Memorial Ray Bradbury (1920 – 2012)

Publicado el 6 de junio del 2012 | 3
Amig@s y Lectores Fantásticos:
Destacados autores, críticos, editores y lectores se turnan para recordar, agradecer, lamentar y glorificar a quien fue, quizás, el último clásico de la Ciencia Ficción mundial.
Ray Bradbury falleció el martes 5 de Junio a la edad de 91 años, en su casa de California.
¡GRACIAS, RAY BRADBURY!
Por Marcelo Novoa

A Bradbury le debo mi confeso amor por el futuro, desde siempre. Desde un cuento leído y luego olvidado, que plagié sin descaro para un concurso estudiantil, hasta la colección completa de sus cuentos en Minotauro -la mayoría perfectos, poéticos, rebeldes y desencantados- que demoré años en completar y que atesoro hasta hoy. O esas Crónicas Marcianas firmadas por el mismisímo autor, que me trajo Luis Andrés Figueroa, una vez que le entrevistó en su baja California. Allí mi alegría de niño que se niega a desaparecer no tuvo fin.
Junto con Verne, Bradbury es quien más ayudó para que grandes masas lectoras, incluidas dueñas de casa, aburridos oficinistas e inquietos niños precoces, atisbaran el porvenir por esa puerta entornada que resultaron ser sus narraciones más célebres: Las doradas manzanas del sol, Remedio para melancólicos, El hombre ilustrado, Farenheit 451, País de Octubre, El vino del estío, mis favoritos, entre cuatrocientos cuentos y medio centenar de novelas, que le avalan como un prolífico contador de sueños eternos al calor de la fogata, la noche después del inevitable Desastre Global.
A diferencia de sus contemporáneos cienciaficcionistas, como Asimov, Clarke o Heinlein, nunca desdeñó la poesía por sobre el dato duro. Sus cohetes eran plateados para que surcaran un cielo de verano, brillando sólo para ese niño tendido de espaldas en la pradera, mordisqueando un dulce tallo de hierba. Y eso se lo agradecen los lectores más diversos, como prologó Borges o citó Teillier, fue un prosista impecable y un visionario esteta. Pero no se crean que era ingenuo, pues su odio inveterado al progreso confortable, su sospecha de la idiotez reinante de nuestras autoridades, y su constante pero benévolo escepticismo sobre nuestra inteligencia al servicio de las causas justas, le volvieron un Mark Twain futurista, sí, pero también un poeta alucinado al estilo de Blake o Coleridge.
Hoy que nos acompaña desde las estrellas, con su melena alba y sus gruesos lentes, me lo imagino cordial y socarrón, recibiendo el saludo de otros adelantados, e incluso, porque la memoria se fusiona con el deseo, lo veo recibiendo parabienes y bienvenidas de nuestros amigos, Hugo Correa y Sergio Meier, quienes sólo murmuran, gracias. Y ésa, creo, será la sensación en casi todas las mentes de los lectores al saber la noticia de su deceso. Gracias.
¡Gracias, Ray Bradbury! Pues esos hombres-libro que Ud. soñó, seguirán leyéndole para siempre…
ENCUENTRO NOCTURNO

Por Marcela Küpfer (periodista, editora, escritora policial)
Hay una generación que conoció a Bradbury de forma casi anodina: en un libro de colegio. Olvidé casi todos los Santillanas que pasaron por mis manos durante mis años de enseñanza básica, pero el libro de Castellano de Quinto quedó registrado en mi memoria. Ahí leí por primera vez a Bradbury. En la página par, «Las Langostas»; en la impar, «Encuentro nocturno». Recuerdo los dibujos de líneas simples, impresos a un color y sin mayores recursos gráficos, que invitaban a sumergirse en la lectura. Tenía por entonces nueve años y por primera vez leía ciencia ficción. Sentí tal fascinación por los relatos de Bradbury que los leí hasta aprenderme párrafos completos de memoria. En mi casa no había libros de ese escritor y sólo pude encontrar, en un viejo texto de inglés, una versión en idioma original de «El picnic de un millón de años», que me empeñé mañosamente en traducir con ayuda de un gigantesco diccionario.
Recién un par de años después pude comprar mi primer «Crónicas marcianas». Aún conservo aquel ejemplar, una edición de tapa celeste con ilustraciones de la arquitectura marciana, cuyas hojas amarillentas arden lenta y irrefrenablemente con el paso del tiempo. Luego vinieron el descubrimiento de «Farenheit 451» y «El hombre ilustrado», y el desarrollo de aquella amistad secreta con Bradbury -en los ’80 no conocí a nadie que leyera ciencia ficción- hasta que entré a la universidad y encontré a otros como yo, colonizados por el influjo marciano.
El ’92, mi primer año de Periodismo, lo pasé leyendo viejas ediciones de Minotauro que hallábamos en la precaria biblioteca de la Upla: «El árbol de las brujas», «Las doradas manzanas del sol», «El país de octubre». Y una vieja fotocopia de «El dragón» que un compañero había conservado de sus tiempos escolars. Discutíamos sobre si «Eran morenos y de ojos dorados» debía estar incluido en «Crónicas Marcianas» y no en «Remedio para melancólicos»; comparábamos a Bradbury con Asimov (por esos mismos años leímos completa la saga «Fundación»); nos estremecíamos comentando «La jarra»; y competíamos por encontrar, en librerías de usados, nuevos y desconocidos títulos del escritor.
Pasaron los años pero no la obsesión. La noche del martes pasado, regresábamos con mi pareja a casa y pasamos a visitar a nuestro amigo librero Carlos Meneses, en la calle Cumming. Conversamos sobre algunos libros y le preguntamos por un título de Bradbury que habíamos visto sobre el mesón días atras. Era un libro aún desconocido para mí, «El signo del gato», con una colorinche ilustración en la portada.
Al día siguiente me enteré de la muerte de Bradbury y pensé en lo siniestra que es la vida. Contacté a mis compañeros de generación y todos compartimos la misma profunda tristeza, como si se nos hubiese muerto un viejo amigo. Esa misma mañana volví al inicio y releí «Las langostas» y «Encuentro nocturno». Y juro que volví a sentir las doradas arenas marcianas moviéndose entre mis pies.
PARTIDA DE RAY BRADBURY
Por Diego Muñoz Valenzuela

Debo haber tenido doce años cuando leí mi primer libro de Ray Bradbury: Las doradas manzanas del sol,un volumen de cuentos inolvidable que me impresionó vivamente.  Todavía recuerdo algunas de sus historias, por ejemplo aquella en que unos astronautas pierden su nave espacial y salen eyectados al espacio, donde los espera la muerte, y adivinan que al penetrar la atmósfera del planeta que los atrae irremisiblemente, alguien los verá y los confundirá con estrellas fugaces. La visión poética y existencial de un hecho terrible.

Otra historia –La Pradera–  narra cómo unos chicos se fanatizan con un equipo de televisióntridimensional –anticipo de la realidad virtual- que los transporta a lasabana africana, donde se dedican a contemplar leones. Ante la preocupación desus padres por esta afición enfermiza y creciente, el relato nos conduce a undestino sorprendente, donde realidad, horror y fantasía se entrecruzan.

Y no puedo dejar de mencionaraquella historia que me dejó una impronta imborrable: El ruido de un trueno,acaso el más genial relato de ciencia ficción que he leído hasta el momento presente. Un viaje muy atrás en el tiempo para que alguien con el dinerosuficiente se conceda el gusto de cazar un Tiranosaurio Rex. ¿Una crítica alconsumismo irracional? ¿Al ilimitado poder del dinero en nuestra sociedad? ¿Unaaguda reflexión sobre la pretendida linealidad secuencial del tiempo? ¿O sobrela posibilidad de que existan infinitos mundos paralelos que expresan variadasopciones de pasados/futuros alternativos?  Habría que responder: TODAS LAS ANTERIORES. El final del relato sugiere la aterradora posibilidad de que eldestino de la humanidad sea cambiado por un mínimo hecho –una mariposa aplastada por la bota del cazador- que la precipita hacia una dictadura fascista.

Luego –inevitablementeseducido por la potente pluma del narrador- vinieron muchas otras lecturas. Por ejemplo, la magia de El Hombre Ilustrado, una imagen que me persiguedesde siempre. ¿Cómo desprenderse de la descripción de un hombre tatuadocompletamente con figuras que durante la noche adquieren vida para contarhistorias maravillosas, como digno émulo de las Mil y Una Noches?

Crónicas Marcianas,mixtura de novela y relatos, un libro que atesoro y vuelvo a comprar cadacierto tiempo, porque es prestado y no retorna (entiendo el afán por apoderarsede esa maravilla, aunque sea yo quien pague las consecuencias). A muy poco andar en la lectura me di cuenta que era un libro que hablaba sobre nuestra sociedad y no sobre el auge y caída de una civilización en el lejano planetarojo. Este fue el libro que trajo el primer éxito de ventas y lo consagró comoautor.

Fahrenheit 451 es unaespléndida novela anti-utópica que debiera ponerse al lado de obras maestras como 1984 de Orwell y Un Mundo Feliz de Huxley. En ella describe un mundo donde los libros se encuentran prohibidos y los bomberos son los encargados de encontrarlos y destruirlos quemándolos. El papel arde a la temperatura de 451 grados Fahrenheit, de ahí el título de la novela. Una historia inquietante que cobra más sentido en un mundo donde la lectura literaria declina continuamente y muestra una inquietante tendencia a la deshumanización progresiva.

Más allá de su posición como maestro de la ciencia ficción –desde cuya comunidad de lectores fanatizados fue criticado por “impuro”- Bradbury es, para mí sin duda, un gran heredero de Edgar Allan Poe –un referente frecuente en sus historias- y en definitiva, un auténtico clásico, aunque pasará tiempo antesque esto se reconozca así. . No cultivó sólo la ciencia ficción, sino que más bien el entorno mayor de la narrativa fantástica, así como también incursionó en el género negro, el gótico y otras áreas menos “vistosas” de su amplia producción, que integran una treintena de novelas y cerca de un millar de relatos.

No deja de llamar la atención su postura retrógrada, no solo en el ámbito político (contradicha, como suele ocurrir, por sus propias obras), sino que también en el terreno tecnológico. Detestaba los computadores y no cambiaba para nada su máquina de escribir. Abominaba de toda clase de máquinas y propugnaba la liberación de ellas, amaba los libros, las bibliotecas y desconfiaba de la televisión,  jamás aprendió a conducir un automóvil, y execraba Internet.

Ray Bradbury demoró en ser aceptado por el canon literario, aunque nunca lo fue de manera unánime. Declaraba su expresa intención de entretener, lo que le valía la crítica acerba de sus intelectualizados detractores. También era criticado por los fanáticos de la ciencia ficción, que no perdonaban sus devaneos “literarios”por sobre los científicos, sus incursiones en otros géneros, su noviazgo permanente con la poesía.

Aún así, por la calidad y riquezade su obra, Ray Bradbury ingresó a la eternidad de la literatura, una quimera a la cual prefiero adherir, ingenuamente quizás, pero con la convicción de que siempre habrá alguien que lea una de sus historias para convertirlo en inmortal.

dmunoz@surlatina.cl

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Casilla 3570,Centro de Casillas, Santiago, Chile

Y vendrán lluvias intensas

Por Christian Leiva-Ceballos

La noche del sábado 16, bajo la fría lluvia de junio, caminaba por la Avenida Alemania, sintiendo las plateadas gotas de agua bañar mi rostro, contemplando el universo de luces reflejadas en el pavimento mojado.

La lluvia intensa había ahuyentado a todo ser humano, la Avenida Alemania estaba desierta, sólo mi presencia irrumpía en la soledad de la lluvia sobre la ciudad. Por ello mi desconcierto fue mayúsculo cuando desde una curva apareció el  vehículo más extraño que hubiera visto en la vida; sus velas plateadas se abrían paso infladas por la lluvia, silenciosamente avanzaba sin tocar el suelo, en dirección contraria a la mía. Mi encuentro con aquella nave misteriosa era inevitable.

Sobre la cubierta, un anciano parecía comandarla, aún cuando nada había que pudiera confirmar esta idea.

La nave iridiscente, se detuvo justo frente a mí.

-Hola- dijo el anciano limpiando sus lentes de las gotas de lluvia- Me dirijo hacia el cerro Maruzal, ¿me falta mucho para llegar?

-No conozco ese cerro- le contesté, agregando que aquello era bastante extraño porque yo conocía bastante bien todos los cerros de Valparaíso.

-¿Valparaíso?- preguntó él- Hace tiempo que ya nadie llama así al Astropuerto.

-¿Astropuerto?-dije yo- ¿Qué es eso?

-Es la ciudad en la que nos encontramos- me dijo él con extrañeza.

-No señor, ésta es la ciudad de Valparaíso- dije yo, pensando a esa altura, que al anciano le fallaba un tornillo: ¿Cerro Maruzal? ¿Astropuerto?¿con que clase de lunático me encontraba conversando?

-Bueno -dijo con calma, rascándose la cabeza mojada- He leído en los viejos libros de cobre, que en la antigüedad esta ciudad era llamada así, Valparaíso. Extraño nombre si me permites decirlo.

-Estamos en Valparaíso -grité ante la porfía del anciano- voy camino a mi casa en el cerro Yungay.

-Yo -dijo el anciano un poco estremecido- estoy en Astropuerto y me dirijo al cerro Maruzal, a casa de unos amigos que tienen preparada una despedida. Mañana embarco en uno de esos cohetes, rumbo a Marte.

“Este anciano esta chiflado”, pensé mirando hacia el plan, donde el viejo indicaba que se encontrarían unos cohetes, solo se veían las brillantes torres, que se construyeron cuando Valparaíso fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

-Esos no son cohetes- le dije esperando darle el golpe de gracia- Son edificios de viviendas y claro, se divisan desde aquí porque fueron construidos fuera de toda proporción.

-Imposible -dijo él- los edificios que tú mencionas fueron demolidos en el año 2020, cuando los habitantes se dieron cuenta que aquellas moles, les tapaban el sol y les impedían ver el mar. Lo que vemos son los plateados cohetes que zarpan desde Astropuerto a todos los confines del Universo.

Un frio glacial recorrió mi espalda, la lluvia cayó con mas bríos, se me vino a la memoria un cuento de Ray Bradbury, un marciano y un terrícola se encontraban en una carretera perdida, recordé vagamente el email que me envió Marcelo Novoa, vía a través de la cual me entere de la muerte del viejo Ray, y una extraña comprensión vino a mis sentidos.

Bueno -dijo el anciano limpiando una vez más sus gafas- debo irme, la lluvia enmohece las velas de plata y mis amigos me esperan.

-Adiós, Ray -le dije en un abrazo- que tengas buen viaje.

La lluvia torrencial cayó de tal modo que me impedía ver más allá de mi nariz. Cuando por fin escampó, la Avenida Alemania estaba nuevamente desierta. Subí las solapas de mi abrigo y caminé con paso rápido hasta mi casa. ¿Quién sabe? Para el 2020 no falta mucho.

 

3 respuestas a “Memorial Ray Bradbury (1920 – 2012)”
  1. Adolfo Vásquez Rocca dice:

    Gracias Marcelo por la atención de tan interesante envío en torno a Bradbury

    Saludos

    Adolfo Vásquez Rocca PH.D.

    PD. … no habra mas doradas manzanas del Sol. (Bello)

  2. IN MEMORIAM: gracias Marcelo. Ray Bradbury ahora recorre las mismas estrellas con las que creó y soñó. Excelente tributo.

  3. Cristian Barrera dice:

    El siguiente es un poema escrito a la memoria del maestro, fue publicado por El Mercurio de Valpo. el lunes 11 de junio:

    Ante la cama de Ray
    Apareció el bombero
    Con sonrisa mecánica
    encendió un volumen
    lo miró incinerarse
    contando hasta cero

    Ray sonrió ante tal acertijo
    «El verano del cohete»
    Musitó definitivo

    Montag cerró
    sus labios ficticios
    derramó una lágrima
    por sus hermanos en Marte
    y se llevó consigo
    el último aliento de su padre

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