No-comentario a «Los Altísimos» de Hugo Correa

Por Sergio Alejandro Amira | Publicado el 15 de octubre del 2005 | ~

"Los Altísimos" de Hugo Correa

Suelo llegar tarde a todo, como ahora a Puerto-De-Escape. Marcelo Novoa me pide que escriba sobre Los Altísimos, algo que he evitado hacer desde que la leí, quizá por miedo a no estar a la altura de tal encargo. Esta «cautela» por opinar sobre la obra magna de Hugo Correa no es privativa de quien aquí escribe. Son varios los amigos conocedores de la novela que podrían haberla reseñado hace tiempo y sin embargo callan, pese a que ovacionan Los Altísimos cada vez que se le menciona. Me vuelvo viejo y me abandona el desenfado de la juventud, pienso que hay personas más indicadas para hablar sobre Los Altísimos, como Luis Saavedra, Pablo Castro, Omar Vega o el mismo Marcelo Novoa. Pero ahora que estoy escribiendo no quiero detenerme, ¿Qué hago entonces?, ¿cambiar de tema?, ¿comentar la última peli de Peter Jackson tal vez?, no, aún no la he visto… volvamos a Correa entonces.

Caminaba yo por la calle Merced ubicada en Santiago, cuando de pronto en la tienda de libros usados «El Cid» observé un afiche de «la primera convención de ciencia ficción, fantasía y cómics» en la historia de Chile: Fixion 2000 (aunque al año siguiente volvió a realizarse «la primera convención de ciencia ficción, fantasía y cómics», esta vez bajo el nombre de Misión Santiago). El afiche además promocionaba un concurso de cuentos de ciencia ficción que sería jurado por los Señores Hugo Correa, Miguel Arteche y un tal Luis Saavedra.

Portada de "Los Altísimos" (1a ed.), obra de Hugo Correa.

Portada de "Los Altísimos" (1a ed.), obra de Hugo Correa.

Desde 1997 que me encontraba escribiendo una novela (La mordida de la Amphisbaena) y como tenía poco tiempo antes que venciera el plazo de recepción y ninguna obra a mano tomé un capítulo de la novela, le metí a la fuerza ciertos elementos de ciencia ficción relativos al viaje en el tiempo (que junto a las formas de vida alienígena, es uno de mis tópicos favoritos), lo presenté al concurso y de ahí no supe más. En la página web de Fixion 2000 se habían prometido entradas a quienes habían participado pero yo no recibí ninguna y no pude asistir por falta de plata. Luego, estando de vacaciones en Punta Arenas en Enero del 2001 me encontré casualmente en la calle con Leonardo Navarro, un ex-compañero de colegio que había figurado tiempo atrás dentro de los 100 personajes menos influyentes de Chile en The Clinic. Al verlo le dije: «te felicito por ser uno de los 100 personajes menos influyentes de Chile», él me contestó: «y yo te felicito por tu segundo lugar en el concurso de Fixion 2000». Imagínense mi sorpresa, este ex-compañero me aseguró que yo había obtenido el segundo lugar del concurso de cuentos y a mí nadie me había notificado de nada, no había obtenido mi diploma y ni siquiera sabía de la existencia del libro en el que se habían publicado los tres primeros lugares y las menciones honrosas.

Mi primera reacción ante los dichos de Navarro fue de incredulidad pero él me describió el cuento y no me cupo duda que efectivamente lo había leído. Quedamos de juntarnos para que me dijera con quien contactarme para, por lo menos, obtener una copia del libro pero no lo volví a ver, mis vacaciones se terminaban y hube de regresar a Santiago. Lo más irónico (como diría la Morrisette) es que mientras se premiaban a los ganadores del concurso yo estaba en mi casa, sin ni un peso como para poder comprar mi entrada y sólo a unas cuadras de la Estación Mapocho, donde se realizaba el evento (en ese tiempo vivía en la calle San Antonio con Santo Domingo).

Portada de "Los Altísimos" (2a ed.), obra de Hugo Correa.

Portada de "Los Altísimos" (2a ed.), obra de Hugo Correa.

Varios meses y averiguaciones después pude contactar al productor del evento (René Weber) a través de Luis Saavedra a quien llegué a su vez gracias a Rodrigo Mundaca que en aquella época ni soñaba en fundar TauZero. Finalmente me reuní con Weber en el metro Baquedano y me entregó mi galardón debidamente enmarcado y unos doce libros de los cincuenta que estipulaban las bases del concurso.

El delgadísimo volumen de cuarenta y cuatro páginas más que a un libro se asemejaba a un folleto informativo. El lomo era de un couché brillante y lucía el isotipo de Fixion 2000 por ambos lados. En la contratapa se podía leer: «Tanto los organizadores, W&W Producciones, como el jurado de Fixion 2000, se complacen en presentar a cinco nuevos talentos de la literatura chilena de ciencia ficción. Son cinco relatos envolventes y apasionantes que por sí mismos nos hablan de la solidez que este género ha alcanzado en nuestro país. Nadie quedará indiferente…» ¿Sería para tanto? Bueno, nadie le puede reprochar a Weber por querer vender su producto.

A pesar de todos los inconvenientes debo reconocer que mi segundo lugar en Fixion 2000 fue el espaldarazo que necesitaba para dedicarme de forma seria a escribir. Además, permitió que conociera y entablara amistad con dos personas involucradas en el concurso de cuentos: Pablo Castro (primer lugar con Exerion) y el propio Luis Saavedra quien, a su vez, me involucró en esa entelequia denominada fándom de la cual por aquel entonces, era portaestandarte.

Portada de "Los Altísimos" (3a ed.), obra de Hugo Correa.

Portada de "Los Altísimos" (3a ed.), obra de Hugo Correa.

Pero Hugo Correa no sólo jugó un papel preponderante en mi proceso evolutivo como escritor y activista de la literatura fantástica, sino también en mi gran amigo y mentor Luis Saavedra que en su artículo La década prodigiosa del fándom de ciencia ficción en Chile (publicado en tres partes en Alfa Eridiani) escribe: «(…) Yo ya contaba con cierto conocimiento de la ciencia-ficción, principalmente debido a la revista Nueva Dimensión y las diversas colecciones españolas como Nebulae, Infinitum y Martínez Roca, pero traía la inquietud de colaborar ahora con mi granito de arena escribiendo o editando relatos en mi país, sin encontrar ninguna organización o club que me pudiera acoger. Antes había leído Los Altísimos de Hugo Correa (1959), descubriendo una obra madura en un escenario de megaestructuras que luego revisitaría Niven con su Mundo Anillo, y las diversas obras de Antoine Montagne (Los Superhomos, No morir, etc.) que constituían parte fundamental para saber que la ciencia-ficción chilena no era una ilusión. Fue el mismo Hugo Correa, en 1987, quien como relator en un mini programa de televisión dedicado a los libros, mostró en una ocasión un ejemplar del nº 7 del fanzine Nadir, explicando que era una publicación dedicada al género fantástico y sacada a pulso por Moisés Hassón, dando una dirección de contacto. Mi impresión fue mayúscula y con mano temblorosa anoté lo que había alcanzado a escuchar.Era la primera señal de que algo se desarrollaba en Chile.»

Saavedra a su vez permitió adentrarme en la obra de Hugo Correa al regalarme Los Altísimos, primero, y la excelente colección de cuentos Cuando Pilato se opuso, después. Antes de leer la novela de Correa había justamente terminado ese clásico del sub-género de los Big Dumb Objects que es Mundo Anillo (1970) de Larry Niven y no ocultaré que la obra de Correa me pareció muy superior en muchos aspectos que no me detendré a analizar (ya que dije que no criticaría la novela).

André Breton hablaba de los «pródromos activos de la gran reintegración cósmica», ese reconocimiento que no existen las casualidades, las coincidencias… Coincidencia es una palabra empleada por los ignorantes para escudarse del reconocimiento del mundo invisible que a menudo cruza y altera el universo visible. Para demostrarlo, permítanme referirles como hace un par de semanas terminé en casa del mismísimo Hugo Correa charlando con su señora esposa. Al autor de los Altísimos no lo pude conocer, sin embargo, debido a que se hallaba convaleciente de una operación a los ojos. Acompañaba yo a Marcelo Novoa, a quien había conocido ese mismo día por intervención de (adivinen): Luis Saavedra.
Los Altísimos de Hugo Correa, ¿la mejor novela de ciencia ficción chilena que he leído? ¡La mejor novela chilena y punto!

©2005, Sergio Alejandro Amira.

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