Crónicas bipolares

Por Nikolai Soto Magerkurth | Publicado el 8 de junio del 2009 | 4

cronicas bipolares

¿Cambio de mundos o mundo de cambios?

No es en absoluto ficción decir que el mundo está cambiando. Siempre lo ha hecho, es cierto; sin embargo, hay momentos en los que las constantes transformaciones se hacen más evidentes, o se vuelve más necesario que sean advertidas. Para percatarnos del movimiento del tren en el que estamos viajando, debemos arrimarnos a la ventana y ver la rapidez con la que pasan silbando al lado nuestro los postes del cableado eléctrico, los arbustos y las malezas que están más próximos a la ferrovía. El horizonte, entretanto, parece apenas moverse en la lejanía: se ve tan quieto como el interior de nuestro vagón. Yo no sólo bajé de mi locomotora, comprobé su movimiento y la vi alejarse hasta hacerse invisible en la lontananza, sino que me subí a otra que partió en un sentido distinto. Es ésta una manera más, entre tantas, de percibir ese continuo andar, ese «todo fluye». Hay líneas de tren -formidable símbolo del progreso en los albores de las sociedades industriales- trazadas hacia todas las direcciones posibles, reales o imaginarias. Es así que, haciendo trasbordo entre una y otra, un día me hallaba yo en Valparaíso, al segundo día en París y al tercero en Gotemburgo, puerto sueco donde estoy viviendo desde hace unos meses.

Mientras escribo estas líneas, en la mitad misma del invierno nórdico, aguardo la manifestación del brutal frío subártico que no llega del modo que había supuesto. Recuerdo los días de lluvia torrencial en Concepción, con sus vientos gélidos y sus cielos pálidos, y se me figuran mucho más fríos que los que vivo hoy acá. La Reina de las Nieves parece haberse jubilado hace tiempo: algunos suecos me cuentan con algo de nostalgia que estas mismas fechas, hasta hace pocos años, iban de la mano con una densa capa de nieve que cubría cada rincón de esta ciudad ribereña. El calentamiento global ha hecho lo suyo en estas latitudes, y ya casi no nieva. El mundo entero está cambiando, y el tren del fenómeno climático no es el único que recorre las tundras escandinavas.

Pues bien, soy un chileno en Suecia. Uno más entre los cuarenta mil chilenos que por acá deambulan, se dirá. No obstante, hace bastante que los chilenos dejamos de ser la mayor colonia de inmigrantes en este país. Y es que en Suecia es posible advertir otro cambio transversal que tarde o temprano se hará presente en la tierra entera. Todos los días comparto con suecos, pero también tengo el lujo de hacerlo con iraníes o rumanos, con palestinos o españoles, con asiáticos, latinos o africanos. Siendo un grupo tan diverso que asiste a clases de sueco, todos nosotros comentamos a diario el acontecer internacional según lo leemos en los periódicos -el capitalismo en crisis, los nuevos flujos migratorios, las interminables guerras, la escalofriante insensibilidad del hombre de hoy ante las cifras de miles de muertos, etc.- y constatamos la falsedad de hablar de un «fin de la historia». Las transformaciones son inmensas y están aquí, paseando su columna de humo de carbón a la vista de todos: en Chile, en Europa, en Gaza, en Wall Street, en nuestras pantallas y diarios.

Los viajes por mar que antaño duraban meses se hacen en nuestros días por aire, y toman tan sólo doce horas. Hace unas cuantas décadas había países que todavía parecían tan inaccesibles, exóticos e incomprensibles a los observadores occidentales como lo fueron hace tres o cuatro siglos atrás. Hoy, para comunicarnos con personas que viven al otro lado del globo, no estamos más que a un número reducido de chasquidos en el botón izquierdo del mouse, y a un número incluso menor de segundos de espera, determinados por la fibra óptica, los satélites y la banda ancha. No hay necesidad de referirnos a los vaticinios de Julio Verne, ni decir que semejante conectividad en el planeta, si no era impensable, se consideraba Sci-Fi hasta hace muy poco.

Con mi alejamiento -solamente físico- de Chile no he cambiado de mundo, sino que simplemente he modificado mi punto de referencia. Al fin y al cabo, todos somos testigos de un mismo mundo, en el que hay cabida para la diversidad en su más amplio sentido. En este cosmos frenético, tan conflictivo y al mismo tiempo tan conectado, tan plural y lejano de lo unívoco, es imperativo que sigamos imaginando utopías y universos alternos, vórtices lovecraftianos de incertidumbre y encrucijadas borgianas de infinitud. Tal vez el más grande propósito de la ciencia ficción y la narrativa fantástica, por descabelladas que puedan estar tejidas sus historias, sea precisamente el presentar esas nuevas alternativas al ciudadano del presente, construir nuevos trenes que no son sino una búsqueda de sentido para nuestra realidad contingente. No hay fantasía absoluta. La ficción se nos presenta entonces como un reflejo y a la vez como un producto necesario de la realidad, y de todas las «máquinas deseantes» que en ella funcionan.

Espero que las experiencias y reflexiones que transmita desde las cada vez menos frías tierras del norte puedan servir para familiarizarnos con la multiplicidad del mundo, con nuestras coincidencias y nuestras diferencias. No sabemos con certeza si el aleteo de una mariposa en Tokio es capaz de generar un tifón que azote las costas chilenas, ni tampoco si las problemáticas reales inspiran ficciones en mayor medida que al revés. Pero sí podemos decir esto: en todo punto de la tierra puede ocurrir algo que merece ser contado y compartido, interpretado y vivido.

4 respuestas a “Crónicas bipolares”
  1. daniela wallffiguer dice:

    como experiencia de vida personal es muy rico en comparaciones, en evidenciar mundos distintos que se conectan y se encuentran en esta locura globalizadora del cual el autor es partìcipe y se asombra de ello. se hace mas patente cuando recuerda su viejo terruño como todo provinciano que tiene un mundo ante si. lo importante que tras cada experiencia real y verdadera, sea una denuncia a «Los cambios experimentados» a diario, y que nos incomoda el nuevo orden ( por lo menos a mi si) y que cada vez sea de las miles de maneras: cientifica , docta, investigativa o de una manera personal, desde los sentimientos y el romanticismo, que los escritos sobre la disidencia de este nuevo orden hace bastante rato esta causando indigestiòn y movimiento… haciendo eco en cada rincon del mundo y en nuestras mentes tambien.

  2. El Chico Antena dice:

    A mi también me encanta el viejo orden!

    LA MONARQUÍA!!!!!! EL MACHISMO!!!!!! LAS COLONIAS!!!!! LA TEOCRACIA!!!!!

    muy lindo discurso… clap clap clap. Aunque ojalá el hospital tenga programa para desintoxicación de clichés. Si esto es la disidencia con razón el status quo no se inmuta

  3. yo dice:

    lo lei otra vez despues de meses. no es disidencia para ser disdencia creo, y si lo es,empecemos por algo.
    se nota demasiado que detras de lo reflexionado hay lectura. la pregunta es: ¿desde que vereda seconstruye la critica?
    pd: si ya los inviernos no son los de antes, que bueno que la disidencia se muestre haciendo panfletos o convocatorias mundiales y escritos como estos. siempre es mas bella la trinchera de la accion.

  4. hajime dice:

    Pero con esto de la globalización, podemos saber que el terremoto en Chile provoca una gran ola en Japón. Me gusta eso de la información. Saberlo todo.

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