Antonio Montero Abt, que tengas buen viaje! (1921 – 2013)

Publicado el 7 de marzo del 2013 | 10

Montero

Por Marcelo Novoa

Estimados amigos lectores
El lunes 4 de Marzo falleció Antonio Montero Abt, el último gran escritor de la época de oro de la Ciencia Ficción chilena. Quien ahora nos vigila desde las estrellas, junto a sus amigos: Hugo Correa y Elena Aldunate.
Portada El Caliz
Invitamos a los autores y lectores para que compartan sus impresiones, lecturas, críticas y elogios sobre este autor, las que iremos subiendo sin falta, para conformar el merecido homenaje de los lectores chilenos a un grande de las letras nacionales.
Saludamos a la familia, esposa e hijos en este momento doloroso y despedimos al autor que nos hizo soñar con otros mundos posibles en medio de este mundo casi invivible.
Gracias, Antonio Montero Abt, que tengas buen viaje!
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Antonio Montero, otro vigilante más en las estrellas

Por Marcelo Novoa *

Algunas breves reflexiones sobre la obra fantástica del escritor y amigo, recientemente fallecido, Antonio Montero Abt (Valdivia, 1921 – Santiago, 2013).

Cuando decidimos inaugurar una nueva colección denominada: Ciudad de los Césares en Puerto de Escape, nos surgió inmediatamente la idea de homenajear a autores ya desaparecidos, incluso, ignorados o más bien, desclasificados de la abundante pero aún oculta vertiente de literatura fantástica que nutre nuestras letras desde hace más de un siglo. Estábamos planeando nuestro asalto al apolillado palacio de la memoria, cuando se produjo la conjunción de astros y la maravilla de las revelaciones. Antonio Montero, antes conocido como Antoine Montagne, prolífico escritor de Ciencia Ficción del más alto vuelo allá por los 70tas (con obras aún perdurables, como son las novelas “Los súperhomos” (1968) y “Acá del tiempo” (1969) y sus relatos “No morir” (1972), además de esporádicas publicaciones en revistas, antologías y sitios internacionales) nos ofreció editar, la que genial y tristemente, sería su obra póstuma: “El cáliz, Thule y los dioses” (Puerto de Escape, 2012). Entonces supe que la suerte estaba echada, y así inauguramos nuestra colección de modo brillante, con el último autor clásico de la ciencia ficción chilena, quien hoy y para siempre ocupará su sitial de honor, siempre vigilante en las estrellas, junto a Hugo Correa y Elena Aldunate, sus amigos y compañeros de ruta estelar.

Mi conocimiento del autor comenzó con sus libros, leídos con asombro y fruición desde los años 80tas de mis mocedades universitarias (pues su prosa cuidada y plástica, sus personajes tienen interior y nervio, sus anécdotas son amenas y poderosas, lo convertían en rara avis fantástica frente a tanta prosa funcionaria de un género aún marginal en nuestro país). Y luego se volvió destino manifiesto, pues mientras sumaba autores para mi antología exhaustiva “Años Luz” (2006) y así pude entrevistarle. Cordial, certero, bonachón e inflexible, la conversación fluía al tiempo que fuimos cultivando una amistad literaria, que se vio interrumpida por la distancia y las ocupaciones, pero nunca truncada en su cariño y hondura.

Hoy que lo despedimos, puedo espigar algunas opiniones sobre su obra, que comparto plenamente. El incansable tallerista y amigo de las letras juveniles, Diego Muñoz, nos alerta que estamos frente a “…un escritor hecho y derecho, pleno de reconocimientos, que abordó la ciencia ficción en una época donde predominaba (no digo que haya desaparecido) el desprecio a la literatura de género, un resultado prejuicioso de la ignorancia que ha afectado a la novela negra, la literatura fantástica y el microcuento, entre otras expresiones literarias más que válidas.”

Luego, Alberto Sepúlveda, en el Sitio de Ciencia Ficción (la más reconocida web española especializada en el género) caracteriza su última obra así: “EL CÁLIZ, THULE Y LOS DIOSES de Antonio Montero, quien con ágil y segura escritura, nos sumerge en una intriga internacional, o más bien, universal por la intervención de seres superiores extraterrenos, al tiempo que nos pasea por el mundo (desde el Desierto del Sinaí a la Bahía de Hudson en el Polo Norte) y, a la vez, por la historia antigua conocida y desconocida. Pues nos remontamos a los orígenes de la Biblia, del judaísmo y de otras remotas religiones antiquísimas, que remiten a la existencia de divinidades tan poderosas como olvidadas, que han decidido actuar en el tiempo presente, modificando para siempre la vida de sus protagonistas: una arqueóloga y un librero de antigüedades, quienes se entregan a la aventura de sus vidas, igual que nosotros los lectores, quienes sucumbimos al poder de atracción de esta novelita breve y feliz que no finaliza sino cuando volteamos la última página…” Y no podríamos estar más de acuerdo, pues Antonio Montero (dentro y fuera de la fantasía) nos lega una obra duradera y una mirada certera sobre la condición humana, siempre a punto del aniquilamiento o la esclavitud.

Por eso, para finalizar este sencillo recuento, dejamos al hombre hablarnos desde su puesto de avanzada en lo innombrable: “Existen leyendas que de pronto, no importa su edad en el tiempo, aparecen claramente frente a nuestras conciencias, a nuestros ojos. Nadie presiente lo que ha de verse o encontrase en ellas. La historia del hombre mezcla el mito con la leyenda, y de esta forma arqueólogos, paleontólogos e historiadores ocupan sus métodos particulares a fin de que la leyenda pueda entregarles quizás alguna verdad. Entrego pues mi novela, a fin de que lectores más avispados logren lo que yo no logré.” Y ya no hay dudas, querido autor, el paso definitivo fue dado y a nosotros sólo nos resta seguirle, agradecidos y honrados de su amistad.

 Concón, Marzo, 2013

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Antonio Montero

Por Moisés Hasson

Caí en la ciencia-ficción de forma semejante a muchos. Como lector voraz leía de casi todo hasta que una lectura me mostró un género, y este género me atrapó. Igual aconteció a Themos Lobos y de allí tenemos a Mampato y Xse y Ogú y Rena. Igual tenemos a Antonio Montero que con Más Allá descubrió algo…y se embarcó. Tanto se embarcó que llegó a ser considerado por algunos como el segundo escritor, bajo Hugo Correa, en una especie de “edad de oro” de la CF local, con dos novelas y una colección de cuentos como para hacer soñar en una carrera.

Pero no. Lo que Montero hacia es escribir, pero no lo encontraba demasiado valioso. Llegó a señalar que la CF era un “género menor”. Eso y el frustrante ambiente cultural de los setenta lo llevo a no perseverar en esto. Una pena. Porque sus trabajos valen la pena. Se leen muy bien, incluso hoy día. La verdad es que también Hugo Correa abandonó sus trabajos en el género, aunque siempre fue un “creyente” y amante de ella, y sus últimas obras poseen ligeros toques fantásticos o más bien realista-fantásticos.

Sin embargo, Antonio Montero tiene un atributo que es poco citado, y que queremos destacar. Fue el editor de la única revista de literatura de ciencia-ficción hecha en Chile. Se llamó Espacio-Tiempo y publicó solo dos números alrededor de 1965. Pero muestran un interés que, de haber cuajado, pudo ser la semilla de algo. En este mismo sitio ya publicamos una nota al respecto y nos remitimos a ella para los interesados.

 

Antonio Montero/Antoine Montagne ya nos dejó su huella y su legado. A los que seguimos corresponde ahora continuar por esos caminos que sus pasos, juntos a los de otros pioneros, nos señalan. Saludos y que esos caminos a través del Espacio y el Tiempo te lleven a la permanencia en el recuerdo de aquellos llamados a continuar la senda.

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Antonio Montero y su novela “Los Superhomos”

Por Omar Ernesto Vega (2013)

 

Dos veces tuve la oportunidad de hablar con Antonio Montero Abt (1921-2013). La primera fue en 2004 durante el lanzamiento en FILSA de la Colección 80 Mundos de RIL editores. En aquella oportunidad, uno de los presentadores fue el escritor Diego Muñoz Valenzuela (quién tuvo la gentileza de invitarme al evento), autor de un clásico de la CF reciente, Flores para un Cyborg (1997), el cual formaba parte de aquella colección. En la audiencia estaba su amigo Antonio Montero, quien a pesar de sus 83 años se veía saludable y juvenil. Vestía de camisa a cuadros azules y jeans, con el aplomo de ingeniero sagaz, con mente curiosa y brillante, y que irradiaba alegría de vivir. Conversé con él sobre la recuperación de la historia de la ciencia ficción nacional, tema que despertó su interés.

Montero nació en Valdivia y fue Ingeniero Civil de la Universidad Católica, pero su verdadera pasión fue la literatura. Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile y defensor de los derechos humanos, saltó a la fama en 1963 con su novela Los Superhomos, que le ganó un lugar entre los mejores autores de la literatura de ciencia ficción nacional del siglo XX, junto a Hugo Correa y Elena Aldunate.

Ocho años después le vi nuevamente. Fue durante el lanzamiento de su libro El Cáliz, Thule y los Dioses (2012) por Editorial Puerto de Escape, libro que ha tenido un escaso impacto mediático, pero que tiene una calidez y calidad literaria a la altura de la mejor literatura fantástica contemporánea. Aquel fue un evento alegre, donde Montero demostró su lucidez en su discurso de presentación. Le acompañaron al evento sus familiares y sus amigos literatos de toda una vida, compañeros de su generación de escritores. Se notó la ausencia del fandom local contemporáneo, tan asiduo a los eventos menores y a la autorreferencia, pero a la vez tan reticente a celebrar las figuras consagradas de ayer.

Durante el coctel Montero se mantuvo silencioso y apartado del resto, detalle que llamó mi atención. Se le veía enfermo y resignado, quizás presintiendo el inevitable transito a otras dimensiones, que es el inescapable destino de todo ser humano. Parecía como si la sombra de la muerte se insinuara tras los cristales de esa sala en Providencia, en aquella lluviosa noche de invierno.

Ese fue su último libro, que con gran esfuerzo personal llevó al mercado. Sería su testamento literario, y quizás en eso precisamente pensaba tan concentrado, y tan sólo. Curiosamente, entre otros temas, su última novela habla sobre las librerías de viejo y los tesoros escondidos entre volúmenes cubiertos de polvo que tienen encriptadas las llaves para acceder a los secretos de la Atlántida, el Santo Grial, y misterios aún más elusivos. Sé del tema, y del placer especial que hay en coleccionar perlas literarias del pasado. Y a propósito, entre esas joyas hay novelas del propio Antonio Montero, una de las cuales llegó a mí poder de manera sorpresiva.

Tiempo después de aquel lanzamiento, mi amigo Sergio Amira me envió una encomienda desde la 5ta región  que traía como regalo un ejemplar de la edición de 1963 de Los Superhomos, de Antonio Montero, un libro para coleccionistas muy estimado y difícil de conseguir, si no es en aquellas librerías de viejo que ya mencioné, donde a veces te cobran una fortuna por un ejemplar raro. Es un regalo que aprecio mucho, y que ya lo tenía en mi lista de lecturas pendientes cuando me enteré que Montero nos había dejado, que partió de este mundo. Con remordimientos de no haberlo leído antes, comencé al fin a disfrutar de su novela, y comprendí entonces por qué se convirtió en un hito de la ciencia ficción chilena.

Montero publicó su novela bajo el pseudónimo literario de Antoine Montaigne, que es la traducción de su nombre al francés. Y en la misma novela, el escenario principal es París y el mundo desarrollado, si bien esta vez golpeado por la desgracia. Además, no hay un solo protagonista chileno en la obra, que tiene un carácter global y universal, más que nacional; todo lo opuesto a la moda costumbrista de la época en que fue impreso.  En eso Montero se adelanta a la sociedad global en que vivimos hoy día, e incluso sus predicciones sobre la población del mundo a principios del siglo XXI son sorprendentemente certeras.

Los Superhomos trata sobre la supervivencia humana después de una guerra nuclear que acaba con gran parte de la población del planeta. Este era un tema recurrente en aquellos años, cuando el mundo pensaba estar viviendo los últimos tiempos antes del armagedón atómico. Como consecuencia de la polución radioactiva, el impacto en la salud de los supervivientes fue nefasto, con mucha gente sufriendo enfermedades degenerativas. Sin embargo, de entre los miles de afectados, surge un puñado de hombres mutantes con inteligencias muy superiores al resto, con habilidades telepáticas y la capacidad creativa para adelantar miles de años a la humanidad.

Al leer esto, no pude evitar recordar las aventuras de Mampato y Rena en el en el siglo XL, de Themo Lobos, que aparecieron en la clásica revista Mampato. La influencia me pareció evidente, sólo que Los Superhomos fue impreso casi una década antes que aquellas caricaturas. Me pregunté si hubo relación entre ambas. Por desgracia, ambos autores ya nos dejaron, por lo que sólo queda especular. Por otra parte, Los Superhomos fue un libro muy vendido, un verdadero best seller de su época, por lo que no podemos descartar su influencia en la aventura al futuro de Mampato.

Una tema inquietante que trae la novela es la idea del superhumano, un ser tan inteligente que es capaz de construir una tecnología avanzada que somos incapaces de comprender, incluyendo naves que quiebran las limitaciones físicas de las distancias, y que tienen el potencial de conquistar el universo, y esclavizar a los alienígenas de mundos innumerables. Aquí Montero juega de forma anticipada con la idea de la Singularidad, un concepto introducido treinta años después en la especulación científica y la ciencia ficción por el escritor norteamericano Vernor Vinge, quién afirmó que el superhombre sería una inteligencia artificial, y que cuando apareciera dejaría atrás en el polvo a la raza humana. Es notable que Montero fuera capaz de adelantarse de tal manera a la literatura fantástica internacional, y sólo eso bastaría para recordarle.

Para mi, el concepto más notable de su novela son sus especulaciones sobre que pasaría si una nave superase la velocidad de la luz, tal como lo hace un jet cuando quiebra la barrera del sonido. La explicación de Montero es simple: la nave sale de este universo y entra en otra dimensión. Tal idea me sobrecoge, pues es acorde a lo que hoy se conoce de física, y ya ha pasado medio siglo de la publicación de su libro.

Falleció Antonio Montero, uno de los más grandes valores de la literatura fantástica que ha dado este país al mundo, y con él se nos fue el último valor de la Edad de Oro de la ciencia ficción chilena. Pero este fue sólo el primer paso hacia la inmortalidad, que nuestro autor alcanzó en las letras chilenas.

 

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Antonio Montero y la novela fantástica

Por Diego Muñoz Valenzuela

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10 respuestas a “Antonio Montero Abt, que tengas buen viaje! (1921 – 2013)”
  1. Christian Leiva-Ceballos dice:

    Lástima no haberlo conocido antes!
    Bueno, un gran abrazo para tí, Marcelo, y a vivir y ser fecundos, que Antonio Montero sólo se nos adelantó.

    Viva la vida, salud y amistad.

    Christian Leiva-Ceballos
    Autor de «El Tarot de la Locura» (PdE 2011)

  2. Reynaldo Lacamara dice:

    Estimado Marcelo:

    El lunes por la noche falleció nuestro querido amigo y miembro de la Sech, el escritor Antonio Montero, víctima del cáncer.

    El velorio se realizó en la Sech y su funeral se efectúo en el Parque del Recuerdo.

    Realizaremos una semblanza y reseña acerca de Antonio y su obra para publicarla en la página web de la Sociedad de Escritores.

    Desde ya muchas gracias a todos Uds.

    Saludos

    Reynaldo Lacamara
    Expresidente Sech Chile.

  3. Adolfo Vasquez Rocca dice:

    Estimado Marcelo y Amigos de Puerto de Escape

    Agradezco que me compartan tan importante -como penoso- acontecimiento.

    Hay que rendir homenaje a los proceres del género.

    Atte.

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca
    Eastern Mediterranean University – Academia.edu

  4. Karina García dice:

    Marcelo: qué lamentable.
    Lleva nuestro respeto a la familia.
    Abrazos
    Karina

    Centro de Investigaciones Poéticas Grupo Casa Azul
    Revista Digital Botella del Náufrago del Grupo Casa azul
    http://www.grupocasaazul.blogspot.com
    http://revistabotelladelnaufrago.blogspot.com

  5. Gabriel dice:

    Caminando por la calle Uruguay, en Valparaíso, ahí donde las joyas están en el suelo junto a chucherías y artículos eléctricos encontré en la misma caja que he encontrado 3 ejemplares de la «Luna para el que la trabaja», me ‘hice’ de «Acá del tiempo» (por la módica suma de 300 pesos)… Debo reconocer que me fijé en el título que me pareció bueno y en la portada que definitivamente es atrayente, pero Antoine Montagne (seudónimo de Antonio Montero) me sonaba… pero muy poco, y esa noche leyendo unos artículos de Moisés Hasson me cayó la teja.

    Era uno de esos capos.

    Al día siguiente -y los 2 días venideros- fui atrapado por su apabullante y envolvente escritura. Lenguaje sofisticado, ciencia dura, y sobretodo una gran conciencia de lo humano, le dieron a esta obra un lugar privilegiado en mis gustos.

    Atte. Gabriel Ribet

  6. Andrea Bell dice:

    Amigo Marcelo,
    Te quería mandar este enlace a la entrada sobre Chile que acabo de escribir para la 3a edición de la Encyclopedia of Science Fiction: http://www.sf-encyclopedia.com/entry/chile.

    También hice las entradas sobre Correa y Aldunate y espero escribir algo sobre Montero…

    Bueno, me despido por el momento con un fuerte abrazo desde la Siberia que es Minnesota en invierno,

    Andrea


    Andrea Bell, Ph.D.
    Professor of Spanish & Latin American Studies
    Hamline University, Box 251
    1536 Hewitt Avenue
    St. Paul MN 55104
    (651) 523-2198

  7. Andrea Bell dice:

    Qué penosa noticia, una que marca el final de una gran etapa en la ciencia ficción chilena. Seguro que sus aportes a la literatura fantástica perdurarán y es de esperarse que futuras generaciones quedarán maravilladas ante el genio e imaginación de Antonio Montero.

    Andrea Bell
    Hamline University
    Minnesota, EEUU

  8. Ximeno Jiménez Abt dice:

    Solo un grato recuerdo para mi tío Tuco , hijo de una hermosa francesa , Clotilde Abt Torre , de quien heredó su elegancia y apostura.
    Recuerdo cuando nos contó su emoción al caminar por primera vez en Paris , con los bolsillos con castañas calientitas y su mirada del Sena y Notre Dame desde el Pont Neuf.
    Gracias Antonio…Antoine…Tuco.

  9. Ximeno Jiménez Abt dice:

    Joven Ingeniero…en su primera vez en Paris.

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