UN ALUCINANTE VIAJE AL MUNDO NARRATIVO DE LUIS PITA

Publicado el 22 de mayo del 2011 | 3

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Por Marcelo Simonetti

Siempre que enfrento un volumen de cuentos miró de soslayo el territorio de la novela, por las posibilidades que ésta ofrece de crear un mundo, un universo tanto más complejo que el de un cuento que, en la mayoría de los casos, más que a la creación de un cosmos, lanza sus fichas al dibujo de un episodio, cuando más  al de una secuencia de estos. Ahora mismo deambulo entre el mundo que proponen las novelas de Onetti, por esa Santa María inventada, a medio camino entre Buenos Aires y Montevideo, y resulta tan placentero perderse en esos intersticios grises, en esos rincones melancólicos en donde el olor del puerto llega, cada tanto, a oleadas. O bien, el universo que crea Haruki Murakami en Tokio Blues, ese Japón adolescente y existencialista que tanto nos gusta a quienes vemos nuestra adolescencia cada vez más lejana.

Yo desconfío de los libros de cuentos. No porque no me gusten, por el contrario. Se trata de un oficio complejo. Por lo mismo, hay muchos buenos novelistas, pero los buenos cuentistas hay que buscarlos con lupa. Si ya es difícil escribir un cuento, tanto más difícil es articular un volumen que no sólo tenga sentido sino que, al llegar a la última página, termine por edificar un universo, el universo de ese cuentista.

Y éste es uno de los méritos de El Pez Explosivo y la Calavera de Goya (PdE, 2011). Porque detrás de los cuentos, detrás de las peripecias que viven sus extraños personajes, es posible reconocer el mundo que habitan y que no es otra cosa que el mundo sobre el que construye sus materiales Luis Pita. Un mundo raro, exótico, sólo por momentos, por escasos momentos inverosímil, absurdo, y, a la vez, irónico, agudo, en donde la imaginación y la creatividad se pueden sopear con una marraqueta.

En ese mundo, que algunos de sus personajes llaman Terra2, hay nuevos continentes como Europasia, países como Anacronía, hay ciudades que nos suenan familiares como Subvenecia o Nueva Estocia, Suiza tiene un cantón ruso, la gente enferma de uranismo y saturnismo, y hay artefactos llamativos como el gramofosono o el dorofono, y hay prototectores, y puedes cenar antílopes de mar, y el artista más popular de todos es un escultor que esculpe el mármol con los ojos vendados, para no olvidar las revelaciones que ha tenido en el mundo de los sueños.

Además, hay mucha literatura.

En el relato La Guerra Fría en Terra2, dos escritores de ficción descubren que son personajes literarios y discurren estrategias ante la imposibilidad del autor de poner punto final a la historia.

“Falta toda la puta paja del medio. Ese cabrón se está replanteando por donde va a ir el texto, exactamente igual que nosotros, pero es que él además puede modificar y reescribir no sólo sus textos si no también los nuestros. ¿Cómo va a haber arte independiente, literatura independiente, música independiente, cine independiente si tenemos todo el rato a nuestro sumo creador encima, borrando y reescribiendo por la mañana lo que hemos escrito por la noche? ¿Es que no quiere que escribamos un thriller? ¿Por qué? Si eso es precisamente lo que necesita el cine de este país. Un buen thriller, coño, un buen thriller. Tanto cinema verité, tanto cinema verité. ¡A la mierda el cinema verité!

Que nos deje escribir en paz, que para algo somos personajes de una obra literaria y ya se sabe que los personajes siempre acaban escribiendo ellos mismos la historia a su medida. Pues, con mucho más motivo en nuestro caso, que, además de personajes de una historia, somos escritores. ¿No te parece, dear Watson?

En El primero que muera paga la próxima ronda, un ángel da consejos a un editor para tener éxito.

«- Tienes que tener un muerto reciente en tu catálogo.

– ¿Perdón?

– Sí. Para que tu editorial remonte tienes que tener algún autor que haya muerto recientemente, eso siempre multiplica las ventas. Es ley de vida: primero vendrán las consabidas reediciones de todas sus obras, unos meses después aparecerán los inevitables escritos que él jamás habría querido ver publicados, al año siguiente las imprescindibles antologías y al cabo de dos, los inéditos inesperados, aparecidos en algún cajón, que le puedes encargar a un negro que te lo escriba, poniéndote de acuerdo con los herederos. No te pondrán ningún problema. Los herederos quieren seguir siendo herederos. No tienen escrúpulos.”

Siento que la irrupción de Luis Pita en la narrativa fantástica nacional trae aire fresco, sobre todo porque viene acompañada de una dosis de humor y absurdo que escasea en nuestras letras. No es el humor en la vena de Morandé con compañía o el del Festival de Viña del Mar. Sino una construcción algo más elevada, en donde esa herramienta lleva consigo una mirada profunda de de lo que somos, de cómo vivimos.

No es necesariamente ciencia ficción, aunque en El Pez Explosivo, haya un pez que encierra en una sala con un grupo de hombres sabios para exigir la igualdad de derechos entre los hombres y los peces. Aunque La Calavera de Goya terminé dotando de un talento impensado a todos quienes la lleven consigo. Aunque en Unidad de Sueño se expliquen las variantes de un avanzado programa llamado Hypnos  que permite viajar al mundo de los sueños.

Y aquí me quiero detener brevemente, porque éste es otro de los puntos altos del volumen de Pita. Ese tránsito casi natural que hay entre el mundo de los sueños y el mundo en apariencia real que está presente en varios de sus cuentos.

Pasa en Unidad de sueño: “ De golpe el programa Hypnos tomó un nuevo derrotero: se podría localizar la identidad de los personajes influyentes durante su estado de narcosis e inducirlos, mediante la modificación de su comportamiento a través de sus sueños, a cambiar decisiones. Se entraba pues en una nueva dimensión. Los sueños se podrían reorientar. Así pues la potencialmente beneficiosa investigación de los sueños de la Unidad de Sueño se iba a transformar en una generadora de sueños y, con toda probabilidad, de pesadillas.”

También ocurre en Becqueriana: “El día que él se preparaba para comenzar a modelar el cuerpo, ella se presentó vestida con un velo hecho del material con el que están hechos los sueños. Su cuerpo pálido era un milagro del reino animal. Un prodigio espontáneo e inconsciente de la madre naturaleza que no podía haber soñado nada más bello. Mientras modela su cuerpo, Becq está sumido en un sueño con interferencias eróticas.”

Y en rigor pasa incluso más allá de los cuentos, porque ese mundo que Pita levanta en su cuentística, es un mundo que está a medio camino entre la realidad y el sueño. El universo que construye no es un universo del futuro, sino que está ocurriendo ahora, en una realidad paralela que nuestros sentidos no logran advertir del todo.

Y es extraño. Todo es extraño en El Pez Explosivo y la Calavera de Goya (Puerto de Escape, 2011). Extraño pero tremendamente cautivante. Pita ha construido un mundo a partir de ocho cuentos. Un mundo que tiene mucho de metafísico, que es agudo, creativo, muy divertido, inteligente. Una mezcla, era que no, extraña y, por lo mismo, altamente recomendable.

Y como si fuera un personaje de Pita, podría decir que no estoy muy seguro si esto está pasando en realidad. De hecho yo no estoy físicamente con ustedes, quién sabe si hay alguien que me está soñando, quien sabe si hay alguien que nos está soñando…

Santiago-Valparaíso, Mayo del 2011.

3 respuestas a “UN ALUCINANTE VIAJE AL MUNDO NARRATIVO DE LUIS PITA”
  1. antonio dice:

    Terra, Nueva Estocia y dorofono son invenciones copiadas de Navokov en su novela» Ada o el ardor»,un poco de seriedad.

    • marnovoa dice:

      Estimado Lector
      Si has leído el artículo del mismo Pita para explicar su narrativa (aquí en este sitio), justamente allí declara que entre sus grandes maestros se encuentran Nabokov y su novela máxima «Ada o el ardor» (ojo, con b y no v, aquí nos falló la seriedad, no?)

  2. el pez explosvio dice:

    antonio:

    dos preguntas:

    1-¿No le parece que esa «seriedad», tal y como usted la entiende, es algo de lo que tenemos en exceso en el mundo literario?

    2-¿Le parece a usted que el «Don Juan» de Molière, por ser posterior, es menos «serio» que el «Don Juan» de Tirso de Molina, el de Espronceda, el de José Zorrilla o, incluso, ya que nos ponemos así, el de Lorenzo da Ponte, libretista de Mozart?

    Yo pienso, que, como decía don Luis Buñuel, «Un día sin reir es un día perdido»

    Saludos
    .

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