“Luces de Neón” de Diego Muñoz Valenzuela

Publicado el 12 de diciembre del 2009 | ~

Copia de Futuristic_Subway_by_Hideyoshi

Por  Gabriel Ribet Almeyda

DISTOPÍA Y DESFOCALIZACIÓN

Luces de Neón” (cuento de Diego Muñoz Valenzuela, incluido en “Años Luz. Mapa Estelar de la CF en Chile, 2006) nos presenta un “quehacer” ‘cotidiano’, calles de cemento, gente que camina muy rápido por las veredas, carteles luminosos, publicidad llamativa, calles congestionadas de vehículos… y un sujeto que no recuerda ningún significado. Este sujeto se mueve, su pensamiento se mueve en el mundo de los significantes. No logra comprender nada de lo que ve, él logra nominalizar al mundo, mas no logra entrar en las palabras. El sujeto sostiene su relato desde palabras ‘vacías’: “El hambre es solo una palabra como la manzana. No siente hambre. Jamás ha sentido hambre. Jamás se ha comido una manzana”. Su incapacidad de significar se nos presenta como una ‘desmemorización’. Una amnesia parcial que junto con quitarle los significados lo mantiene sin identidad, sin pasado “…conocía los nombres de las cosas (…) mas no había en el una mísera huella de pasado en relación con ellas. Peor aún, el pasado definitivamente no existía…”.

El sujeto en su deambular, se topa con el resto de la ciudad. El protagonista nombra a los transeúntes como sujetos de rostros pálidos, pero iluminados con las luces de neón (que lo atraen mucho). También, describe la situación automovilística, con bocinazos, rugidos e insultos. El sujeto se encuentra con una ciudad ‘viva’, con sujetos con ‘vida’, que están ocupados en su propia identidad. Él mismo se da cuenta de su propia falta identitaria en oposición a ellos: “…evocó la remota necesidad de poseer alguna identidad. Cada uno de esos seres a su alrededor poseía (…) una historia detrás. El apuro tenía relación directa con su identidad”. Nuestro personaje se ve angustiado por esta falta de significación para su vida. El mismo no lograba justificar su existencia. Al igual que el hambre, él era sólo imagen.

La mente ‘humana’ rellena los vacíos, como lo señala la Gestalt, y nuestro ‘héroe’ comienza a unir los puntos y se crea historias para significarse. Se cree en sueño, amnésico, loco, criminal y finalmente un superhéroe dispuesto a salvar a la humanidad. Lo cual viene a presentar esa necesidad del protagonista de ser útil; esto podría ser, perfectamente, un adelanto del final.

El texto concluye con la desactivación del protagonista. Este era una especie de Cyborg (Humano sin aura. Hijo de la época de la reproducción técnica. ‘Útil’) activado con unidades de memoria incompletas. Al final del relato, el protagonista se ve involucrado con dos personajes nuevos, estos serían una especie de técnicos que sin previo aviso ‘apagan’ al personaje principal. Ellos se muestran indiferentes frente a la figura, se observan ‘enajenados’ frente a la situación final del Cyborg.

En fin, luego de esta suerte de panorámica del texto, nos introduciremos en lo que nos convoca: ¿Dónde encontramos la distopía en “Luces de Neón”? ¿Dónde confluye CF y realidad?

DISTOPÍA DEL MUNDO INTERNO

Londoño, dentro de sus clasificaciones de utopías, sostiene que existiría (entre otras) la utopía de mundo interior. Esta utopía tendría que ver con el rescate de lo pasado y del crecimiento ontológico humano. En este caso, “Luces de Neón”, nos muestra una suerte de Distopía del mundo interior. Para esto presentaremos 3 puntos para visualizarlo:

Primero, un personaje sin pasado, un personaje que intenta rescatar su identidad pretérita y que no logra identificar significados para su vida. Se muestra una angustia por definirse en el pasado y por sentirse (ya sin identidad) como un sujeto alejado de la sociedad.

Segundo, una población enajenada en su ciudad, con sus insultos y caminar rápido, con sus ‘inocentes’ colisiones de vereda, con sus miradas de risa hacia el otro, etc.

Y como tercer punto, los personajes de naranjo del final. Estos representan la alteridad misma. Ni se inmutan frente a la figura del Cyborg. Ellos saben cómo funciona su procesador, deben entender lo que debe estar sufriendo nuestro protagonista, sin embargo, se definen desde su necesidad de llegar temprano y de apagar luego a esta unidad ‘pensante’.

La angustia de no saberse, la impersonalidad de la ciudad y la alienación del trabajador nos harían pausible esta distopía del mundo interior.

Luces de Neón” también puede ser clasificado en un mundo en distopía psicológica. No es la ciudad la destruida, ni la decadencia post-industrial la que se toma los rincones y el quehacer humano. La decadencia está en el modo de pensar de la sociedad, de desenvolverse. Para esto las luces de neón son una buena metáfora “Los rostros de los pálidos transeúntes se iluminaban con aquellas trémulas luces de colores.” Al nombrar como pálidos al resto, se presenta como una sociedad sin energía y desprovisto de ‘vivacidad’, necesidad que sería suplida con las luces de neón. Luces que espectacularizan la venta, espectacularizan los mensajes propagandísticos, y sensualizan la vida, encandilando con brillantes verdes y lilas las mentes del ciudadano.

Ahora bien…

¿CÓMO ATERRIZAMOS ESTE CUENTO?

Diego Muñoz, publicó “Luces de Neón” el año 1994 en su libro “Lugares Secretos”. A cuatro años de retornada la ‘democracia’, y finalizando el primer gobierno de la concertación, aún teníamos como Capitán en jefe de las Fuerzas Armadas a don Augusto Pinochet Ugarte… Esto, claro, por la unidad nacional…

A mucha gente se le olvidan algunas cosas, o más bien, algunos pretenden olvidar muchas cosas. La hegemonía en el poder ha intentado, desde hace tiempo, obnubilar con colores. Llenando de neón nuestra comunicación, y no sólo son los mass media, sino con nuestra comunicación interpersonal, también. Nos implantan frases como ‘la unidad nacional’ (para tapar crímenes humanitarios), nos dicen que los asesinos están en cárceles (aunque estemos seguros que son hoteles con guardias estatales) y así… El status quo se mantiene. Ahí esta la distopía nacional. La desmemoria es más que no recordar, es recordar que tenemos que olvidar, como bien cantan Los Tres.

Diego Muñoz logra una metáfora impecable con las luces de neón. La espectacularización de la vida ciudadana, la sensualidad impuesta en el discurso político logra enceguecer las miradas o, más bien, cambiar el foco. El lenguaje modifica las estructuras mentales, con palabras vacías, nos modifican. Vygotsky con su teoría de desarrollo próximo, nos enseñó que podemos aprender (aunque suene como reto de profesora normalista) por una suerte de osmosis, y los experimentos psicológicos utilizados en la publicidad han sabido aprovechar esta permeabilidad en los procesos cognitivos. El estado (gobierno manejando nación [población autodeterminada] y territorio) maneja la desmemoria nacional, desplaza el foco constantemente… y no solo con los temas de la dictadura, no solo el pasado se intenta pasar de largo ¿conflicto mapuche? ¿Pascua Lama? ¿Represas en Aysén? ¿Mall en la costa de Valparaíso?

El estado nos quiere mantener como el Cyborg de Diego Muñoz, para dejarnos interesados en las luces, nos quieren mantener con un pasado carente de significaciones, para desidentificarnos.

Es el problema de siempre en Latinoamérica. El jesuita lo hizo con su biblia, el peninsular con sus encomiendas y cabildos, el criollo con su liberalismo mercantil aburguesado francés, etc…

Siempre el poder intenta transformar los intereses de los no empoderados. Sospecho que Muñoz se desilusionó con la vuelta del sufragio y con la desfocalización… Vivimos, como sociedad, en el lenguaje distópico del Cyborg, sobretodo, la generación nacida en los 80as y 90as que “Despertó mientras avanzaba…” . Mi generación amaneció con las luces en la cara, y la anterior, se quedó pensando en lo bello que es el lila incandescente…

Las luces que tanto fascinaron al protagonista, y que embelesan al ciudadano, son las mismas con las que termina… Son las mismas que sostienen su interruptor, son las mismas que, finalmente, lo ponen en off.

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