Irrupción de lo Fantástico en el cine pionero de Segundo de Chomon

Publicado el 29 de agosto del 2010 | ~

segundo de chomon

Por Patricio Nuño Téllez *

Obras literarias como el “Vampiro” de Quiroga, o “Las Babas del Diablo” de Cortazar, retratan muy bien la atmósfera del cine fantástico latinoamericano. La fotografía y el lenguaje pueden ser considerados como medios para dar testimonio de una realidad objetiva, sin embargo, en este cuento queda de manifiesto que Cortázar considera a estas artes como un medio propio de interpretación de la realidad, la cual se muestra inaccesible.

El protagonista pasa inesperadamente de ser fotógrafo a ser espectador cuando percibe el movimiento en la foto ampliada. Podemos entrever que no existe una reproducción fidedigna de la realidad. En este cuento se pasa de la fotografía al cine. Ambas se relacionan con la literatura de la misma manera, es decir, pueden explicar que su función es una interpretación o traducción de la realidad y no una copia fiel.

Si en “The Purple Rose of Cairo” de W. Allen vemos como adelgaza la línea entre realidad y ficción (llevado al extremo cuando los personajes de una obra de teatro dentro de la realidad de la película hablan al público), podemos rastrear esa misma atmósfera y adelgazamiento de la realidad en el cuento “Vampiro” de H. Quiroga. Si en “Vampiro” establecemos que tema de lo fantástico está presente tanto en la temática interna de la historia como en la atmósfera externa que soporta el relato, podemos además recalcar la cualidad fantástica cuando nos percatamos que se rompen las clásicas miradas establecidas en cine.

En “Placer Visual y cine Narrativo” de L. Mulvey, la autora plantea 3 miradas del cine, que conviven y logran que no se rompa la ilusión cinematográfica. La mirada de los personajes entre sí, la mirada de la cámara/ojo, y la mirada del espectador.

Me sitúo, con esto en mente, en la realidad de “La Barba Rebelde” de Segundo de Chomon y en el cuento de Cortazar “Las Babas del Diablo”. En el cuento, Michel, durante todo el relato, cumple el papel de observador, pero primero lo hace como fotógrafo y luego como espectador cinematográfico. En tanto, en “La Barba Rebelde”, el hombre mira fijamente su imagen reflejada en el espejo y se afeita, y nos mira a nosotros también. Es una situación normal hasta que el hombre empieza a tener apariciones en el espejo… ya no está su rostro, son otros seres los que lo están visitando. El protagonista cada vez mira más en dirección a la cámara: cuando nos mira, a mi parecer, nos esta invitando a su realidad, a su mundo fantástico. Esto es muy parecido a lo hecho por W. Allen en su film “Annie Hall”, en la escena de Marshall McLuhan rompiendo todos los esquemas de realidad cinematográfica. Su aparición habla por sí sola, cruza la delgada línea entre realidad y fantasía que conviven dentro de una misma obra. Es lo que Michel experimenta al sumergirse en su imaginación hasta el punto de creer fielmente en una ilusión, ver la ausencia. Pero lo más interesante es que, aunque seamos participes de las fantásticas apariciones, de la realidad subjetiva de una imagen, el protagonista no encuentra salida a este molesto estado. Decisión: romper el espejo.

Creo que Segundo de Chomon, al romper el espejo cuando finaliza su película, nos está dando una pista. En este mundo fantástico muchas veces no hay explicaciones. Si estamos dentro del relato, dentro de este mundo de sombras, tenemos dos opciones: entregarnos a la realidad de la fantasía, o romper el espejo, romper la ilusión. Estos primeros intentos cinematográficos, como los de Chomon o Méliès, ya daban luces de una fuerte corriente expresiva que influenciaría al cine posterior, no tanto en su técnica, pero si en el descubrimiento necesario que implica el hacer cine, el viaje. Esta influencia, cuya temática ya se expresaba en literatura y en otras artes de la representación, tenía muchas maneras de mostrarse. Es la temática “fantástica”. ¿Y, acaso no es una de las funciones del Fantastique descubrir las monstruosidades que se ocultan dentro de nuestro mundo cotidiano?[1]

Estas monstruosidades de las que nos habla Latorre no se refieren a monstruos en la literalidad de la palabra. El cine ofrece de manera natural el deseo de verlo. Está en su esencia el ser observado, y despertar ese interés en el que observa.

Pero esto tiene otro lado, lo que sucede al observar demasiado, más de la cuenta. Roberto Michel, de “Las Babas del Diablo” de Cortazar, es protagonista de este extremo vouyerismo. Cuando vemos más de la cuenta, los detalles en los detalle ocultos, es cuando nos podemos topar con lo siniestro, término que guarda una cercana relación con lo fantástico y lo oculto. Freud, al describir lo ominoso y lo siniestro, refiriendose en forma extensa al cuento de Hoffmann “El Hombre de Arena”, habla de algo que se escapa de lo cotidiano, o, en ocasiones, describe una irrupción en lo cotidiano de algo fuera de lo común. En el estudio de la palabra Unheimlich, antónimo de Heimlich (íntimo, secreto, familiar y hogareño), Freud es certero con la definición del término: “lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar”[2].

Volviendo al caso de la contemplación de Michel de la fotografía, vemos como lo siniestro empieza a tomar ventaja en su mente, apoderándose de su raciocinio. Vemos también que este aparecer de lo fantástico en una pieza de literatura, y posteriormente en la obra cinematográfica, no tiene relación con seres extraños ni con monstruos. Es una operación formal, una decisión de instalar una ruptura en lo normal para causar extrañeza y angustia. El propio deseo de los artistas para mirar los detalles en los detalles, y encontrarse así de pronto, sumidos por su propios mundos siniestros.

* Este fragmento forma parte del Primer Capítulo de un libro sobre el Cine Fantástico de pronta publicación.


[1] Latorre, Jose María, “El Cine Fantástico”, Pág. 487, Ed. Fabregat, 1987

[2] Freud, Sigmund, “Obras Completas”, Tomo III, Cáp. “Lo Siniestro” Pág. 2484, Ed. El Ateneo, 1916-1938

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