El arquetipo del Vampiro (en el Cine y la Literatura)

Publicado el 3 de abril del 2010 | 2

monic2copia

Por Daniela Wallffiguer

¿Por qué nos atrae esta figura real y de ciencia ficción?

Al ver la nueva saga de Twilight y New Moon de Sthepanie Meyer, pensamos que simplemente la figura del vampiro se reinventa y evoluciona a través del tiempo. Da la impresión que este arquetipo no desaparecerá jamás, vino del mundo de las ideas y se quedó en el mundo real.  Ya no podemos conformarnos con el Nosferatu de Murnau,  tosco, calvo, necromántico y ávido de sangre, muy monstruoso para ser la primera aparición en el cine de este ser mitológico, que luego con Bela Lugosi y Cristopher Lee, a estas alturas ya tiene vida propia.

Presentándose siempre como un ser misterioso, el vampiro evoluciona y llega a nuestros sentidos como un ser elegante, desde las novelas de Anne Rice que puso en el tapete a un vampiro sumamente Victoriano, que muestra  que aún humanidad dentro de un No-Muerto, dado que su sensibilidad frente al calvario de asesinar humanos para poder sobrevivir, no estaba contemplado en los primeros vampiros legendarios que surgieron históricamente en la península de los Balcanes, como un recordatorio de la crueldad del príncipe de Valaquia, el Conde Vlad Tepes.

El vampiro de la novela de Bram Stoker parte de un Hecho Histórico: un príncipe cristiano que empala turcos y se corona como un defensor de la Fe. La historia de amor que aparece interpretado por Winona Ryder, es real. Tras pensar que su marido había muerto, ella se suicida y ahí se inicia la maldición, pues el príncipe se revela contra Dios: la imagen de Gary Oldman desafiando a la cruz, clavando una espada y  luego el mar de sangre. Es una escena digna del arte más oscuro.

En la película de Coppola, nos enfrentamos a un vampiro que cae en el abismo, que entregó su alma y vive bajo la maldición, un poco de realismo al tocar nuestra fibra cuando cada uno elige el sendero moral de la vida: luminosa u oscura. El arquetipo del vampiro representa el sendero de la izquierda, asociado al lado materno (en un mundo patriarcal, la mujer es sombría, fría, húmeda, es del tiempo donde se habitaba en las cavernas; en cambio, el hombre está asociado al triunfo del sedentarismo, vive en la superficie, mira el sol y los astros, por ende es cálido y vigoroso).

¿El vampiro, un arquetipo asociado a la mujer?

El sendero sombrío, el demoníaco, el seductor, ése que no es preferido por todos, ése que hechiza y se deja hechizar, es la representación universal de esta figura que hoy está entre nosotros. Es por ello que el vampiro se ha descrito físicamente híbrido,  estéticamente afeminado, elegante, delgado y con rasgos sobrenaturales que lo describen con una fuerza que no busca emular al macho alfa. Sus poderes son la seducción, “chupar” la energía vital, y apoderarse de las almas de quienes les permiten entrar; su arma principal es la vía sexual, el erotismo, donde pueden hacer de sus víctimas, unos rebaños dependientes y una constante fuente de alimento.

El vampiro, silencioso, seductor e hipersexual  es un arquetipo que se asocia a la mujer, ese lado femenino demoníaco, tan temido en la sociedad patriarcal, puesto que una de las áreas de poder indiscutido de la fuerza femenina es el ámbito sexual y la seducción al no poseer gran fuerza física. Además, durante toda la historia, es la mujer quien posee un poder envidiable: en última instancia, tiene la voluntad de dar la vida o la muerte del ser que engendra en su vientre.

Múltiples mitos en todas la culturas antiguas existen de la figura vampiresca. En la cultura greco romana tenemos a las “Lamias”, que pareciera ser el monstruo de Guillermo del Toro en  “El Laberinto del Fauno”. Lamia fue una ninfa amante de Zeus. Al ser descubierta la infidelidad, Hera la  esposa del dios de los dioses, la castiga con la maldición de ver morir a sus hijos. Ella no soporta el dolor y se vuelve envidiosa de las mujeres que si pueden engendrar. Entonces roba a los niños y les chupa la sangre. Lo único que puede hacer Zeus para este terrible castigo es aliviarle el dolor sacándole los ojos y dejándolos a un lado para que Lamia se los ponga cuando ella quiera.

El vampiro es la figura arquetípica de la humanidad que rebaja sus virtudes, para dejarse seducir por sus más bajos instintos a costa de no volver a sentir más el cálido y paternal paraíso. Asumiendo esta maldición vive sediento de los vivos, los envidia o se contiene para tratar de parecerse a ellos, como el personaje de Anne Rice, en la actuación de Brad Pitt, o el nuevo vampiro, Edward Cullen, que no chupa sangre humana y son una especie nueva, heroica, pues no matan humanos, su piel pétrea es de mármol y brilla como el diamante cuando la luz de sol patriarcal e imponente los revela como los verdaderos seres de la oscuridad: maternales y femeninos, elegantes y suaves, dignos de relatos póstumos que reflejan la dualidad del hombre: demonios y ángeles… Aún existe el mito de Abraxas!

2 respuestas a “El arquetipo del Vampiro (en el Cine y la Literatura)”
  1. yo dice:

    la verdad es que el vampiro se inventó para quedarse. me faltó nombrar al gran batman, héroe oscuro, justiciero en las sombras, quien enloquece de algun modo. es un tipo freak y si lo pudieramos alinear seria un bueno caótico. actúa en la noche, porque en esa hora no estan las reglas. es un hombre martirizado por un mal recuerdo, pero de alguna forma esta maldito y se erige como un defensor de los debiles. las ultimas batman son la esencia del personaje vampiresco. por su causa y demuestra su locura, no accede al amor de rachel, quien le pide condiciones.

  2. Fer dice:

    Estas errada en cuanto a la novela de Dracula, no se menciona ninguna historia de amor entre Dracula y Mina, ni mucho menos la historia de amor en el pasado de Blad Tepes Dracula siendo aun humano o el suicidio de su amada creyendolo muerto, eso fue anexado en la pelicula de Copola

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