S.O.S. Insurrección, de Mario Salazar

Publicado el 22 de enero del 2008 | 1

S.O.S. Insurrección, de Mario Salazar

Nombre: Mario Salazar Astete

Seudónimo Astístico: Andrés Avagoz

Fecha Nacimiento: 12 de Septiembre de 1967

Vivo en Coronel, octava región.

Me defino más como artista global más que como escritor o poeta, pues me gusta escribir, sacar fotografías, realizar dibujos digitales y también pienso realizar mis propios cortometrajes. También he realizado estudio sobre guiones (Taller en UC, Santiago) y he ganado algunos concursos de fotografías, tanto regionales como un tercer lugar nacional.

En literatura el año 2006 gané una beca de creación literaria del Consejo del Libro y la Lectura para escribir una novela. Me considero un escritor de literatura maravillosa. Quizá por eso, y debido de falta de oportunidades editoriales para la literatura de fantasía, he estado escribiendo literatura para niños y jóvenes. A mi haber tengo escrito 5 libros, uno editado (SOS Insurrección) y inéditos (La Casita que Escuchaba Cuentos de Hadas, La Panza Rabiosa, La Jeringa Templorosa y Navidad con Limón). También tengo inédito un libro de relatos maravillosos, llamado Deseos Prófugos, los cuales pretendo enviarte. Y en estos siete meses siguientes pretendo terminar otros 3 libros infantiles y juveniles que están pensado como inicios de sagas maravillosas.

Y sobre el libro que te envié puedo contarte que lo editó la Municipalidad de Coronel en su 158 aniversario, tiene una extensión de 81 páginas. Fue impreso de la Imprenta Icaro de Concepción. Tantos los textos como los dibujos, y el diseño de la portada son de mi autoría. Y afortundamente ha tenido muy buena resepción en el público.

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Insurrecion

 

 

UN FILM DEVASTADOR

Jamás pensé que una película pudiera producirme tanto pavor.

Jurassic Park 100 tiene mucho de sus antecesoras. Pero al contrario de las otras,

no trata de dinosaurios u otros animales extintos,

sino de nuestro conocidísimo rey de los animales: el homo sapiens.

Todo comienza con la experimentación de unos tejidos extintos encontrados

en las ruinas de City.

Las pruebas indican que se tratan de antiquísimos hombres que vivieron en los siglos de las desapariciones. Extraen su ADN y los vuelven a la vida.

El plan de sus creadores es demostrar que con la debida enseñanza ambientalista

se puede cambiar la costumbre, tan arraigada en nuestros parientes,

de destruir el medio donde habitan.

Es así como, después de años de la mejor enseñanza ecológica,

trasladan a esta veintena de humanos a una isla,

donde la vida se expresa de las más maravillosas formas.

Transcurridos cinco años los científicos viajan a la isla.

Desean conocer el resultado de su experimento. Y aquí comienza el horror.

El esplendoroso verde de la isla ha desaparecido, en su lugar sólo hay dunas

y tierra erosionada. Toda forma de vida animal ha desaparecido.

Sólo tres hombres están con vida. Sus miradas parecen extraviadas.

Uno de ellos porta un hacha. Al ver a los científicos, se abalanza sobre ellos,

pero curiosamente hiere y mata al que posee la chaqueta verde.

El mensaje no puede ser más explicito. Y es eso lo que me tiene aterrado,

el cine de ciencia ficción es una ventana al futuro.

Una ventana que nos avisa qué sucedería si ocurre lo que nuestros científicos

pretenden hacer: revivir al hombre depredador.

Mi mujer me dice que no preocupe, que es sólo una película.

Pero ni su ternura y su sonrisa pueden alejar el horror que repta por mi piel,

pues temo que vuelvan para destruir los pocos bosques que nos legaron.

Insurrecion

CUESTIÓN DE SUERTE

«Te gusta la escena», murmuró Fortunato mirando a su hijo.

«Sí, papá, es la mejor adaptación de Hamlet que haya visto», contestó radiante

mientras observaba a un trébol actor sosteniendo un cráneo humano.

Después de terminada la obra de teatro,

padre e hijo salieron de la sala y montaron la orugamóvil.

Sin apuro cruzaron el Desierto Viejo, donde, si se buscaba bien,

se podía encontrar todo tipo de restos de civilizaciones pasadas.

Pero sin duda lo más apreciado eran los amuletos de buena suerte,

como herraduras de caballo, patas de conejo, o cualquier objeto de buen augurio

que les permitiera mirar el futuro con optimismo,

pues a pesar de que eran una raza de tréboles de cuatro hojas gigantes

nadie podía asegurar que tenían la supervivencia asegurada.

De pronto Fortunato vio brillar algo, se apresuró en apearse y se aproximó al lugar.

Era una cadena de plata que colgaba de las vértebras de un esqueleto.

En su extremo poesía varias figuras religiosas,

como si su antiguo propietario se hubiera encomendado

a todos los credos existentes en la Tierra.

Pero no era el único, existían innumerables esqueletos humanos.

Sus huesudas manos aún sostenían piedras y palos.

«Vaya problema la cuarta guerra mundial», se dijo haciendo a un lado la arena.

«¿Qué es papá? ¿Una herradura?», gritó su hijo.

«¡No, ven a verlo tú mismo!», respondió.

Próspero quedó admirado. En silencio, recorrió los cadáveres.

«Mira, papá. ¡Vivir o no vivir, esa es la pregunta!», dijo sosteniendo una calavera.

«Vamos, deja de jugar y ayúdame a buscar. Quizás tenían algún amuleto».

Después de mucho buscar encontraron un par de dados.

Eufórico, Fortunato se lo colgó en la cintura.

«Te conté que Einstein decía que Dios juega a los dados, ¿o era todo lo contrario? Bueno, sea como sea, no se equivocó».

Insurrecion

LA DIMENSIÓN CONOCIDA

Viernes en la noche, 23:50 horas.

Cientos de abyectas sombras reptan por las paredes de mi cuarto.

Esperan ansiosas el comienzo de la serie sensación

de los últimos tiempos: La Dimensión Conocida.

Como es costumbre, el programa empieza con la acostumbrada advertencia:

«No apta para vegetarianos, ecologistas e individuos con conciencia

medioambientalista».

Ante el abucheo de las sombras, emerge bajo un cielo azul y diáfano

un valle rodeado de ríos y montañas.

De pronto, ante la atónita mirada de la Madre Natura,

un mundo sobrecontaminado emerge desde un portal pavoroso.

Un mundo regido por hombres civilizados que sólo saben pintar paisajes marchitos.

Lleno de curiosidad, un conejo asoma su cabeza para observar ese otro mundo.

Apenas lo hace, un disparo fluye desde dentro y perfora su piel albina.

Alzando una canción de guerra, un ejército de exterminadores brota del portal.

Las sombras que se deslizan por las paredes de mi habitación chillan de alegría.

El espectáculo de muerte, exterminación y desolación ha comenzado.

Cientos de hombres apoyados por motosierras y hachas devastan los bosques.

Furtivos cazadores disparan a todo lo que respira vida.

El pasto es pisoteado hasta ser remplazado por polvo y piedras.

Como un acto grosero y mágico, una gigantesca industria papelera emerge del suelo.

Avalado por cientos de certificados, empieza a teñir de muerte

las aguas del orgulloso y diáfano río.

Furiosas chimeneas alzan sus filosas mandíbulas y desgarran la pureza del cielo.

Estoicamente soporto el horror sentado en mi sillón hasta el final de la serie.

Cuando termina abro la puerta y salgo a la calle.

Miro al cielo pero ninguna estrella me responde con su brillo.

Una respuesta a “S.O.S. Insurrección, de Mario Salazar”
  1. Natalia dice:

    Sin duda, Andrés Avagoz, es un artista , que prontamente dara un salto, para ser conocido a ivel nacional.Sus escritos son llenos de imaginaciòn, su libro S.O.S es fácil de leer, comparado a un libro que en mi infacia lei llamado » Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar» de Luis Sepúlveda

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