Armando Menedín y sus metáforas del futuro (Primera Parte)

Por Hernán Castellano-Girón | Publicado el 7 de Junio del 2009 | 1

Laura

“Laura” apareció en octubre de 1963 con un epígrafe poco ecuménico del padre Teilhard de Chardin: “sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero”. Pensamos que apenas un par de siglos atrás o tal vez menos, ello le hubiese significado problemas con el Santo Oficio, pero igual el epígrafe es especialmente atinado, no sólo para estas “metáforas del futuro presente” de Menedín, sino posiblemente para cualquier actividad intelectiva humana que pretenda explicar la volátil realidad donde vivimos, crecemos y morimos.

La acción de esta breve novela o cuento largo empieza situándose en un Santiago con visos fantasmagóricos iluminado por la Fulgurita, una piedra de propiedades luminosas que al igual que el Inodiol, especie de asfalto marciano, eran productos minerales extraídos del “planeta rojo”. Interrogado Menedín sobre tan curioso vocablo, me sorprendió diciendo que se había inspirado en el nombre de un jarabe para la tos. Singular proyección de una modesta fórmula química, al escenario de un sistema solar colonizado por una raza humana fuerte y al parecer, en un estado de civilización que la realidad presente (2008) está muy lejos de alcanzar, con nuestro planeta amenazado por la depredación causada por un sistema que arrasa sus recursos para satisfacer la codicia y el lujo momentáneo -porque nada de esto puede durar indefinidamente, ni siquiera por unas décadas- de una minoría ínfima de potentados que controlan la economía del mundo (150 personas, según medios informativos independientes).

La acción de la novela se traslada luego a Marte. La visión de Menedín en L se ubica muy precisamente en abril de 2023, o sea a casi sesenta años de la aparición del libro, cuyo espacio de acción se mueve entre ese Santiago “futurista” pero que en realidad conserva mucho más del pasado (años sesenta) de lo que el mismo autor posiblemente imaginó escribiéndolo.

Hacia el final de los años ochenta, me tocó conocer en San Luis Obispo, al individuo/persona Ray Bradbury. Fue un encuentro decepcionante, considerando el respeto que siempre tuvimos por su obra y que en todo caso permanece inalterada hasta el presente.

Hernán Castellano-Girón junto a Ray Bradbury.

Hacia el final de los años ochenta, me tocó conocer en San Luis Obispo, al individuo/persona Ray Bradbury. Fue un encuentro decepcionante, considerando el respeto que siempre tuvimos por su obra y que en todo caso permanece inalterada hasta el presente. En lo que pareciera ser un guiño de admiración por Ray Bradbury -admiración que era compartida por la mayoría de mis escritores coetáneos- ambas novelas, L y LCM, describen aventuras y empresas humanas relacionadas con Marte. En efecto, Jorge Teillier y su hermano Iván, yo mismo, y por supuesto Armando, en más de una ocasión hablamos con gran entusiasmo sobre las Crónicas Marcianas, libro que según AM trataba, de “la soledad del hombre moderno” más que de otra cosa, insinuando correctamente que ese Marte metaforizado no era sino la propia tierra y sus habitantes que sufrían la crisis irreversible de sus modos y sistemas de vida. [ii]

continuará…


[i] El tema de la colección El viento en la llama es tan vasto, con sus tres series que albergaron autores como Neruda, Rosamel del Valle, Juvencio Valle, Ángel Cruchaga Santa María, José Miguel Vicuña, por sólo nombrar a los más importantes ente muchos importantes poetas y narradores, que de por sí merecería una monografía o incluso una Tesis de grado o doctoral.

[ii] Bradbury leyó fragmentos de sus obras en una desaparecida librería de San Luis Obispo, California, cuyo nombre ahora no recuerdo y que fue engullida por el monstruo ubicuo de la cadena comercial Barnes & Noble. Bradbury era un hombrecillo rechoncho que firmaba sus libros con aire displicente. Cuando le dije que era un poeta y escritor chileno me miró como si yo fuera un hombre que viniese de los mismos canales de Marte, aunque a lo mejor ser marciano le habría sido algo más familiar que sudamericano. Me miró arrugando el ceño como si quisiera escrutarme más de cerca, por si traía una jabalina o cerbatana envenenada bajo el poncho, pero nos firmó ejemplares (sin dedicatoria) de Crónicas Marcianas y otro libro que se presentaba en la ocasión, a mi esposa y a mí.

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Una respuesta a “Armando Menedín y sus metáforas del futuro (Primera Parte)”
  1. amigos crononautas: gracias por la linda presentación que tiene esta primera parte, con las portadas y la foto personal.
    Con todo mi afecto, HCG

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