CRÓNICAS BIPOLARES: Niños con máquinas

Publicado el 14 de septiembre del 2009 | 6

cronicas bipolares 2

Por Nikolai  Soto  Magerkurth

El universo platónico-tecnológico que hace algunos años nos mostraron los hermanos Wachowski en su célebre trilogía fílmica «Matrix», en definitiva, no se aleja demasiado de nuestra contingencia. Dicha serie es una especie de corolario en clave de ciencia ficción que se deduce de  las actuales formas de producción de subjetividad, dependiente y apendiculada. Una inversión sencilla pero con profundas implicancias: el hombre es un injerto para las máquinas, y no viceversa. No es en absoluto necesario tener decenas de cables directamente conectados a nuestro sistema nervioso central, pues la interfaz realmente existente introduce millones de puntos de información por segundo en nuestros cerebros a través de la retina, receptor capaz de ingresar más bits que los computables por el informático más visionario y optimista. Por supuesto que los publicistas saben esto desde hace tiempo.

Esta reflexión surge mientras mi señora y yo vamos en un ferry desde Frederikshavn, un pequeño puerto en el extremo norte de Dinamarca, rumbo a nuestro sitio en Gotemburgo, en la costa occidental sueca. El viaje dura aproximadamente tres horas, y la enorme embarcación está equipada con un sinnúmero de dispositivos para entretener en este lapso marítimo al pasajero solitario, a la familia completa que va o vuelve de un paseo, al turista consumidor, al niño aburrido o hiperactivo. No menos de un centenar de tragamonedas está estratégicamente distribuido en distintos niveles del ferry. Después de degustar alguna cosa en los cuidadísimos cafés-restaurantes de a bordo, el comprador compulsivo puede saciar su manía adquisitiva con licores finos, perfumes aun más refinados, y un buen surtido de artículos duty free. Un inmenso salón de juegos ofrece mesas de ping-pong, un futbolito o taca-taca y, en una esquina particularmente colorida, un espacio de juego acolchado y equipado especialmente para los más pequeños, repleto de piezas de Lego de tamaño grande: un rincón del barco que hubiera sido paradisíaco para muchos niños de mi generación que disfrutamos con esos clásicos juguetes daneses. Sin embargo, el sitio está vacío, pues todos los niños se concentran en otro salón del ferry.

Y es que los niños están congregados frente a una videoconsola de última generación. Una niña de no más de siete años sostiene un mando a distancia con el brazo extendido a más no poder, apuntando a una pantalla de aspecto pulcro, redondeado, futurista. El momento lúdico no necesita ser creado pieza por pieza: está dado ahí, prefabricado, preestructurado y psicológicamente planificado para cautivar a grandes y chicos. La vista de la pequeña está fija en la pantalla. Es su turno de juego, pues es su mano la que agarra un estilizado joystick inalámbrico, que maneja con destreza. Los demás niños no la miran a ella mientras esperan sus respectivos turnos: tienen sus pequeñas pupilas clavadas en la imagen catódico-digital. Hay sólo un control remoto; pero incluso si hubiera uno para cada uno de los participantes, y pudieran estos jugar con un software que permitiera la participación simultánea de todos ellos, se percibe una barrera virtual con pretensiones de conectividad que es más fuerte que la fibra óptica: todos los niños no interactúan unos con otros sino a través de la tecnoprótesis, del ludoartefacto que transforma todo posible juego com-partido en un juego partido, dividido: en un esquizojuego. La consola canaliza y acapara los sentidos, absorbe las energías e interrumpe los flujos directos entre persona y persona. El diagrama de flujos es espeluznantemente claro: los niños son injertos individuales conectados unidireccionalmente a un dispositivo central, y no al revés. El brazo yerto y extendido de la niña hacia la pantalla es una imagen de la comunión del hombre con la máquina; un momento crítico más de lo que será (d)escrito en el futuro como la genealogía del cyborg. Esto ya está teniendo lugar en Europa, en Chile, en todo el ancho mundo. ¡Temblad, mortales! El célebre cuadro de Richard Lindner Boy with Machine, que aparece en las primeras páginas de El Anti Edipo (de Deleuze y Guattari), nunca ha sido tan tangible como ahora, cuando el siglo XXI recién acaba de empezar. Suponemos que mayores prodigios aguardan ser vistos en el futuro próximo.

No sólo son prescindibles los cables conectores ?los simbólicamente inagotables cordones umbilicales y las ciberplacentas? para tener como resultado un género humano esclavizado por las máquinas. La terrorífica autoconsciencia de la máquina, esa de la que la literatura y el cine han hecho correr ríos de tinta y celuloide, tampoco hace falta para someter al hombre a un régimen de dependencia del que cualquier hogar con un televisor encendido ya tiene esbozos. Ni siquiera Asimov concede crédito en su narrativa al triunfo de una formidable cibermente capaz de subyugar exitosamente a su creador. Por eso es significativo el hecho que las máquinas no hayan logrado, en Matrix, emanciparse completamente del ser humano, incluso aunque haya sido reducido a una fuente de energía. Para lo creado no hay autonomía posible, y las alternativas a este enunciado bien pueden ser un punto a explorar en mayor profundidad por la novela de ciencia ficción. No debemos olvidar, no obstante, las asimetrías fundamentales que aparecen en la coexistencia hombre-máquina, especialmente la dimensión social y mamífera del hombre-dios-artífice, la cual está ausente en los circuitos electrónicos de la máquina-criatura-artificio. Ni la Matrix autoconsciente, ni la consola de videojuegos en el ferry, tienen algo que perder en su conexión con el sujeto, pero sí lo tiene el sujeto mismo, disociado y desocializado. Estamos así en cierta desventaja en relación a la máquina; circunstancia que viene a ser, paradojalmente, una ventaja en cuanto nos provee de una poderosa razón por la cual luchar, y que ningún artefacto conoce; un motor-motivo para una revolución presente o futura contra todo sistema antropófago, que devuelva la libertad al ser humano alienado por sus propios constructos: el héroe, el capital, el robot. Es por eso que no debemos esperar a ver cumplidas las profecías cyberpunk para revertir el avance del «desierto de lo real».

6 respuestas a “CRÓNICAS BIPOLARES: Niños con máquinas”
  1. Cristián dice:

    Un panorama desolador lo que nos relatas, pero no por ello lejano ni menos fantastico, esta «simbiosis» (aunque no clara si es parasitismo, comensalismo o mutualismo) que se ha producido entre el homo sapiens y la maquina nos lleva a pensar y/o temer en el tan anunciado «despertar» de las maquinas y la revolucion contra sus creadores, aunque es cuestionable el hecho de que la «creacion» siga los pasos del «creador» e intente revelarse contra el, lo nuevo que planteas aca es el hecho de la necesidad simbiotica de ambas «especies» para una coexistencia, el hombre necesita la maquina para mejorar su existencia, mientras la maquina necesita al hombre para justificar la suya… to be continue…

  2. El Chico Antena dice:

    Es verdad… como añoro aquellos días en lo cuales el hombre era uno con la Naturaleza y en su bendita ignorancia tenía que bailar para que lloviera ya que en caso contrario toda su tribu iba a morirse de hambre. Como extraño aquel tiempo en el cuál los niños jugaban unos con otros en un círculo de sociabilidad y paz lejos de la computadora, creando seres humanos tan unidos que pudieron levantar nobles instituciones como el KKK, la Inquisición o los Partidos Nacional-Socialistas.

    Y lo qué mas me da pena de todo esto es eso de perder la real realidad. ¡Cómo nos alienan las máquinas de nuestra verdadera esencia! Cuando yo esté en Frederikshavn no voy a tomar el ferry, voy a nadar… me pregunto como voy a ser capaz de llegar a Dinamarca. En caso de que esté obligado a tomar un avión juro que no voy a prender la pantalla de on-board entreteniment.

    Un panorama desolador lo que nos relatas, pero la próxima vez escribe tú crónica en una caverna.

    We are the Future

  3. Interesantísimos comentarios.

    No debe entenderse lo dicho como una crítica al desarrollo tecnológico, sino más bien como una reflexión acerca de la manera en que este podría afectar -si no se es lo suficientemente consciente- nuestras relaciones con las demás personas. Un vínculo «simbiótico»con máquinas artificiales -aunque hoy es sólo protésico-, si implica mejoría en alguno de los aspectos que nos definen como humanos, difícilmente podría ser negativo. En cambio, si tal actúa en desmedro de algo tan humano como la sociabilidad, vale la pena reflexionar y evaluar si eso es lo que se quiere para el futuro; sobre todo, si esta separación del otro ocurre desde tan temprano.

    Siempre se está en libertad de especular si la vertiginosa automatización de las últimas décadas no ha contribuido a que muchos niños criados en ese lapso sean hoy los mismos adolescentes o adultos jóvenes cuyas prioridades son el consumo individual y desechable, antes que participar en la vida cívica en sus distintas maneras. Si el futuro implica profundizar aun más en la alienación y el individualismo, pues bien vale revisar la historia, cuyo sentido no está en ser una mera acumulación de sangre y oscuridad, sino nuestra memoria colectiva. Si no aprendiéramos de ella, efectivamente, estaríamos aún en una caverna. Y aquello de lo que la historia no puede advertirnos, bien puede hacerlo -y lo ha hecho- la Ciencia Ficción.

  4. El Chico Antena dice:

    Disculpen la demora pero estaba vacacionando lejos del computador haciendo cosas plenamente humanas, como nadar en la playa y cazar mamuts.

    En primer lugar me gustaría apuntar a la metáfora insistente sobre los niños. En la misma Matriz que usas de ejemplo ¿Quienes son aquellos que nos salvan de las mounstrosidades tecnológicas? Los Hackers. Las personas que MAS acceso y relación tienen con la tecnología… esto plantea una idea interesante para desarrollar. Por un lado tenemos los niños pobres inocentes alienados sin defensa alguna y por otro los hackers, quienes trascienden el mal para lograr una relación armónica con la tecnología. A mí me huele a pedantería…

    No es una critica a ningún argumento en particular pero es un interesante caldo de cultivo para mas ideas. Por ejemplo lo de que la ciencia ficción puede advertirnos, si seguro, pero ese rol de futurólogo no le es exclusivo al género, sino que le pertenece a miles de formas de expresión alrededor del universo.

    Pero volviendo al tema, LA ALIENACION Y EL INDIVIDUALISMO… ¿Con respecto a que? ¿A quien? Se plantean dos caminos para resolver esta intriga, por un lado podemos hablar de un momento histórico DEFINIDO en el cuál el hombre era socialmente perfecto. Idea interesante se pensamos la enorme cantidad de machismo, racismo y otras formas de intolerancia que poseían las sociedades sin televisor. También podría ser con respecto a un ideal perfecto… pero yo soy feliz pensando que las cosas van en mejora.

    El consumo desechable es otra idea interesante que se plantea… pero me parece un poco cliché. No me quejo, es fácil ganar adeptos usando lugares comunes… ver nada más el primer comentario: Palabras lindas y, de bonus, la sensación de sentirse superior.

    Pensemos un poco en la actitud cívica… no se muy biena que te refieres pero supongo que política. Nuevamente ¿Cuál es el punto de referencia? LA gloriosa grecia y su polis con esclavos y sin mujeres participando. El valor del voto PRAGMATICAMENTE equivale a la posibilidad que tiene de eliminar un desempate… nada más. Los hippies fueron un super movimiento mega unido, y ahora solo viven de recuerdos….

    We are the Past

  5. El Chico Antena dice:

    Ayer me fui a vivir a una comunidad Amish y ahora TODO ES MUCHO MAS REAL.

    Soy TAN LIBRE!

  6. El Chico Antena dice:

    ¿¿¿¿Tú crees que la mejor manera de recuperar nuestro lazo comunicativo, y por lo tanto social, sea mediante que tú te conectes A UN COMPUTADOR?????

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