LUIS PITA autor de El Pez Explosivo nos habla del origen de sus historias fantásticas

Publicado el 15 de mayo del 2011 | ~

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Por Equipo PdE

A continuación el autor, Luis Pita nos explica, someramente, la gestación y las influencias de los ocho cuentos de este nuevo volumen editado por Puerto de Escape (2011).
El Pez Explosivo nace de mi admiración juvenil por Franz Kafka, y en especial por su texto Informe para una Academia, aunque mi narración se gesta por el procedimiento de la limitaciones que instituyen los escritores del grupo francés Oulipo (Georges Perec, Raymond Queneau, Boris Vian) en los años 50. Ellos plantearon que las limitaciones que se imponga el propio escritor le proporcionarán la inspiración para adentrarse en la historia. Esto lo digo porque lo primero que tuve de este cuento fue su título. A partir de ahí me planteé construir una historia, la de explicar la posibilidad de un pez que era capaz de explotar.
La Guerra Fría en Terra2 surge de una premisa que aprendí de Mijail Bulgakov, el gran olvidado de la literatura rusa del siglo veinte, en su obra magna El Maestro y Margarita y ésta es que, en una novela, si un personaje necesita salir por la ventana de un piso décimo, puede hacerlo sin matarse, porque en una obra literaria todo es posible, si el autor así lo quiere.
El primero que muera paga la próxima ronda es seguramente el único cuento cuya base tiene su nacimiento exclusivamente en mi inspiración, aunque reciclada, ya que su germen está en un comic que escribí y dibujé en los años 80 en Madrid, a lo que se añadió, para hacer este cóctel más sugerente, una pregunta que enunció una vez un amigo mío, “si alguna vez se me apareciera un ángel… ¿qué le pediría?”. Todo el cuento es un diálogo entre dos personas. Sin descripciones.
Unidad de sueño es una historia que nace, curiosamente, de una visión que tuve durante un sueño y una línea de texto que anoté en mi cuaderno que se quedó resonando en mi cabeza al despertar y era que “el durmiente ahora ya no estaba solo, ya que a partir de entonces se le añadió un compañero de sueños al que se llamó Dream Partner”. Luego supe que mientras yo escribía este cuento el director de cine británico Christopher Nolan estaba terminando, en el más absoluto de los secretos, el montaje de su película Inception, que cuenta lo que ocurriría si el invento que desarrolla mi personaje, el doctor Elmsman, en la Unidad de Sueño se escapara del control de una institución responsable. Se podría decir con total certeza que este hecho, que no coincidencia, es un caso de sincronicidad, lo que demuestra que las ideas son corrientes electromagnéticas que están circulando por el aire. Depende de cómo tengas orientadas tus antenas así captarás unas frecuencias u otras.
El vestido de novia nace como un encargo bienintencionado de una amiga actriz en Madrid, que me pidió que le escribiera un monólogo corto. La única pauta que me dio era que quería usar el vestido de novia con el que se había casado su madre y que ella atesoraba como una reliquia. Para encontrar inspiración, como casi siempre en mis escritos, lo primero que hice fue documentarme sobre las bodas y toda la parafernalia que las rodeaba y allí, en el proceso de documentación, me encontré con que había decenas de supersticiones alrededor de dicha ceremonia, que, tal y como la conocemos ahora, se remonta apenas a hace 150 años. El resultado de todo eso lo sumé al cúmulo de supersticiones que me han acompañado desde niño, ya que mi madre, de Valparaíso, es tremendamente supersticiosa. Por el camino finalmente se me ocurrió, simplemente, que la novia era caníbal.
Becqueriana es un intento de hacer un cuento de fantasmas, único género narrativo que cultivó el gran poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer. Me pareció un bonito homenaje que el nombre del protagonista fuera Becq y que su estilo se llamara becqueriano. La estética de las obras artísticas de las que hablo en este cuento, y el propio mundo en el que se desenvuelve el protagonista, me los inspiró la obra y vida del gran artista vienés Alphonse Mucha. También en este cuento recojo algunos inventos, como el dorófono, y situaciones geográficas imposibles, como el cantón ruso de Suiza, que están en la monumental obra literaria Ada o el ardor, de uno de mis maestros espirituales: Vladimir Nabokov.
El deseo de Caperucita y su idea central he de confesar que es un robo… de la vida real. La protagonista de este cuento existe y me contó su historia en primera persona, sin intermediarios. Me impresionaron tanto sus palabras que decidí escribirlo, añadiendo algo de mi cosecha y esto era, sencillamente, que el final estuviera más acorde al deseo más íntimo de Caperucita.
La Calavera de Goya es una ficción muy documentada sobre la vida verdadera de Francisco de Goya y Lucientes. No de su carrera como pintor si no de su vida como hombre y como el enfermo crónico que fue los últimos cincuenta años de su vida. La génesis de La Calavera es una anécdota real: cuando se abrió la tumba de Goya, ochenta años después de su muerte, se descubrió que faltaba su cráneo. La desaparición de la calavera de Goya no produjo mucha literatura, como siempre ocurre en España con los huesos de las celebridades, apenas hay un par de libros que hablan de ello. Yo pensé que a toda esa historia había que darle un sentido. Tras documentarme sobre su tiempo y las partes más oscuras de su vida, como su proximidad a los masones, que en la España absolutista del siglo dieciocho eran el símbolo de liberalismo y deseos de cambio. Todos los personajes que aparecen en este cuento fueron reales y existieron, como
todas las pinturas que menciono existen, expuestas en museos, hoy en día. Yo tan sólo ficcioné a partir de la muerte de Goya para seguir la pista de su cráneo y le otorgué el papel de malo del cuento a un pintor real, que pudo, o no, haberlo sido. Tal como hizo Peter Shaffer con Salieri cuando escribió su Amadeus. El final del cuento acaba en el siglo veinte, en una discoteca, en un viaje vertiginoso -similar que lleva al santo Simón del desierto, en el final de la inolvidable película de don Luis Buñuel-, desde tiempos bíblicos hasta la moderna Babilonia.

¿Qué tal, entonces? Pues sólo nos queda leer El Pez Explosivo y La Calavera de Goya del gran Luis Pita (PdE, 2011)

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