Una novela épica-fantástica: La Lanza Rota de Alberto Rojas

Publicado el 30 de enero del 2011 | 1

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Por Natali Guerra Steffens

Alberto Rojas forma parte neural de los escritos chilenos referentes a la literatura de género fantástico, en donde el patrimonio nacional y la divulgación fantástica-mitológica se van plasmando como aceptabilidad del mundo ficcionado[1]. La gran mayoría de la producción literaria del escritor santiaguino expone ciertas marcas funcionales en que se mezcla la fantasía épica del mundo imaginario con los ejes aventureros y juveniles que se van desentramando en el contexto del misterio y el peligro. Asimismo, es conocida la incesante marca literaria de Rojas, la cual se subsume en la fascinación por resaltar la magia y las batallas heroicas que se desprenden de la creatividad e ingenio de una mente que hace uso de la ciencia ficción para representar la búsqueda de un objeto ancestral de poder. Esta percepción de representar un mundo fantástico ha inaugurado la fijación de escritores, como Jorge Baradit, Francisca Solar, e incluso, el propio Alberto Rojas, en basar sus escritos en temas relativos a la literatura de género. Bajo esta postura es necesario precisar el concepto de literatura fantástica heroica, la cual tiene sus orígenes en la literatura épica de la antigüedad junto a las leyendas mitológicas y los cuentos fantásticos del siglo XIX. Una de las características principales que exterioriza este tipo de literatura es la representación del protagonista como un héroe que debe enfrentarse a las fuerzas del mal, encarnada, principalmente, por magos y monstruos que están insertos en un mundo de hechiceros y brujos, en donde la trama central  del relato está ligada a las batallas legendarias. De esta manera, se va insertando dentro de la literatura chilena un nuevo género que retoma la noción cientificista de la literatura mundial. Es decir, la literatura chilena simboliza la identidad cultural de una comunidad establecida como también las implicancias que ésta representa dentro de las políticas de mercado en que se va desplazando la producción literaria, siendo de suma importancia los horizontes culturales que median su comprensión y su manera de construir identidades en los imaginarios de la sociedad nacional, pues será  esta construcción la que permitirá el cruce entre la literatura latinoamericana con la literatura mundial. Esta idea queda respaldada bajo la mirada de Castellón y Araos en su texto Grados de identidad cultural: una reflexión desde la prensa escrita en donde estos autores exponen el concepto de identidad desde una perspectiva comparativa entre la práctica social nacional con una práctica ajena que no es parte de nosotros,  logrando, de esta manera, la transformación de la sociedad nacional al incorporan elementos universales que dan como resultado una nueva práctica social.

La Lanza Rota, incluye dentro del relato rasgos característicos de la cultura chilena dando origen a la identidad legítima y afirmativa de la libertad de creación y la ruptura de las formas fijas que dan origen a la crítica radical. Frente a esto, estoy de acuerdo debido a que la antropofagia enfrenta los contrastes y los sutiles grises entre civilización y barbarie, o mejor dicho, entre las costumbres europeas y latinoamericanas para llegar a la conclusión donde cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a sus costumbres. Es decir, la literatura fantástica chilena de Alberto Rojas se mezcla con el itinerario de autores como Fritz Leiber con su famosa saga Fahrd y el Ratonero Gris, además de la inclusión de rasgos característicos de la película Blade Runner de Philip K. Dick, dando claras muestras de cómo se va plasmando dentro de su escrito una especie de antroposemiosis de multivocalidad que en palabras de Pierre Lévy sería una presencia de hipertexto en donde el origen de la temática tratada dentro de una creación literaria, en este caso la historia mítica-fantástica de Kalomar, da como resultado el reconocimiento de una estructura recursiva de significación, en donde los signos se remiten unos a otros, logrando el rompimiento lineal del diálogo.

Bajo esta mirada no lineal de representar el relato es que surge la necesidad de abordar cómo la literatura de masas, desde una postura del neoliberalismo, instala la primera problemática literaria enfocada en la finalización del canon literario. Es decir, debemos fijar la vista en cómo los nuevos temas tratados en el arte literario van conformando nuevas formas de representar el mundo, llevando la literatura chilena a un nuevo escenario, en donde ya no será la dictadura ni el liberalismos los focos centrales de la creación y masificación de los escritos, sino será la movilidad de las editoriales internacionales junto a la aprobación y el respaldo que estas editoriales proporcionan a la literatura de masas, pues ya no se centrara en las obras que forman parte de lo canónico, sino se verá la utilidad y el funcionamiento de la obra en los mercados mundiales. Es decir, ni la crítica literaria ni la academia pusieron filtros para determinar cuáles son obras de calidad literaria, sino más bien se centraron en cuáles son las obras que gustan más al público lector-consumidor para producir una cantidad mayor que supla la necesidad consumista de las personas. De esta manera cabe preguntarse ¿Por qué se genera el cambio de paradigma? ¿Cómo y por qué la literatura chilena pertenece a la literatura de masas? ¿Por qué a partir de los años noventa tenemos una literatura nacional que es Latinoamericana?

Desde estas interrogantes de fecundación e inclusión de nuevas corrientes literarias es que surge la necesidad de determinar cómo los mecanismos de las políticas culturales inciden en la articulación de la antropofagia cultural. De esta manera, es preciso mencionar al acceso como primer mecanismos de las políticas culturales. Es decir, significa la capacidad de infraestructuras que va permitiendo la generación de la libre transacción o el libre paso de los bienes culturales. Un claro ejemplo es el que se da en el tratamiento de La Lanza Rota, en donde el autor mezcla los mitos culturales desde una perspectiva nacional, al igual como lo hace el mito de la muerte de Orfeo, en donde Julio Cortázar da vida a Las Ménades. El acceso desde el punto de vista público permite el alejamiento del escritor de un individualismo negativo que no permite la intertextualidad transportable hacia una nueva manera de concebir la realidad concretizada como fuente laboral, en donde los gestores culturales siempre castigarán la mano talentosa del artista literario. Tras la modernidad gestada durante los años noventa, el acceso ya no estará conformado por un grupo selecto de sujetos que lo lideran, sino más bien, quedará bajo el anhelo de convertirlo en algo público, dejando de lado la visión elitista que los chilenos tenemos de nuestras propias creaciones literarias, pues al transcurso del tiempo solo quedará la destrucción de la identidad nacional, muchas veces mezcladas y difíciles de detectar en el contexto de la literatura de masas. Otro ejemplo que da muestra de este mecanismo es el que se gesta en función de la movilidad de Rojas, pues este autor siendo periodista y magíster en ciencias políticas genera un acto dubitativo, ya que el imaginario creativo del autor es incentivado por su círculo más cercano, siendo su esposa quien incita al autor a presentar sus cuentos de literatura fantástica en el concurso Marcela Paz de 1995, obteniendo el primer lugar en la categoría juvenil infantil. Vale decir, tras la presentación de los cuentos en el concurso, se fue creando un imaginario de las más grandes e interesantes historias de Kalomar, en donde  Shara, Hija de uno de los más fieles consejeros del duque de Antilón forma parte de las fuerzas del bien que lucha contra los brujos y hechiceros junto al pirata Ákeron, quien desde su Intrépido construye un escudo de poderes  que tratarán de vencer con la mística Lanza rota al brujo Rizalés en Al-Andabur. Asimismo, el acceso significará la ceguedad con que se ve reflejado el público consumidor, pues en las grandes tiendas comerciales la venta de libros se mezcla con la venta de productos de segunda necesidad, desviando su foco, es decir, los sujetos tienen una panorámica superficial que mata y destruye el arte literario comparándolo con bienes y servicios del mercado.

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Así, los horizontes culturales van permitiendo el acceso a dispositivos textuales como son el estilo, el discurso y el imaginario. El primero de ellos, es decir el estilo es el que se presenta por medio de la caracterización de la novela, donde se especifica la manera de narrar hechos y circunstancia épicas, por medio de un lenguaje descriptivo que da muestra del mundo de Kalomaar, describiendo cómo la hija  del consejero del duque de Antilón logra el cargo de jefa de la guardia en la Fortaleza Varkaang con el fin de derrotar las fuerzas del brujo Rizalés (quien le arrebató al emperador Diocles IV el Trono del Tiempo) junto al pirata Akerón, quien intenta vengarse del hechicero por el despojo de las pertenencias de su  familia. Esto quiere decir que el estilo de “La Lanza Rota refleja los mundos literarios de Emilio Salgari o Julio Verne». Por ende, estamos frente a un libro de aventuras que tiene que leerse nada más y nada menos como tal. Además, la novela presenta un carácter tradicional en que el viaje marca la movilidad de los personajes al igual como ocurre en la literatura clásica, por ejemplo el viaje de Ulises que va al encuentro de su amada Helena, siendo, en este caso, el encuentro con La lanza mágica tras viajar por el mar de Esmeralda.

El segundo dispositivo textual que da claras muestras de los horizontes culturales es el discurso, el cual impregna las características del creador de la obra de arte. Es decir, da cuenta del contexto histórico en que se subsume Alberto Rojas Moscoso, quien es un entendido en política internacional, lo cual le permite agregar a sus escritos formas de plena franqueza, narrando las vicisitudes desde la ciencia ficción. Rojas pone de manifiesto que el construir escritos pertenecientes a esta categorización es a causa de una mera necesidad personal. Pues este periodista de profesión comienza escribiendo cuando tenía tan sólo diez años de edad un cuento de ciencia-ficción sobre un robot de combate llamado TROX. Este hecho vislumbra cómo Alberto Rojas desde niño se ha visto cautivado por el mundo de la fantasía, viendo como posibilidad de dar vida real y visible a su mundo fantástico-mítico por medio de la creación y masificación de su obra artística.

Para conectar los dispositivos textuales de estilo y de discurso debe existir un tercer  dispositivo que da claras muestras de los horizontes culturales, es decir, debe existir un dispositivo denominado imaginario. Dicho dispositivo se va construyendo a partir de la fascinación de Rojas por la ciencia ficción a muy temprana edad, además del acceso a sus referentes como lo fueron la saga de Fundación escrita por Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y sobre todo con Frank Herbert y su megasaga Duna. Estas influencias fueron creando el imaginario del autor, manifestándose el cómo la literatura universal es fuente de  influencia en las literaturas de toda Latinoamérica[2]. Un claro ejemplo de dicho imaginario se plasma desde el mundo fantástico de Kalomaar, donde “las nubes habían desaparecido del cielo, dejando nuevamente al descubierto las dos lunas rodeadas de estrellas (…)”, y de linaje legendario cuyo emperador Diocles IV “era un hombre sabio y justo, al igual que sus más de cien antecesores”. La presente cita muestra cómo el escritor hace uso del juego de espejos que le permite refractarse desde una textualidad a otra, ya que son los escritores quienes conocen a fondo su materia, como por ejemplo la mitológica local chilena , centrada en mitos y leyendas de brujos y hechiceros situados en la zona sur del país. Bajo esta mirada, la representación del imaginario del autor siempre será limitada, pues son  sólo ellos los que conocen en su cabalidad el inmenso mundo de los productos de su inversión, en donde la idea del mundo de Kalomar, los nombres de los personajes como Ákeron, Shara, Tany y Rizalés y su carnadura van conformando el destino de la narración. De esta manera se puede desprender la noción de horizonte cultural como mecanismo que permite la realización y existencia de los dispositivos textuales dentro de una configuración de identidad nacional.

Las políticas culturales que mayormente gestionan el ámbito cultural local, representan el accionar que se ejecuta para que las leyes y los accesos funcionen y sean visibles como ocurrió con la reedición de La Lanza Rota, que sólo fue posible tras haber ganado el primer lugar del concurso Marcela Paz en 1995. Desde este punto, es preciso mencionar que las políticas culturales están reguladas por los mercados editoriales tanto en Chile como en todo el mundo, pues será la visión neoliberal la que permitirá la movilidad cultural de las obras, en donde el discurso del escritor se transinstitucionalizará por medio del desplazamiento intelectual y académico como bien lo expone Rojas, quien da conferencias en universidades, además del respaldo que le dan sitios de Internet como Puerto de Escape, donde se exponen sus nuevas creaciones por medio de las críticas y la incitación a leer y ser parte del mundo de la épica fantástica de éste, mezclando las posibilidades de relación entre el conocimiento científico y los saberes populares que ponen de manifietso el desparcelamiento y la desfragmentación del conocimiento junto a la ruptura de la hiperespecialización y los procesos cognitivos de comprensión de realidades complejas. Desde este punto de las realidades complejas cabe destacar  el porqué las políticas culturales median y articulan la antropofagia cultural, ya que la cultura no dependerá del legado ancestral, sino se centrará en exponer las nuevas problemáticas de exhibir cómo el mercado regula y maneja la cultura colectiva en que están insertos los sujetos, pues el devorar a otro incluye la pérdiadd de la identidad, es decir, implica un desaparecer instantáneo que nos traslada hacia los precursores de la antropofagia cultural. Si bien la antropofagía da muetrsas de la apropiación de lo ajeno, en Rojas se va vislumbrando el traslado cultural por medio de precursores como la literatura clásica y mítica. Dando paso a las nuevas plataformas donde la fantasía épica recobra vida, y así de esta manera, Alberto Rojas y su Trilogía de Kalomaar,  permite la conectividad entre el mundo adulto y el juvenil, por medio de la lectura de su triología que remite al mundo mitológico.


[1] Scholes, Robert E.: Ciencia ficción: Historia, Ciencias, Visión. Pág. 3.

[2] Mattelart, Patricio; Biedma, Santiago Funes, Comunicación  Masiva y  Revolución Socialista– México. 1971.

Una respuesta a “Una novela épica-fantástica: La Lanza Rota de Alberto Rojas”
  1. jjjj dice:

    Alberto Rojas forma parte neural de los escritos chilenos referentes a la literatura de género fantástico, en donde el patrimonio nacional y la divulgación fantástica-mitológica se van plasmando como aceptabilidad del mundo ficcionado[1]. La gran mayoría de la producción literaria del escritor santiaguino expone ciertas marcas funcionales en que se mezcla la fantasía épica del mundo imaginario con los ejes aventureros y juveniles que se van desentramando en el contexto del misterio y el peligro. Asimismo, es conocida la incesante marca literaria de Rojas, la cual se subsume en la fascinación por resaltar la magia y las batallas heroicas que se desprenden de la creatividad e ingenio de una mente que hace uso de la ciencia ficción para representar la búsqueda de un objeto ancestral de poder. Esta percepción de representar un mundo fantástico ha inaugurado la fijación de escritores, como Jorge Baradit, Francisca Solar, e incluso, el propio Alberto Rojas, en basar sus escritos en temas relativos a la literatura de género. Bajo esta postura es necesario precisar el concepto de literatura fantástica heroica, la cual tiene sus orígenes en la literatura épica de la antigüedad junto a las leyendas mitológicas y los cuentos fantásticos del siglo XIX. Una de las características principales que exterioriza este tipo de literatura es la representación del protagonista como un héroe que debe enfrentarse a las fuerzas del mal, encarnada, principalmente, por magos y monstruos que están insertos en un mundo de hechiceros y brujos, en donde la trama central del relato está ligada a las batallas legendarias. De esta manera, se va insertando dentro de la literatura chilena un nuevo género que retoma la noción cientificista de la literatura mundial. Es decir, la literatura chilena simboliza la identidad cultural de una comunidad establecida como también las implicancias que ésta representa dentro de las políticas de mercado en que se va desplazando la producción literaria, siendo de suma importancia los horizontes culturales que median su comprensión y su manera de construir identidades en los imaginarios de la sociedad nacional, pues será esta construcción la que permitirá el cruce entre la literatura latinoamericana con la literatura mundial. Esta idea queda respaldada bajo la mirada de Castellón y Araos en su texto Grados de identidad cultural: una reflexión desde la prensa escrita en donde estos autores exponen el concepto de identidad desde una perspectiva comparativa entre la práctica social nacional con una práctica ajena que no es parte de nosotros, logrando, de esta manera, la transformación de la sociedad nacional al incorporan elementos universales que dan como resultado una nueva práctica social.

    La Lanza Rota, incluye dentro del relato rasgos característicos de la cultura chilena dando origen a la identidad legítima y afirmativa de la libertad de creación y la ruptura de las formas fijas que dan origen a la crítica radical. Frente a esto, estoy de acuerdo debido a que la antropofagia enfrenta los contrastes y los sutiles grises entre civilización y barbarie, o mejor dicho, entre las costumbres europeas y latinoamericanas para llegar a la conclusión donde cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a sus costumbres. Es decir, la literatura fantástica chilena de Alberto Rojas se mezcla con el itinerario de autores como Fritz Leiber con su famosa saga Fahrd y el Ratonero Gris, además de la inclusión de rasgos característicos de la película Blade Runner de Philip K. Dick, dando claras muestras de cómo se va plasmando dentro de su escrito una especie de antroposemiosis de multivocalidad que en palabras de Pierre Lévy sería una presencia de hipertexto en donde el origen de la temática tratada dentro de una creación literaria, en este caso la historia mítica-fantástica de Kalomar, da como resultado el reconocimiento de una estructura recursiva de significación, en donde los signos se remiten unos a otros, logrando el rompimiento lineal del diálogo.

    Bajo esta mirada no lineal de representar el relato es que surge la necesidad de abordar cómo la literatura de masas, desde una postura del neoliberalismo, instala la primera problemática literaria enfocada en la finalización del canon literario. Es decir, debemos fijar la vista en cómo los nuevos temas tratados en el arte literario van conformando nuevas formas de representar el mundo, llevando la literatura chilena a un nuevo escenario, en donde ya no será la dictadura ni el liberalismos los focos centrales de la creación y masificación de los escritos, sino será la movilidad de las editoriales internacionales junto a la aprobación y el respaldo que estas editoriales proporcionan a la literatura de masas, pues ya no se centrara en las obras que forman parte de lo canónico, sino se verá la utilidad y el funcionamiento de la obra en los mercados mundiales. Es decir, ni la crítica literaria ni la academia pusieron filtros para determinar cuáles son obras de calidad literaria, sino más bien se centraron en cuáles son las obras que gustan más al público lector-consumidor para producir una cantidad mayor que supla la necesidad consumista de las personas. De esta manera cabe preguntarse ¿Por qué se genera el cambio de paradigma? ¿Cómo y por qué la literatura chilena pertenece a la literatura de masas? ¿Por qué a partir de los años noventa tenemos una literatura nacional que es Latinoamericana?

    Desde estas interrogantes de fecundación e inclusión de nuevas corrientes literarias es que surge la necesidad de determinar cómo los mecanismos de las políticas culturales inciden en la articulación de la antropofagia cultural. De esta manera, es preciso mencionar al acceso como primer mecanismos de las políticas culturales. Es decir, significa la capacidad de infraestructuras que va permitiendo la generación de la libre transacción o el libre paso de los bienes culturales. Un claro ejemplo es el que se da en el tratamiento de La Lanza Rota, en donde el autor mezcla los mitos culturales desde una perspectiva nacional, al igual como lo hace el mito de la muerte de Orfeo, en donde Julio Cortázar da vida a Las Ménades. El acceso desde el punto de vista público permite el alejamiento del escritor de un individualismo negativo que no permite la intertextualidad transportable hacia una nueva manera de concebir la realidad concretizada como fuente laboral, en donde los gestores culturales siempre castigarán la mano talentosa del artista literario. Tras la modernidad gestada durante los años noventa, el acceso ya no estará conformado por un grupo selecto de sujetos que lo lideran, sino más bien, quedará bajo el anhelo de convertirlo en algo público, dejando de lado la visión elitista que los chilenos tenemos de nuestras propias creaciones literarias, pues al transcurso del tiempo solo quedará la destrucción de la identidad nacional, muchas veces mezcladas y difíciles de detectar en el contexto de la literatura de masas. Otro ejemplo que da muestra de este mecanismo es el que se gesta en función de la movilidad de Rojas, pues este autor siendo periodista y magíster en ciencias políticas genera un acto dubitativo, ya que el imaginario creativo del autor es incentivado por su círculo más cercano, siendo su esposa quien incita al autor a presentar sus cuentos de literatura fantástica en el concurso Marcela Paz de 1995, obteniendo el primer lugar en la categoría juvenil infantil. Vale decir, tras la presentación de los cuentos en el concurso, se fue creando un imaginario de las más grandes e interesantes historias de Kalomar, en donde Shara, Hija de uno de los más fieles consejeros del duque de Antilón forma parte de las fuerzas del bien que lucha contra los brujos y hechiceros junto al pirata Ákeron, quien desde su Intrépido construye un escudo de poderes que tratarán de vencer con la mística Lanza rota al brujo Rizalés en Al-Andabur. Asimismo, el acceso significará la ceguedad con que se ve reflejado el público consumidor, pues en las grandes tiendas comerciales la venta de libros se mezcla con la venta de productos de segunda necesidad, desviando su foco, es decir, los sujetos tienen una panorámica superficial que mata y destruye el arte literario comparándolo con bienes y servicios del mercado.

    Así, los horizontes culturales van permitiendo el acceso a dispositivos textuales como son el estilo, el discurso y el imaginario. El primero de ellos, es decir el estilo es el que se presenta por medio de la caracterización de la novela, donde se especifica la manera de narrar hechos y circunstancia épicas, por medio de un lenguaje descriptivo que da muestra del mundo de Kalomaar, describiendo cómo la hija del consejero del duque de Antilón logra el cargo de jefa de la guardia en la Fortaleza Varkaang con el fin de derrotar las fuerzas del brujo Rizalés (quien le arrebató al emperador Diocles IV el Trono del Tiempo) junto al pirata Akerón, quien intenta vengarse del hechicero por el despojo de las pertenencias de su familia. Esto quiere decir que el estilo de “La Lanza Rota refleja los mundos literarios de Emilio Salgari o Julio Verne”. Por ende, estamos frente a un libro de aventuras que tiene que leerse nada más y nada menos como tal. Además, la novela presenta un carácter tradicional en que el viaje marca la movilidad de los personajes al igual como ocurre en la literatura clásica, por ejemplo el viaje de Ulises que va al encuentro de su amada Helena, siendo, en este caso, el encuentro con La lanza mágica tras viajar por el mar de Esmeralda.

    El segundo dispositivo textual que da claras muestras de los horizontes culturales es el discurso, el cual impregna las características del creador de la obra de arte. Es decir, da cuenta del contexto histórico en que se subsume Alberto Rojas Moscoso, quien es un entendido en política internacional, lo cual le permite agregar a sus escritos formas de plena franqueza, narrando las vicisitudes desde la ciencia ficción. Rojas pone de manifiesto que el construir escritos pertenecientes a esta categorización es a causa de una mera necesidad personal. Pues este periodista de profesión comienza escribiendo cuando tenía tan sólo diez años de edad un cuento de ciencia-ficción sobre un robot de combate llamado TROX. Este hecho vislumbra cómo Alberto Rojas desde niño se ha visto cautivado por el mundo de la fantasía, viendo como posibilidad de dar vida real y visible a su mundo fantástico-mítico por medio de la creación y masificación de su obra artística.

    Para conectar los dispositivos textuales de estilo y de discurso debe existir un tercer dispositivo que da claras muestras de los horizontes culturales, es decir, debe existir un dispositivo denominado imaginario. Dicho dispositivo se va construyendo a partir de la fascinación de Rojas por la ciencia ficción a muy temprana edad, además del acceso a sus referentes como lo fueron la saga de Fundación escrita por Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y sobre todo con Frank Herbert y su megasaga Duna. Estas influencias fueron creando el imaginario del autor, manifestándose el cómo la literatura universal es fuente de influencia en las literaturas de toda Latinoamérica[2]. Un claro ejemplo de dicho imaginario se plasma desde el mundo fantástico de Kalomaar, donde “las nubes habían desaparecido del cielo, dejando nuevamente al descubierto las dos lunas rodeadas de estrellas (…)”, y de linaje legendario cuyo emperador Diocles IV “era un hombre sabio y justo, al igual que sus más de cien antecesores”. La presente cita muestra cómo el escritor hace uso del juego de espejos que le permite refractarse desde una textualidad a otra, ya que son los escritores quienes conocen a fondo su materia, como por ejemplo la mitológica local chilena , centrada en mitos y leyendas de brujos y hechiceros situados en la zona sur del país. Bajo esta mirada, la representación del imaginario del autor siempre será limitada, pues son sólo ellos los que conocen en su cabalidad el inmenso mundo de los productos de su inversión, en donde la idea del mundo de Kalomar, los nombres de los personajes como Ákeron, Shara, Tany y Rizalés y su carnadura van conformando el destino de la narración. De esta manera se puede desprender la noción de horizonte cultural como mecanismo que permite la realización y existencia de los dispositivos textuales dentro de una configuración de identidad nacional.

    Las políticas culturales que mayormente gestionan el ámbito cultural local, representan el accionar que se ejecuta para que las leyes y los accesos funcionen y sean visibles como ocurrió con la reedición de La Lanza Rota, que sólo fue posible tras haber ganado el primer lugar del concurso Marcela Paz en 1995. Desde este punto, es preciso mencionar que las políticas culturales están reguladas por los mercados editoriales tanto en Chile como en todo el mundo, pues será la visión neoliberal la que permitirá la movilidad cultural de las obras, en donde el discurso del escritor se transinstitucionalizará por medio del desplazamiento intelectual y académico como bien lo expone Rojas, quien da conferencias en universidades, además del respaldo que le dan sitios de Internet como Puerto de Escape, donde se exponen sus nuevas creaciones por medio de las críticas y la incitación a leer y ser parte del mundo de la épica fantástica de éste, mezclando las posibilidades de relación entre el conocimiento científico y los saberes populares que ponen de manifietso el desparcelamiento y la desfragmentación del conocimiento junto a la ruptura de la hiperespecialización y los procesos cognitivos de comprensión de realidades complejas. Desde este punto de las realidades complejas cabe destacar el porqué las políticas culturales median y articulan la antropofagia cultural, ya que la cultura no dependerá del legado ancestral, sino se centrará en exponer las nuevas problemáticas de exhibir cómo el mercado regula y maneja la cultura colectiva en que están insertos los sujetos, pues el devorar a otro incluye la pérdiadd de la identidad, es decir, implica un desaparecer instantáneo que nos traslada hacia los precursores de la antropofagia cultural. Si bien la antropofagía da muetrsas de la apropiación de lo ajeno, en Rojas se va vislumbrando el traslado cultural por medio de precursores como la literatura clásica y mítica. Dando paso a las nuevas plataformas donde la fantasía épica recobra vida, y así de esta manera, Alberto Rojas y su Trilogía de Kalomaar, permite la conectividad entre el mundo adulto y el juvenil, por medio de la lectura de su triología que remite al mundo mitológico.

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