Ayudantes vivos (de los no muertos)

Por Patricio Alfonso Ulloa | Publicado el 5 de noviembre del 2007 | 3

Ayudantes vivos (de los no muertos)

Figura y convención característica de las películas de vampiros, el ayudante vivo de los no muertos deja ver su perfil más clásico en «Dracula, Prince of Darkness« (1965), filme de Terence Fisher. Allí aparece como un ser solitario, más o menos minusválido mentalmente, y consagrado en cuerpo y alma al servicio de su señor. Le sirve incluso antes de que éste vuelva de la tumba – en este caso, de las cenizas – y es su propia mano la que propicia el retorno de un modo homicida y, como no, sangriento. En «Dracula has risen from his Grave» (1968) de Freddie Francis, el ayudante vivo es un sacerdote católico hipnotizado por Drácula.

No cabe duda de la utilidad de tal ayudante, tanto para el propio vampiro como para el desenvolvimiento argumental de la historia, habida cuenta de las limitaciones que el no muerto sufre, tales como exponerse a la luz del sol o actuar en las horas diurnas, falencias que sólo pueden ser suplidas por interpósita persona.

Sin embargo, en las historias clásicas del tema las cosas no suceden exactamente de la misma manera. En el «Drácula» de Stoker, antecesor de las películas mencionadas, el vampiro mora en su castillo despojado de compañía alguna, como no sea la de sus tres «novias», criaturas tan espectrales como él mismo. Así lo encuentra Jonathan Harker, quien no deja de darse cuenta que el cochero que acude a recogerlo al Paso de Borgo y el conde, su anfitrión, son la misma persona. Una muestra de inopia que se condice muy bien con el estado ruinoso de la morada de Drácula. Declara el propio conde: «(…) los muros de mi castillo están arruinados, está atravesado por gran número de sombras y el viento sopla en todas direcciones» (1).

Pero esto no quiere decir que Drácula carezca de aliados entre los hombres vivientes. Sólo que su perfil es distinto a aquel que el cine ha privilegiado. Son los gitanos, quienes le prestan un servicio invaluable al momento de abandonar el castillo para iniciar su periplo hacia Inglaterra, y quienes, en su hora postrera, se enfrentarán en combate mortal con Van Helsing y sus compañeros.

¿Están vivos los acompañantes de Carmilla? Porque, en primer lugar, hay que recordar que la irreal y onírica vampira de Le Fanu hace su presentación (es introducida en sociedad, podríamos decir) mediante el expediente de una nutrida compañía que incluye a una ¿supuesta? madre y una escolta. Verdad es que una vez cumplido el cometido dicha compañía se esfuma para no volver a aparecer. Como dice en forma sugerente Pilar Pedraza, Carmilla «es depositada como un huevo» en el entorno de los hombres vivientes, de un modo que recuerda las estrategias reproductoras parásitas de algunos pájaros e insectos (2). Pero lo más sensato, desde el punto de vista del texto, es considerar que los acompañantes de Carmilla son tan no muertos como ella. ¿No se nos dice acaso que la vampira no es sino en realidad la condesa Mircalla, fallecida hace muchos años al igual que todos sus parientes, los miembros de la ya extinguida familia Karnstein? No hay ningún motivo textual para dudar de que sus acompañantes sean los (otros) Kanstein y que su madre sea realmente su madre. Por el contrario, el texto tendería a corroborarlo, tanto por las noticias que entrega acerca de la mencionada familia como por descripciones como esta: «…fue interrumpida, casi al despegar los labios, por un caballero, vestido de negro, y de aspecto particularmente elegante y distinguido, aunque con un inconveniente: su rostro presentaba una palidez cadavérica como yo jamás había visto, salvo en los muertos.» (3)

Una de las imágenes más logradas y sugerentes de ayudantes vivos aparece en el film «The Brides of Dracula» (1960), de Terence Fisher. Esta es una curiosa película de Drácula sin Drácula – quien «ha muerto, pero quedan sus discípulos», como dice una voz en off al comienzo – situada cronológicamente entre la primera y la tercera cinta que el mismo Fisher dirigió para la Hammer dentro de la saga dedicada al conde vampiro (4). Quizá el momento más alto de esta película, que no en balde ha llamado la atención de la crítica, sea el momento en que una vieja ayuda y alienta a una vampira neonata a emerger del sepulcro, de la tierra, actuando como una verdadera partera, una comadrona inversa, puesto que secunda un paradójico alumbramiento hacia la oscuridad de la no muerte. No resulta por ello extraño que Pedraza sitúe a esta anciana de aspecto brujeril entre las que ella llama «madres de tinieblas», junto a la elusiva progenitora de Carmilla (5).

Se de la circunstancia de que, a veces, el ayudante vivo no está vivo. Es un zombi, un cadáver ambulatorio. Ello permite agilizar mucho los trámites, por ejemplo en lo que dice relación con el dominio que el vampiro necesita tener sobre quien le sirve, dominio que en el caso de un ente sin alma ni voluntad es obviamente total.

Es interesante comprobar que, también en el cine, inspirado por la figura de Frankenstein suele aparecer un ayudante vivo del muy vivo doctor, siendo en este caso el no muerto la creación, destinada en principio a ser, si no el servidor, al menos el proyecto del científico. Y es precisamente la insubordinación de este proyecto lo que da lugar a la historia y a la tragedia.

Este núcleo central de la novela de Mary Shelley ha permanecido constante en la casi totalidad de sus derivaciones cinematográficas, quizá porque el tema del aprendiz de brujo constituye un «topos» difícil de quebrantar impunemente.

No es muy distinto lo que sucede en las historias de vampiros, cuyo propio núcleo suele ser la crónica de un contagio, y de la lucha por impedir, o al menos revertir o limitar ese contagio.

En ese sentido, el ayudante vivo tiene el sentido de una baza, de un peón que el vampiro introduce en el mundo de los hombres, mismo que constituye su objetivo a conquistar o, dicho de otra forma, a contagiar. Que hayan sido las convenciones cinematográficas las que lo hayan realzado habla bien de ellas.

(1) Bram Stoker, «Dracula« Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 1984. Pág.51.

(2) Pilar Pedraza, «Espectra« Valdemar, Madrid, 2004. Pág. 261. Acentúa el parecido con la conducta animal el hecho de que se trate de un comportamiento cíclico o repetitivo. La vampira ha parasitado tanto a la familia de Laura como a la de Bertha valiéndose de una estratagema parecida.

(3) J.Sheridan Le Fanu, «Carmilla« En «Vampiros« Valdemar, Madrid. 1999. Págs. 139-140

(4) Terence Fisher dirigió tres notables películas de vampiros para la Productora Hammer, incluyendo la primera versión de «Drácula» con Christopher Lee (1958), la citada «The Brides…» y el filme mencionado al principio del artículo, «Dracula, Prince of Darkness«.

(5) Pilar Pedraza, «Espectra» (Págs. 251-252).

3 respuestas a “Ayudantes vivos (de los no muertos)”
  1. Es sabio no dejar jamas de publicar articulos sobre estos eternos personajes ,eterno el gusto e interes por los mismos.Como olvidar al inepto Willy,siervo tremulo de Barnabas Collins, el loco Renfield,insectofago servidor de Dracula, soy amanty dibujante del tema, gracias por este articulo..

  2. John Toro dice:

    Estimado Patricio Ulloa:

    Felicitaciones por un artículo tan ilustrativo como ameno. Además de lograr una buena reseña de los «incondicionales» que sirven a la «gente de la noche» (uopiros, brucolacos, nosferatus, vourdalaks, etc.) has logrado una interesante revisión de varios maravillosos clásicos protagonizados por los sedientos inmortales, que ningún interesado o fanático debiera desconocer para lograr vislumbrar parte de las claves herméticas de estos seres «bellos, despiadados y eternos» (como diría Ann Rice) en su sueño umbrío. Soy un admirador de los relatos acerca del «homo nocturnus», tanto literarios como cinematográficos, que has logrado presentar de forma magistral. Así como Pilar Ortloff recuerda a Loomis, Rendfield y compañía, yo destaco al jorobado Yorvich de la revista mexicana «Kalimán», grotesco servidor del conde Bartok, al igual que los «ghouls» de los juegos de rol «Mundo de Tinieblas», «Vampiro la Mascarada» (ambientación contemporánea) y «Vampiro la Edad Oscura»(ambientación medieval), seres medio humanos, medio vampiros que sirven a la Estirpe de Caín (los Vampiros).

    Espero ver más artículos tuyos acerca de estos seres tan importantes para la mitología, literatura y cine.

    Atte.,

  3. Veronica Manriquez dice:

    Estoy de acuerdo. El artículo es entretenido y me permite volver a reflexionar sobre uno de los temas (literario en especial)que más me apasiona.
    Personalmente siempre he sentido un poco de lástima por los ayudantes vivos de los vampiros. Deben sentirse horriblemente solos o rechazados para servir a semejante señor. Aunque por otro lado ¿No son sus propios amos, seres solitarios como ellos mismos?
    Un abrazo y una vez más felicitaciones por el artículo. 😀

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