Una novela de anticipación pionera en Chile

Por Marco Herrera Campos | Publicado el 25 de agosto del 2008 | 1

En 1970, los chilenos conquistaron la Luna…

El género de la ciencia ficción siempre ha sido considerado menor dentro de la literatura, al igual como lo fue en su tiempo la novela policial. Un prejuicio propagado, por cierto, por una academia que por años ha desconfiado del gusto literario de la plebe. Se la ha acusado de ser una literatura comercial, evasiva y de escaso valor estético; sin embargo, las novelas de ciencia ficción no sólo se venden, sino que también se leen, y bastante. Esta curiosa afición tal vez se deba a que este género, esencialmente popular, nos devuelve la capacidad de soñar, y de creer que no estamos solos en el universo.

En términos muy simples, la ciencia ficción puede describirse como un género que entrecruza la especulación científica y la creación de mundos posibles. Una vertiente de este tipo de novelas es la que narra encuentros interplanetarios, específicamente vinculados con viajes a la Luna. Por ejemplo, el escritor Luciano de Samosata, ya en siglo II de nuestra era, narró en Historia Verdadera su arribo al satélite en un barco, gracias a un oleaje encrespado que lo depositó en territorio selenita. Otra muestra es la obra del astrónomo Johannes Kepler, quien en 1634 publicó El Sueño, en la cual el protagonista de la novela, Duracotus, es conducido a la Luna por demonios. A su vez, Julio Verne escribió De la Tierra a la Luna, en 1865, novela que describe el viaje del ingeniero norteamericano Barbicane y del aventurero francés Ardan, dentro de una bala de cañón gigante, y H.G. Wells editó, en 1904, Los primeros hombres en la luna, que describe cómo el estrafalario científico Cavor y su amigo Bedford viajan a la luna gracias al descubrimiento de una sustancia llamada cavorita, que anula la fuerza de gravedad.

En nuestro país, la primera novela de anticipación que circuló fue El año 2440 del francés Louis Sebastian Mercier. Según el historiador José Toribio Medina, la obra fue proscrita el año 1778 por decreto del Rey de España, por ser contraria a los preceptos de la Iglesia Católica. Pero es en el año 1877 cuando se publica en Chile la primera novela de ciencia ficción documentada: Desde Júpiter de Francisco Miralles. Entre los cultores nacionales más contemporáneos del género destaca, sin duda, el recientemente fallecido Hugo Correa, cuya obra Los Altísimos (1959) es una sátira a los regímenes totalitarios.

Visión de un sueño milenario, Michel Doezis (1950)

Un Sueño Milenario

Entre las novelas de anticipación pioneras en nuestro país se encuentra Visión de un sueño milenario (Nascimento, Santiago, 1950. 207 págs.) , pseudónimo literario de Rolando Sánchez, más conocido por publicar en 1958 un sistema propio de taquigrafía llamado «Demoscritura», cuyo propósito era que su aprendizaje estuviera al alcance de todos.

La novela narra la historia del primer viaje a la Luna hecha por humanos el año 1970. Los miembros de la expedición son todos chilenos, integrada por el creador del Avión Sideral, el ingeniero Pedro Van Ergas; el sacerdote Jorge Pizar, un intrépido apóstol de fe, de unos 48 años; Belisario Zagniby, ex parlamentario marxista, ex secretario de la CTCH y empedernido amante de la dictadura del proletariado, de unos 45 años; el doctor Gilbert Mac Sethel, un cardiólogo y hombre de ciencias naturales, de unos 49 años; el prestamista Israel Dagman, de 46 años; el actor y cómico Guillermo Jocos, de 42 años; el piloto y técnico mecánico Aladino Duatt, de 44 años, el cocinero y mozo, Desiderio Salinas, de unos 39 años, y el secretario de Van Ergas, Rosanhue, quien es además el narrador de la aventura espacial.

El curioso grupo expedicionario aterriza en el lado oscuro de la Luna, donde descubren una civilización gobernada por mujeres, quienes han instaurado un sistema de gobierno basado en la meritocracia. En este mundo ideal los hombres son débiles, bajos y no piensan. Los hombres perdieron el poder debido a que cuando gobernaron lo hicieron basándose en la mezquindad, el consumismo, el beneficio personal y la corrupción. Las selenitas, una vez en el poder, «extirparon sin contemplaciones todo lo malo, con la mano de un gigante, y así prontamente lograron la pureza y dignidad que hoy por todas partes florece». (Pág. 187)

Maravillados con el orden político y social de Selenia, los «eteronautas» realizan extensas deliberaciones sobre filosofía, religión, roles sexuales e ideología política, dejando entrever una implacable crítica a la sociedad chilena. Un episodio singular es cuando el político marxista, Belisario Zagniby, decide organizar una revolución para liberar a los hombres de la opresión femenina. La revuelta es rápidamente abortada y al instigador se le somete a una transfusión de sangre, para volverlo «más feliz y productivo». A pesar de las diferencias, el grupo se afana en dar a conocer la cultura chilena -por ejemplo, enseñan mapudungún y taquigrafía a los selenitas-, con el objetivo de lograr una unión entre la cultura terrestre y la lunar. Finalmente, retornan a la Tierra con la sacerdotisa Atineles, quien será la encargada de estrechar los lazos interplanetarios.

La tripulación del Avión Sideral es una variopinta colección de personajes arquetípicos, con los cuales el autor critica la organización social chilena. La ciencia está representada por el ingeniero, el doctor y el piloto-mecánico, siempre ecuánimes a la hora de las disputas; la religión por un sacerdote dogmático; la política por un dirigente marxista fanfarrón; el comercio por un judío avaro; las artes por el cómico; y el trabajo por el mozo de la nave. Lo divertido de la novela es que los males sociales que el autor describe para un Chile del año 1970, en nada desmerecen al Chile de 2008.

El poderosísimo Avión Sideral (fragmento del libro)

«El gigantesco y poderoso Avión Van Ergas, a retropropulsión, era de 100 toneladas; tenía 200 metros de largo por 150 de alas; era de concepción fusiforme. Su fuselaje era de unos 50 metros y estaba provisto de siete poderosísimos motores: cuatro de combustión atómica, dos de ‘combustina’ (Combustible sintético poderosísimo, económico y de gran rendimiento práctico, que se usaba en la época) y el último -de concepción helicóptero- era a gasolina concentrada. Cada motor a combustible atómico, estaba dotado de una potencia de 50 mil caballos de fuerza. Por lo tanto, los cuatro motores en funcionamiento sincronizado, tenían una potencia equivalente a 200 mil H.P.; potencia que estaba calculada para desarrollar exitosamente la velocidad de seis veces la del sonido a nivel del mar (la velocidad de éste es de 1.213 kilómetros por hora, a nivel del mar). En consecuencia, estos podían desarrollar 7.378 kilómetros por hora». (Págs. 19-20)

Una respuesta a “Una novela de anticipación pionera en Chile”
  1. Moises Hasson dice:

    Esta obra es -lamentablemente- el clasico bodrio que nos tienen acostumbrados algunos escritores que creen que poniendo una etiqueta de fantastico o ciencia-ficcion no necesitan esforzarse por poner algún minimo desarrollo literario. Defnitivivamente su lectura solo es sugerida para historiadores.

    Saludos.

Comenta este artículo: