Synco de Jorge Baradit. Una novela retrofuturista que sólo podría escribirse en esta época

Publicado el 14 de febrero del 2011 | ~

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Por Christopher Uribe M.

1.- Introducción

¿Es Synco una parodia a la historia, un carpetazo a los discursos establecidos o simplemente un texto que depreda ciertos temas en pos de un éxito comercial? La respuesta no es sencilla y parece depender fuertemente de otras instancias, muchas de ellas extra-textuales, por lo que se nos hace necesario revisar la relación entre estas, dentro del universo que construye el texto y aquel que lo sostiene como un objeto de arte.

Para tal propósito hemos decidido organizar el presente artículo en torno a tres ejes temáticos, considerados importantes dentro del funcionamiento de la obra: circuito literario, sistema cultural y universo textual. Desde estas tres intentaremos propiciar un diálogo que permita determinar al texto en relación con el concepto de literatura de masas. Concepto entendido, aclaramos, ya no como una degradación de la literatura, sino que como una nueva forma de entenderla y de situarla dentro de la sociedad humana.

2.-  Circuito literario

Para hablar de circuito literario debemos asumir que no nos referimos a una categoría uniforme, única. Nos referimos a un sistema que se constituirá desde las interacciones de diferentes segmentos o engranajes, los que, a su vez, estarán regulados por la acción del hombre y los marcos contextuales que les sean pertinentes. Sin ir más lejos, el caso literario representa la conjunción del mercado, la recepción y el punto de enunciación. Revisemos brevemente en que consisten.

El mercado es la suma de las editoriales, de la publicidad, es decir, el medio por el que la literatura se transmite desde el creador hasta el público. Se compone de las personas que trabajan en tales áreas (editores, diseñadores gráficos, publicistas, entre otros), de las reglas editoriales y las políticas culturales que regulan la competencia y el funcionamiento del sector. En el caso chileno, el mercado se divide entre una serie de grandes editoriales de origen transnacional, que dominan la mayoría del espacio y difusión literaria, y el resto de editoriales que van desde las pequeñas regionales hasta las consolidadas a nivel nacional, aunque nunca al nivel de las extranjeras.

La relevancia de este sub-sistema en la sociedad actual es enorme. Fuera de las creencias o aversiones que se puedan tener, es el mercado quien decide y entrega los productos al cliente, en este caso lector. Se convierte en el cernidor para el ingreso de nuevos autores, nuevas tendencias y la revisión del canon establecido, al menos en cuanto a tiraje de libros y re-ediciones, aunque esto depende del punto de vista, ya que las editoriales menores se encargaran de rescatar a los autores ignorados por los grandes monstruos transnacionales. El mercado es quien regula y gobierna a todo el resto de engranajes del sistema.

La recepción, en tanto, se constituye por el universo de lectores a los que puede llegar la obra, es decir, los destinatarios focalizados por el mercado, divididos entre los expertos (Academia) y los inexpertos (público común). Debemos aclarar, sin embargo, que el lector potencial, aquel que puede llegar a tener acceso al libro, y el lector objetivo, aquel que lo tendrá o buscará tenerlo, son determinados por los vaivenes e intereses del mercado. La otra división, la que utilizaremos para nuestra propuesta, corresponde a la naturaleza del lector y la autoridad/función que posee dentro del sistema literario.

La Academia se encarga, por lo general, de producir reflexión e instrumental teórico para acercarse y comprender las obras literarias. El lector común, de sustentar el sistema mediante el consumo. Ambos son nexos imprescindibles dentro de esta maquinaria, puesto que se constituyen en instancias de retroalimentación y re-elaboración de los saberes adquiridos, aunque sólo la función del público sea imprescindible dentro del mercado, lo que vendría a explicar este desplazamiento del experto por la crítica “especializada” de la prensa, donde se asume un papel de reseñador, una suerte de guía para el lector desorientado ante tanta oferta disponible.

Finalmente, el punto de enunciación refiere a la posición que toma el autor en base al resto de los escritores que han formado parte del sistema. Toma de posición que no sólo refiere a quienes podemos considerar influencias, o al sitial que ocupa en comparación a los otros, sino que a la ideología que subyace a su obra y el contexto socio-cultural en que esta se enmarca. Lo que se relaciona directamente con la temática y la aceptación que cierto texto tenga por parte del mercado.

Ya definidos los componentes del circuito, pasemos al análisis de estos en la obra que nos convoca: Synco, de Jorge Baradit.

2.1.- El circuito literario en Synco

¿Qué sistema es el que gobierna una obra producida en los albores del siglo XXI? El mercado. ¿Cómo se da esto en la obra de Jorge Baradit, o cómo podemos evidenciarlo en lo que rodea esta obra? Veamos.

La primera parada que debemos realizar en este viaje es como el mercado organiza a Synco. En este caso, la obra es publicada por Ediciones B, una editorial española con sede central en Barcelona, que le incluye en su colección La Trama. Ahora, lo primero que nos interesa es que un escritor como Baradit, chileno, publique en una editorial española y no en una chilena. Esto responde a la mayor difusión y prestigio que las editoriales transnacionales otorgan al escritor, aparte de la publicidad, la posibilidad de traducción a otros idiomas, entre otros beneficios. Considerando que, en general, las políticas culturales de Chile no apoyan al escritor, es preferible vender más y expandirse a otros campos, que alinearse con las editoriales nacionales.

Lo que nos lleva a un segundo cuestionamiento: ¿Por qué Synco pertenece a La Trama? Esta pregunta surge de la definición que la propia editorial realiza de su colección. Según esta:

Intriga, acción y misterio de la mano de autores tan conocidos como Patricia Cornwell, James Ellroy, John Katzenbach, Anne Perry, Anne Rice, Juan Madrid, Stella Rimington, Sara Paretsky, David Baldacci, Mario Puzo, George Pelecanos, P. D. James, entre otros muchos. Una colección pionera de la novela negra.[1]

¿Synco es novela negra? Revisando el texto podemos resumir que existen elementos compartidos entre esta y el género policial, sobre todo el neopolicial latinoamericano: La búsqueda de la verdad sobre Synco por parte de Martina Aguablanca, la corrupción y encubrimiento por parte del poder, la violencia y clima decadente en la sociedad. No obstante, no por esto la novela será novela negra ¿O es novela negra la serie Fundación de Isaac Asimov? ¿O es novela negra ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick?

La propia contraportada del libro señala que es una novela retrofuturista, una novela que ubica elementos del futuro en el pasado histórico. ¿Qué pasaría si los egipcios hubieran inventado internet? Novela retrofuturista. ¿Por qué, entonces, considerarlo como novela negra? Considerando el boom que ha tenido la literatura policial en el último tiempo, es comprensible que se incluya una novela de ciencia ficción dentro de esta categoría, puesto que en contraste con las ventas de esta última no son suficientes para justificar su publicación. Un gran ejemplo de cómo funciona el mercado.

Los aspectos gráficos de la novela son bastante atrayentes, transfiriendo la estética del texto al diseño de la portada, en una mezcla de oxido y sangre, pero lo realmente interesante es el tratamiento que la editorial hace del autor, mostrándonos el tipo de lector que busca atraer con la novela:

«Es diseñador gráfico, ex músico de una banda de punk rock y Géminis con ascendente Leo. Le interesan Borges, Blake, Swedenborg y Artaud; los escritos de místicos, los diarios de alucinados, los poetas limítrofes, los textos jungianos, la física cuántica, la basura seudocientífica, los diccionarios de símbolos y los folletines eroticos. Su banda sonora mental circula entre Nine Inch Nais, Dead Kennedys, Slayer, Placebo y The Hives, pero también por Camilo Sesto, las Puffy Amiyumi o las mezclas schizo industriales de Kenji Siratori y Sudden Infant. Se intoxica con cine coreano y japonés, hardcore porno y ciencia ficción B, y admira las producciones animé de Studio 4°C, Gainax y Production IG (…)» [2]

Una breve revisión de los elementos mencionados aquí muestran que Baradit es: a) un tipo con intereses cultos, b) un tipo con intereses bizarros, c) un rockero progresivo y d) alguien que gusta lo mismo que los adolescentes entre 15 y 24 años. Baradit es presentado como afín a las generaciones actuales y su novela está pensada y codificada dentro de ese universo de compradores. Por este motivo, la novela se convierte en un universo excluyente, a pesar que muy pocas de las referencias que aparecen en la reseña se vean reflejados en el libro. Siendo diseñador grafico y cool hunter (cazador de tendencias), Baradit sabe como inmiscuirse dentro del complejo mundo de las modas humanas, por lo que no es sorpresa el éxito que ha tenido su obra, que incluso ya tiene planes para una película. Lo que nos lleva a preguntarnos por el otro sector de la recepción, el lector experto, y cómo considera esta novela.

Revisando en internet sólo es posible encontrar artículos de prensa sobre Synco. Entrevistas al autor, breves resúmenes de la novela o, incluso, comentarios en blogs, pero no artículos producidos desde la academia. Esto en sí no es un gran problema, ya que el círculo de lectores expertos no es precisamente conocido por abrirse rápidamente a todas las tendencias que aparecen. Lo interesante es la discusión que plantean los medios sobre la obra. Por ejemplo:

Esto, que puede sonar a la descripción de una escritura desechable y fallida, constituye, en las manos de Baradit, un ingenioso y eficiente recurso narrativo que le permite crear relatos entretenidos y de contenido inquietante, de esos que obligan segundas lecturas, que instalan en el lector escenarios y reflexiones de una complejidad e inteligencia poco habituales entre nuestros tímidos narradores. Si bien es una novela llena de guiños, parodia histórica y del género de ciencia ficción, es también un relato muy bien construido, con una aguda mirada sobre el poder y la política. [3]

Una descripción perfecta del universo textual en función del lector: un relato entretenido y complicado. No se analiza la obra en base a las teorías literarias, o en función de tal o cual programa ideológico; el éxito literario se resume, a fin de cuentas, en la creación de un mundo atrayente y sorpresivo, que logre conjugar los distintos fragmentos discursivos que dan forma al mundo de hoy. Como el propio autor lo plantea: “Quiero ayudar a construir el imaginario fantástico chileno. Quiero ver a Mazinger Z saliendo de la Escuela Militar”.[4]

Lo anterior ya debería sentar un precedente para entender el posicionamiento del autor respecto del mundo y de la tradición literaria. Para el primero, señala que: “Soy una antena receptora que no discrimina. Mis ojos son como los ojos de los insectos, veo de manera fragmentaria y en múltiples puntos de vista, confusos, en detalle, como en ayahuasca”[5]. Asume la visión de un escritor que va contra los discursos establecidos, una especie de post-punk, y que, aunque triunfó inicialmente bajo el alero de la ciencia ficción, hoy busca diferenciarse de esa tradición y la considera “(…) muy endogámica, un círculo muy cerrado donde todos escriben más o menos lo mismo”[6]. Desde aquí no se nos hace muy difícil comprender por qué la publicación en La Trama o la ausencia aparente de correlatos con otros escritores, o Baradit asumiéndose como el continuador de. El circuito literario ha sido estructurado por el autor, la editorial o ambos para crear un nuevo movimiento, el llamado “ciberchamanismo” y que pareciera ser no otra cosa que la mezcla indiscriminada de elementos esotéricos en pos de un imaginario de dudosa calidad y firmeza.

3.- Sistema cultural

Hablar de sistema cultural es hablar de las ideologías, costumbres y recortes a la realidad que conforman y definen una sociedad. Es hablar del bushido de los japoneses, de la moderación de los ingleses, del pragmatismo estadounidense. Los elementos, no sólo históricos o anecdotarios, que definen su identidad y explican, en parte, el surgimiento de tales o cuales expresiones artísticas dentro de ellas y en un determinado espacio-tiempo.

Si toda literatura es un viaje, el sistema cultural es el mapa que permite acceder a la obra, puesto que se ubica más allá del contexto inmediato, englobando y codificando los posibles sentidos que esta llegue a tener, incluso si no son activados durante mucho tiempo. Y a pesar que se expresa en individuos concretos no es el pensamiento particular de un individuo, sino que aquella red de interrelaciones que sustenta y nutre tal expresión. Lo que nos lleva a cuestionarnos, ¿cuál es el papel que juega este sistema en todo esto?

A pesar que, como en el caso de Bolaño actualmente, podemos hablar de una poética del abismo, es decir una construcción que tiende hacia la nada, no podemos hablar de un abismo poetizado, en el sentido que no existe una nada que pueda ser encaminada hacia una construcción. Desde el pensamiento occidental, el logos, la nada es repulsiva y la verdadera contraposición se constituye entre el orden y el caos. Esto significa que una obra no puede provenir de la nada, sino que se inserta, aparte del tiempo, el espacio y el resto de las obras (posicionamiento del autor), en una determinada cosmovisión. Desde allí debe ser leída y enriquecida tanto por la mirada de la academia como del lector.

Asumiremos, entonces, que el sistema cultural no es uno sólo, y que en su expresión más sencilla siempre será un binomio en colisión, el sistema de la obra y el sistema del que percibe la obra, con todas las posibles compatibilidades e incompatibilidades que ello pueda reportar. Algo que en esencia podemos apreciar con las traducciones, las que enfrentan el dilema de transformar un sistema cultural en otro sin perder las características de uno, pero sin olvidar acercarlo y enriquecerlo con el otro.

La literatura de masas, a este respecto, tiene dos formas de trabajar los sistemas culturales. Por un lado, los simplifica, extrayendo lo que podríamos llamar característico de cada uno (estereotipación) y por otro lado, los generaliza, traduciendo tal realidad a un lenguaje en el que todos sean capaces de comprender su forma (universalización). Se propone el mismo fin que nuestro sistema educativo hace un par de años: educación para todos. La calidad, como siempre, es un caso totalmente aparte.

3.1.- El sistema cultural en Synco

Si debiéramos definir el rasgo característico de nuestra sociedad ese sería la asimilación, seguido muy de cerca por la hipocresía. La cultura chilena, pobre emulo de la romana, se constituye a través de la absorción y repetición de patrones culturales externos. Este es el areté de los chilenos, para lo que no se necesita más comprobación que encender el televisor o revisar nuestros libros de historia. Producimos, usualmente, muy poco de lo que consumimos.

El caso de Synco parece ser una emblemática ratificación de este fenómeno. Esto debido a que se constituye en un intento de formar un imaginario alternativo, mediante el pastiche de varios elementos esotéricos que vendrían a cambiar el status quo del mundo e imponer ciertas reglas secretas, desconocidas tanto para el lector como para los personajes. Todo esto presentado bajo el marco ucrónico de un Allende que no cayó con el golpe militar y terminó fundando el primer gobierno socialista-cibernético del planeta.

La ucronía no es lo novedoso del libro. Lo novedoso es precisamente que un chileno haga tal experimento y justo sobre uno de los segmentos históricos más dolorosos para sus habitantes. Es la máxima asimiliación, pero a la vez, la máxima innovación en un país que se había dedicado a pontificar la lucha contra el régimen opresivo de Pinochet, a considerarla un terreno sagrado donde sólo los que habían sufrido, los que habían perdido, podían cantar las líneas de una herida que aún sangra. Y viene Baradit a subvertir ese discurso y proponer un pasado distinto, que podría ser nuestro presente. Porque el truco de Synco es ocultarse en uno de los puntos ciegos fundamentales del sistema cultural: el olvido, o mejor dicho, la imprecisión de la memoria.

Olvidar es, a fin de cuentas, otra forma de recordar. Una forma alterna. La novela de Baradit juega con esa noción y se posiciona, silenciosamente, desde el hoy, desde los hombres y mujeres que no perdieron familia, que no tuvieron que dejar el país, los que nacieron y crecieron bajo la democracia blanda, decadente, de la Concertación. Desde este hoy, retrocede al terrible “if” que encarna el proyecto de Allende; lo dibuja ya no con la precisión de un enamorado, sino que con el mismo pincel que un caricaturista dibuja cavernícolas. Transgrede así la última frontera del sistema: convierte la historia, el fin, en un simple medio para contar otra historia, el verdadero fin.

Y esto es producto mismo del sistema. Entendamos Synco no como una obra revolucionaria, destinada a cambiar para siempre el funcionamiento de la literatura. Entendámosle como un producto de su época, nuestra época, en la que es posible realizar tamaña herejía, puesto que a pesar que el gran valor, la asimilación, se mantiene en nosotros, han variado los individuos, que ya interpretan de manera distinta los referentes culturales y que no sienten conexión alguna con los dilemas, los terrores del pasado. Es, como alguna vez lo fue el Quijote de la Mancha, la novela que clausura una sensibilidad literaria; la novela definitiva de la dictadura, precisamente es una burla a la dictadura. Y aquí es donde debemos retornar a la pregunta con que iniciamos este artículo: ¿Qué es Synco?

La respuesta, y con esto adelanto parte de la conclusión, es que la novela se corresponde con las tres posibilidades que enunciamos en un principio. No le son excluyentes y precisamente por esto es que podemos decir que tratamos con literatura de masas, puesto que tiene la capacidad de constituirse como un producto atrayente, independiente del lineamiento ideológico, la seriedad o el peso literario. Actualiza, universaliza y estereotipa el discurso histórico, para ni siquiera considerarlo la finalidad de la trama, que más adelante se nos revela como una guerra secreta entre facciones aún más secretas. Es una parodia a un proyecto que realmente existió y murió con el gobierno de Allende. Es un carpetazo a los discursos establecidos, sobre todo al sacralizado discurso de la dictadura y la lucha por la democracia. Y es una mera depredación de aspectos potencialmente comerciales, conducidos con habilidad por el autor y la editorial.

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4.- El universo textual

La serie de complejas interrelaciones que existen dentro de una obra literaria y que son el reflejo de un determinado sistema cultural, eso es el universo textual. Una categoría que proponemos como el eslabón final de este recorrido, precisamente por contener las claves y expresiones de los otros dos, conjugadas con la propuesta del autor. Es decir, la lectura del sistema cultural del autor junto a las necesidades del mercado (circuito literario), contenidas en un solo objeto: el libro.

De los múltiples aspectos que podrían condensarse dentro de esta categoría, hemos decidido fijar nuestra atención en tres: Imaginario, Antropofagia y Temática. Desde ya, hay que mencionar que Synco trabaja estos tres en conjunto, por lo que hablar de uno es hablar inevitablemente de los otros. ¿Pero a que se refieren cada uno de estos elementos?

El imaginario es la red simbólica que configura el texto a partir del sistema cultural, el tratamiento de la temática, el posicionamiento del autor frente al circuito literario, entre otros. Es, por decirlo de una manera simplificada, el universo (y el valor de ese universo) que sustenta la trama de la novela. No son las acciones, no son los personajes, es el tejido que sirve de soporte a estos y que permitiría, en un supuesto, poder expandir la novela más allá de sus límites establecidos.

En tanto, la antropofagia se refiere a la propuesta de los modernistas brasileños[7] ante la importación de formas europeas, y que podríamos condensar en el “prosperar devorándolas, masticándolas, dirigiendo, transformando, transustanciándolas, creando un nuevo compuesto”[8]. Con este tipo de transformación no nos referimos al plagio, ni a la intertextualidad de Bajtin, sino que a la predación de un grupo de referentes culturales y su asimilación/transformación de acuerdo al sistema cultural que los adquiere. Situación que podríamos venir a ejemplificar con las festividades indígenas del continente, que parecen ser una mezcla entre lo pagano y lo cristiano, pero que finalmente se revelan como un mecanismo de resistencia por parte de los conquistados para poder seguir desarrollando sus rituales. Ejemplo bastante adecuado, como veremos más tarde.

Finalmente, la temática es aquello de lo que trata la obra. No en el sentido de los formalistas rusos, con la división matriz/índice, sino que en cuanto al “tema” (por no emplear otro término conflictivo) en torno a los que la trama y los personajes se organizan. Dentro de un libro pueden existir varias temáticas, siendo unas más importantes que otras, unas mejor trabajadas que otras. Lo que, a fin de cuentas, corresponderá siempre a las intenciones del autor y los dilemas que intente reflejar tanto dentro del universo textual como para el lector que se enfrenta a ellos.

4.1.- El universo textual en Synco

La novela de Baradit es un buen ejemplo de ese antiguo refrán que implica una fuente, un cántaro y una piedra. Es decir, la visita excesiva a ciertos tópicos se vuelve un elemento nocivo para su obra, que termina por entorpecer la lectura o bien gracias al oscurantismo que refleja en las páginas, o bien por el tedio que se produce al leerlas. El universo textual de Synco es, por así decirlo, blando. Y con esto no hacemos la crítica al tipo de literatura que representa Baradit, sino que a la literatura de Baradit, con este estilo recargado de un misticismo barato y la constante referencia a referentes culturales que sólo una minoría de “iniciados” puede llegar a descubrir.

El caso del imaginario es la muestra más clara de esta debilidad que señalamos. De acuerdo a nuestra lectura, el autor propone dos mundos dentro del texto. El primero de ellos se compone del discurso histórico, reflejado en la investigación realizada por Martina Aguablanca sobre el milagroso sistema socialista-cibernético. El segundo, el del discurso esotérico, reflejado en los pequeños vistazos que entrevemos en la conversación de Bernardo con este “sabio”, o las revelaciones de Altamirano a la propia Martina. Ahora, ¿Cuál es el dilema de estos dos discursos?

Pues bien, si el trabajo de estos fuera como el caso de El hombre en el Castillo, entonces aplaudiríamos a Baradit. Sin ser una gran obra, el texto de Philip K. Dick logra crear un mundo solido, en el que construye un efecto de espejo entre un tierra donde los alemanes ganan la segunda guerra (y un hombre escribe una novela sobre una tierra donde la pierden) y la tierra nuestra donde la perdieron (y el mismo hombre escribe una novela sobre una tierra donde la ganan). Baradit no logra esto y produce en sus dos discursos tal desconexión, que ninguno se nutre del otro, pareciera que ambos estuvieran en guerra, pero no la guerra que el autor espera. Esto probablemente sucede debido al espacio desigual que ocupan dentro del texto. El discurso histórico domina el 80% del relato, pero precisamente es en el 20% restante que la acción se define y uno se queda preguntando para qué el 80%, porque ni siquiera es un final sorpresivo. Según nuestra lectura, el problema estribaría en demasiadas entradas de información y muy pocas salidas, lo que sobrecarga el texto y le resta efectividad.

Aquí, en la sobrecarga, es donde debemos insertar el concepto de antropofagia. La antropofagia de discursos esotéricos, e incluso la antropofagia de ciertas estructuras conspirativas o tecnológicas, es la que debilita el texto, pero a la vez le entrega una mirada única sobre los eventos que describe. El llamado “ciberchamanismo”, y que no es otra cosa que la adaptación a América Latina de una larga serie de referentes culturales que en otros lares produjeron el Ciberpunk, el Biopunk, o cientos de juegos de rol; también absorbidos por esta novela.

En los discursos esotéricos hablamos de antropofagia porque el autor no refleja las doctrinas reales de manera fidedigna, sino que realiza un pastiche de elementos, en pos de ese imaginario ansiado y que, resultados aparte, tiene la gracia de re-elaborar la historia secreta del mundo en otra todavía más secreta. Así, Nikola Tesla se convierte en un viajero del tiempo, la luna es una alucinación masiva (un tulpa, si se quiere la terminología budista precisa) y la Atlántida está atrapada en la Antártida, o es la Antártida. La antropofagia aquí no sería la alteración de los referentes originales a las versiones distorsionadas propuestas por la novela, sino que la transferencia, desde Europa hacía América, del poder y la preponderancia del continente en esta suerte de guerra secreta. Por otro lado, en el caso de las conspiraciones y la tecnología, podemos defender el mismo procedimiento aunque en una menor medida, siendo el caso de Synco una especie de antropofagia limítrofe. Esto último porque realmente existió un proyecto bajo este nombre y, misticismo aparte, con propósitos similares al del libro. No obstante, la naturaleza del proyecto y su realización se ven alteradas en manera similar al argumento central de un juego de video bastante viejo[9].

Aquí es donde podemos imbricar el último de los elementos de nuestro recorrido por el universo textual de Synco: La temática. Aspecto que, en todo caso, corresponde a la innovación más interesante del autor, puesto que, a pesar de ser una excusa para explorar el mundo donde Synco si tuvo éxito, la dictadura es un fantasma relevante para la sustentación del argumento de la novela. En primer lugar, porque le otorga el status de diálogo; con la historia, sí, pero también con la sociedad que sostiene tal historia. Situación que enfrenta al lector con la libertad de reescribir el pasado y el precio inevitable que se debe pagar por ello, aunque este mismo ejercicio de parodia sea el que le permita a tal sociedad seguir progresando y no perderse en la auto-contemplación (o auto-compasión). En segundo, porque se constituye como un ejercicio de originalidad y libertad para con la producción literaria hasta la fecha, permitiendo al autor construir un Chile propio, independiente de su “ciber-chamanismo”, capaz de sostener otro tipo de imaginario que, de haberse seguido el camino tradicional, sería imposible de siquiera proponer.

La temática, al menos para nuestra lectura, no es el centro del universo construido. Más bien, es la raíz que permite al centro poder brotar en lo que el autor quiera, ya que se constituye en una transgresión al discurso histórico y los valores que este encarna. De allí que le pongamos por sobre los personajes o lugares, ya que estos no son más que pálidos fantasmas y excusas en el desarrollo de la trama, dando la impresión de que todo el libro existe sólo para proponer esta ucronía y lo que ella representa: una oportunidad para explorar las posibilidades ocultas en la historia y el potencial perdido tras las cadenas que el dolor de un pueblo y su memoria han procurado encerrar indefinidamente.

5.- Conclusiones

La pregunta que nos convocaba inicialmente era una de naturaleza ontológica: ¿Qué es Synco? Y creo que a eso le hemos dado respuesta hace mucho. No obstante, ese no era el verdadero propósito de este texto, sólo una excusa, ya que nuestra verdadera intención era analizar el funcionamiento y componentes de esta obra, para así poder entender un poco mejor este fenómeno de la literatura de masas.

Si bien no podemos señalarle como el caso más representativo, sí podemos indicar que esta novela sólo es posible bajo la lógica que actualmente gobierna el mundo de la literatura. Escrita y pensada para un determinado público, el texto preda y se nutre de todos aquellos componentes que le permitan ser de rápido efecto (rápida digestión) y fácil comprensión, permitiendo esa perfecta mezcla, favorita del mercado, entre basura reciclada e imaginación moderada. Con esto no tratamos de desmerecer el valor del texto o las condiciones que llevaron a su producción, sino que simplemente realzar el que este tipo de literatura parece imponer por sobre todo: extensión por sobre profundidad.

Hemos revisado los tres grandes componentes del libro, aquellos que están dentro de él y aquellos que se ubican fuera de él y, sin enunciarlo, hemos comprobado una fuerte dependencia entre cada uno de los elementos. Nada del universo textual sería posible si el autor no se posicionara dentro del sistema (lo que es imposible de realizar, en todo caso) y si el circuito literario mismo no definiera su postura frente al texto y el valor/espacio que le otorgará. Nada del circuito literario sería posible si no hubiera un sistema cultural y un universo textual, por lo que ya podemos ir vislumbrando la necesidad que cada engranaje tiene del otro, implicando la complejidad del fenómeno literatura, a pesar de lo sencillo que muchas veces parezca hablar de ella.

No, si una conclusión debe sacarse en limpio de todo esto, es que incluso en tiempos donde se le ha tildado de simple, o abiertamente comercial, la literatura se yergue como uno de los productos culturales más complejos, más polisémicos y donde hasta la elección del tipo de papel con que se imprime responde a una lógica intrínseca; de mercado, tal vez, pero no por ello carente de significado y propósito. Pero esas son las conclusiones generales y algo debemos esbozar sobre el libro.

En general, Synco no es una gran novela. Es un buen experimento y dado el estado actual del campo literario, es un buen sendero para los escritores futuros, sea o no su terreno la fantasía. Una propuesta innovadora que, sin lugar a dudas, viene a renovar tanto la temática como el estilo de escritura, pero que no puede proponer mayores ambiciones debido a las fallas internas en su concepción. Fallas que, en todo caso, no corresponden en momento alguno a yerros hacía la elección del público objetivo, o los mecanismos editoriales, sino que a problemas en cuanto al diseño de la novela y a la calidad del universo textual que construye. Se podría concluir que es una lectura desechable, incapaz de actualizar el mundo más allá de lo que inicialmente propone y en ese sentido, impide más lecturas que la primera lectura. A no ser que uno haga artículos sobre ella o sobre ciertas nociones que transgrede como historia, poder o realidad.

Synco es una novela de esta época. Un texto que nace y muere por las condiciones contextuales del tiempo y el espacio en que es producida. No es un texto capaz de dialogar fuera de su presente y ello probablemente se deba a que el valor literario que contiene, precisamente, sea un valor extra-literario, en un país que todavía no tiene claro que hacer después que el polvo se ha dispersado tras la batalla. No es el libro del Chile que viene, es el libro del Chile que es, ese Chile desesperado por un sendero que lo aleje del pasado y le proponga un futuro brillante, un futuro lejos de la dictadura, pero también, lejos de los proyectos posibles, los proyectos del pasado, como Synco, o como (¿por qué no?) el compañero presidente.

Referencias Bibliográficas

Alberto Rojas M. «SYNCO», la novela que reescribe la historia de Chile Publicado el miércoles 12 de Noviembre de 2008 en El Mercurio. Rescatado desde: http://www.emol.com/noticias/magazine/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=330403

Baradit, Jorge (2008). Synco. Ediciones B: Santiago

Edwards Renard, Javier. Synco: el juego del revés. Rescatado desde: http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id={a839867c-96ee-480f-adf1-c20192023048}

Franco Carvalhal, T. (2006) La noción de Antropofagia y sus alcances para la crítica latinoamericana.En: Dolores Romero Lòpez (coord.). Naciones Literarias. Pág. 151-164

Gómez Bravo, Andrés. Synco. Rescatado desde: http://www.tauzero.org/2008/10/baradit-y-la-revolucion-fantastica/


[1] Información extraída desde el sitio web de Ediciones B: www.edicionesb.com

[2] Baradit, Jorge (2008). Synco. Ediciones B: Santiago

[3] Edwards Renard, Javier. Synco: el juego del revés. Rescatado desde: http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id={a839867c-96ee-480f-adf1-c20192023048}

[4] Gómez Bravo, Andrés. Synco. Rescatado desde:  http://www.tauzero.org/2008/10/baradit-y-la-revolucion-fantastica/

[5] Alberto Rojas M. «SYNCO», la novela que reescribe la historia de Chile Publicado el miércoles 12 de Noviembre en El Mercurio. Rescatado desde: http://www.emol.com/noticias/magazine/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=330403

[6] Gómez Bravo, Andrés. Synco. Rescatado desde:  http://www.tauzero.org/2008/10/baradit-y-la-revolucion-fantastica/

[7] Franco Carvalhal, T. (2006) La noción de Antropofagia y sus alcances para la crítica latinoamericana.En: Dolores Romero Lòpez (coord.). Naciones Literarias. Pág. 151-164

[8] Ibíd. Pág. 151

[9] Final Fantasy VI (1996), para la consola Super Nintendo. La trama central del juego gira en torno a la Segunda Guerra Magiteck, conflicto nacido de la aplicación de la tecnología homónima, que absorbe la energía de la tierra y permite que los hombres puedan usar dirigibles y maquinaria avanzada, con el costo irremediable de la destrucción del mundo.

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