ciencia ficción tiene que dejar de ocuparse del espacio exterior y el futuro lejano y ocuparse del futuro cercano y el espacio interior» decía en el comienzo cuando le tocó estar al frente de Línea C, un emprendimiento de Interzona editora para una colección de ciencia ficción. Este es Marcelo Cohen, nacido en Buenos Aires en 1951, quien pasó unos productivos años en Barcelona y es dueño de una de las obras literarias más innovadoras de América latina.

La vuelta de tuerca, ese gesto casi filosófico que existe en la narrativa de Cohen y que soporta la originalidad de su estética, radica en la inversión de los argumentos primeros de lo que llaman los entendidos la ciencia ficción dura, aquella que pone por delante la tecnología por los problemas humanos.

Las criaturas del autor (hombres, mujeres, niños, familias con los clichés propios de la clase media argentina), que hablan con un idioma plagado de neologismos y arcaísmos ensamblados de un modo que hace que las partes encajen casi mágicamente, viven una vida «normal», una «vida siglo XX», pero en medio de unos futuros posibles contaminados de unos paisajes alterados por ciertos toques propios de una ironía parecida a un inteligente humor negro, la complejidad de escenarios avejentados, apocalípticos, con definidos trazos de un pesimismo vital expresado en ambientes de agobio y banalidad, sumada a la presencia casi decorativa de artefactos y adelantos tecnológicos, que no parecen más que —con sus características entre kitsch e inservibles— confundir aún más las problemáticas humanas. Describe con precisión la crítica Patricia Rodón: «En Cohen la presencia del ingrediente tecnológico y científico es mínimo; su ciencia ficción es sociopolítica».

Una de las influencias reconocidas por el autor es la literatura de J. G. Ballard. Según declaraciones de Cohen en el autor de El imperio del sol (1984) ha encontrado «las posibilidades narrativas de los escenarios sincréticos, un modo de ocuparse del paisaje post industrial, que siempre me había obsesionado, y la provocación intelectual».

El más grande aporte que la literatura de Latinoamérica ha hecho a la historia global del género, pertenece a este giro, al realizado por Cohen, al colocar el análisis del carácter humano delante del elemento tecnológico, sólo presentado como soporte y disparador estético.

Buena parte de la mejor producción del autor bonaerense puede leerse en las siguientes obras: El oído absoluto (novela, 1989), El fin de lo mismo (cuentos, 1992), Hombres amables (dos nouvelles, 1998) y Los acuáticos (cuentos, 2000).

 

Revistas en Internet, origen y futuro de los soportes del género

Fue en una revista donde el concepto de ficción se presentó por vez primera y fue Hugo Gernsback quien la acuñó en la portada de la revista Amazing Stories, en el año 1926. Es decir que no sólo el título por el que conocemos hoy al género que tratamos, sino que la influencia y la difusión que con los primeros años del siglo XX supo conseguir fue a través de las revistas, aquellas como All Story (que publicó los primeros cuentos de E. R. Burroughs) o The Magazine of Fantasy & Science Fiction (páginas de los esperadísimos relatos de Isaac Asimov).

El rastreo de la producción de la ciencia ficción en Latinoamérica nos lleva inevitablemente a las revistas (dejando de lado a los rara avis Jorge Luis Borges, Bioy Casares y Leopoldo Lugones en Argentina, quienes publicaban volúmenes de relatos). Dejando de lado los fanzines semiprofesionales, que duraban los pocos números que el grupo de aficionados podía sostener económicamente, en diferentes geografías de Latinoamérica, y que no llegan a este tiempo casi como una leyenda, son dignos de mencionar como medios de referencia los siguientes: en Argentina la revista Más Allá (1953-1957). Donde publicó desde muy temprana edad, quizás el más lúcido analista del género en latinoamericano: Pablo Cappana, autor, entre otros del libro, El sentido de la ciencia ficción (1966). En México —según reseña el ensayista José Luis Ramírez— fueron Emoción (1934),  Los cuentos fantásticos (1948) y Enigmas (1955) las primeras revistas, aunque en las de los ochenta y noventa se afianzó el género con Ciencia y desarrollo (1970), Umbrales (1992) y la edición de Asimov en español (1994).

Pero, como decía una letra de rock, «el futuro llegó hace rato» y ese futuro se llama Internet. Internet y sus foros de discusión, comunidades virtuales, blogs, portales, links, mails, lista de usuarios, buscadores y chats han transformado mediante una tecnología soñada por los fanáticos del género, en género que trasciende las fronteras más que nunca. Aunque desde todos los foros y todas las discusiones, y mucho más acentuadamente en Latinoamérica, se siga juzgando al mercado del libro como indiferente ante la demanda de publicación de muchos nuevos autores, por considerar al género menor o infantil, nadie niega que la llegada de Internet a la vida de la ciencia ficción, le ha dado una trascendencia planetaria.

Recomendamos las revistas Axxón, de Argentina; de México, Ciencia ficción mexicana; Puerto de escape, de Chile; y Velero 25, de Perú.

 

Para un nuevo método de estudio del género en América Latina

«Discurso sobre un nuevo método para el estudio de la ciencia ficción latinoamericana» es el título que Miguel Ángel Fernández da a su interesante y original artículo que incita a volver sobre el género cultivado por Asimov en América latina.

La base de la hipótesis de Fernández está representada en una curiosa comparación: los avances en los análisis y descubrimientos sobre los dinosaurios en el territorio latinoamericano, y en los de Estados Unidos y Europa. Según este juego, el modelo de estudio sobre la ciencia ficción en Latinoamérica no arroja datos valederos, al no existir un verdadero conocimiento del terreno; aún sigue careciendo de un informe válido por desconocimiento e ignora la realidad literaria del subcontinente, igual que en su tiempo no se tenía en cuenta la riqueza arqueológica del mismo territorio.

«Hay que reconocer que la forma en que se ha investigado hasta ahora la ciencia ficción en Latinoamérica no ha sido la más indicada […] Es necesario reconocer una problemática particular de la ciencia ficción de las regiones periféricas, que importa tanto a los propios países de estas regiones, como a los estudios generales de la ciencia ficción», escribe Fernández, que establece una crítica hacia los viejos modelos de abordamiento del género en Latinoamérica en el criterio de una básica inadecuación y de una relectura del concepto de contexto. «Básicamente, los trabajos que han intentado dar a conocer la ciencia ficción latinoamericana han sido cronologías o historias de las contribuciones hechas por el subcontinente a la ciencia ficción universal. Esto resulta tan equivocado como pretender escribir la historia económica de un país a partir de sus relaciones comerciales con otras naciones», concluye.

Desde un rastreo cronológico por la historia amerindia, las leyendas y las supersticiones indígenas, donde se descubre lo que algunos llaman una «proto ciencia ficción», pasando por las obras de Borges, Bioy Casares o Leopoldo Lugones en Argentina (que Fernández califica de «cosmopolitismo exquisito y aristocrático», contraponiéndolos a los relatos viscerales de los aborígenes), y por un siglo XX plagado de una cantidad de revistas y fanzines que llega a contabilizarse por cientos (según estadísticas que aporta el autor), se llega a argumentar la carencia de una exégesis que tenga como primer valor la revalidación de un contexto —«el marco de su propio medio social»—, con el que se dé verdadera cuenta del fundamento y desarrollo de las verdaderas peculiaridades de un género que se ha expandido en todo el mundo donde la tecnología ha puesto sus inspiradoras garras.

Publicado originalmente en Centro Virtual Cervantes: http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/busqueda/resultadosbusqueda.asp?Ver=50&Pagina=1&Titulo=Ciencia%20%20ficci%F3n%20%20en%20%20Latinoam%E9rica&OrdenResultados=2

 

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