Hablemos de Mike Wilson y “El Púgil”

Por Marcelo Novoa | Publicado el 30 de Julio del 2008 | 1

Hablemos de Mike Wilson… ¿Hay alguien ahí dentro?

Oí a Mike Wilson, escritor argentino residente, autor de “El Púgil” (La Forja, 2008) por primera vez en el lanzamiento de “Alucinaciones.txt” (PdE, 2007) y luego, entre líneas, con desfase de servidores, al revisar la recepción de su novela en la prensa local. Y pensé, entrevistarlo será como sacar boleto para una feria imposible, donde lo testimonial-pop, las múltiples referencias a cult-movies y la indiferencia por los rígidos cánones de la CF más clásica, sacan el premio más alto: un súper juguete que quiere durar muchos veranos. Incluso, me llevaron a dudar de mis propias certezas: ¿Estamos frente a un escritor CF? ¿Y si es así, su novela es el “nuevo camino” de la CF en habla hispana? ¿Y si no, entonces, qué?

Para responder a estas interrogantes y señalar el camino de su imposible retorno a las filas del mainstream, le pedimos que nos contara su versión de los hechos. Hela aquí:

Portada de "El Púgil", libro de Mike Wilson.

Portada de "El Púgil", libro de Mike Wilson.

En cuanto al sentido o significado de El Púgil, no tengo mucho que decir. Soy de la escuela que piensa que los autores son de los menos “autorizados” para descifrar sus propias obras, dada la tremenda distorsión que se produce entre la producción y el producto. Son dos bestias totalmente distintas.

Lo que sí me parece pertinente es comentar justamente aquel proceso de producción que sí, a diferencia del artefacto final, es parte directa de mi experiencia con la novela. En cuanto al género que buscaba narrar, jamás lo tuve muy claro. Sabía que la ciencia-ficción iba a ser una parte importante, pero con una mirada autorreferente e intertextual en lugar de adherirme a alguna noción de lo que es y no es propio del género. No rehuyo la etiqueta de sci-fi, pero tampoco me causa molestia que me digan que El Púgil es algo distinto, incluso probablemente esté más de acuerdo con lo último.

El otro aspecto que me pareció relevante al escribir El Púgil era que me iba dando cuenta que mis puntos de referencia no se hallaban en la novela como forma ni como estética, sino que el texto se fue formulando a través de una serie de simulacros anclados en el cine, los cómics, la tele y la cultura pop en general. Escribir la novela fue, para mí, ver en mi mente una película que jamás fue rodada, pero que me hubiese gustado ver. En retrospectiva, siento que lo que hice fue rescatar fragmentos de celuloide descartado, aquellas secuencias que no lograron el final cut, y encadenarlos de tal manera que cobraban un nuevo sentido, un sentido que para mí producía una desgarradora melancolía clase-B“.

Ahora, algo más preparados para enfrentar a Mike Wilson. Todavía, cabe preguntarse: ¿hay alguien ahí, bajo el nombre terrícola de Mike Wilson?…

P: ¿Como escritor, cuál es tu pasado? ¿Existe un antes de El Púgil?

R: Mayormente cuentos publicados en un puñado de revistas literarias y una novela escrita ya hace varios años, Nachtrópolis; una ucronía ambientaba en los años 40 en una versión de Buenos Aires sobrevolada por zeppelines germanos y bajo un gobierno de Perón controlado por el Reich. La pasé bien escribiéndola, suspenso, códigos kabbalísticos y retrofuturismo, pero sigue siendo un texto con bastantes carencias narrativas.

Hablemos de Mike Wilson… ¿Hay alguien ahí dentro?

P: ¿Se te compara con Álvaro Bisama, en cuanto al uso ecléctico de estilos y registros? Ambos lo hacen en clave de homenaje, o más bien, parodia…

R: Creo que con Álvaro hay una afinidad en cuanto a ciertas estéticas que manejamos, pero claro, sus textos tienen un estilo distintivo, claramente Bisama, o sea, lo suyo es hipnotizante y genial. Por mi parte, y posiblemente Bisama lo vea de la misma forma, no sé, lo ecléctico de los estilos y registros no es algo que reduzco a la parodia ni al homenaje, más bien son parte de un código que cumple una función comunicativa que de otra forma no se podría lograr.

P: El mismo Bisama dice que escribes “para soportar la desesperación que provoca habitar lo urbano-ultramoderno” ¿Es tan así?

R: Sin duda. Fabricar un espacio lleno de escombro y residuos es catártico. También está el asunto de refugiarse en un retrofuturismo ochentero, los floppy, Atari, Tron y todo eso. Buscaba anclarme en un mundo urbano-lowtech, más inocuo, pero a la vez caótico y voluminoso… palpable.

P: ¿Con qué autores argentinos te emparientas y por qué?

R: Piglia, Borges, Artl, Macedonio Fernandéz, Bioy Casares, Oesterheld… Para mí, son todos parte de una genealogía inescapable.

P: ¿Con qué otros autores actuales te identificas?

R: Paz Soldán, Fresán, Bisama, Baradit y Ortega, McCarthy, China Mieville… etc.. etc… Me es imposible leerlos sin salir modificado.

P: Camilo Marks alaba tu estilo, pero no lo convence la temática del libro. Y esto se repite en un par de críticas más (La Nación, La Tercera). ¿A qué atribuyes esta descompensación, si es que la hay, en tu novela?

R: Sí, esto se presenta en Marks y Vial (La Tercera), pero no es el caso en La Nación. Me parece que los críticos más tradicionales o canon-dependientes como Marks y Vial se encontraron con referencias a una cultura pop (vintage sci-fi, La dimensión desconocida, cómics, animé, Joy Division, tv basura, etc..) que no correspondía a sus nociones de lo que es “pop”, de modo que vieron la novela como un artefacto curioso, críptico o indescifrable, accesible solamente para un puñado reducido de freaks and geeks. Claro, vale rescatar que Marks delineó esto con bastante más imaginación, y reconoció que igual podría apelar, en algún sentido, a un público más “mainstream”. A Vial en cambio, no parece haberle llegado la noticia de que lo interesante de la literatura actual es precisamente su naturaleza post-canónica y no género-reduccionista. Sin embargo, sí tienen razón en varios puntos, particularmente si se infiere de sus comentarios que El púgil apela más a los que llegaban del colegio y escogían ignorar el aire libre, los pelotazos y las plazas para poder plantarse enfrente de la tele, posar la mano en el dial y ver casi todo lo que se transmitía en el par de canales que las antenas (torcidas y abusadas) lograban sintonizar. El error que comete Vial es subestimar este grupo. Marks, en cambio, entiende que no es una novela que tendrá una llegada masiva, pero que sí puede ofrecer algo a aquellos que no se consideran lectores de literaturas mutantes.

La otra cara de la moneda se presentó en las notas de críticos y periodistas que se acercaron al texto con una mirada distinta (Bisama, Díaz, Zúñiga, Podestá, Ortega). La mayoría de ellos no son lectores de sci-fi y aun así sintieron que la novela apelaba a ellos como lectores y críticos. Para ellos El púgil hace contacto con ciertas melancolías, los perturba y/o les provee un espacio familiar y extrañamente acogedor. Al encontrarse con las mismas referencias pop que desorientan a Vial, ellos detectan el sentido heterogéneo de “cultura popular”, o sea una cultura colectiva y multi-generacional… ven una novela sci-fi y algo más: un “inconsciente pop colectivo” (Baradit), una “licuadora posmoderna” (Podestá), una “enciclopedia pop” (Ortega), un “canon psicótico” (Bisama).

P: Rod Sterling, la mente creativa tras The Twilight Zone, aparece entre líneas en tu novela. ¿Cuál son, para ti, las virtudes de esta serie de culto?

R: Insuperable. En su época, la serie infiltraba pesadillas y mutaciones en el corazón de los living del “Sueño Americano”. Las familias se juntaban tarde, sentados alrededor de sus aparatos televisivos, con sus TV dinners… los niños en pijama. Terminaba el episodio y todos se acostaban callados y perturbados. Nadie tenía nada que decir.

P: ¿Cuál sería la banda sonora perfecta para oír tu novela?

R: Si hay que elegir uno, Joy Division. Otras posibilidades incluyen Echo and the Bunnymen, Radiohead, Billie Holliday… o lo que quieras, quién sabe qué efecto delirante tendría sincronizarlo con un loop endemoniado de los Pitufos.

P: Y hablando de cine ¿cuáles son tus referentes más cercanos a la estética de El Púgil?

R: City Lights, 2001-Odisea del Espacio, M, Blade Runner, Dark City, Metrópolis, Donnie Darko… por ahí va la cosa.

P: ¿De los autores que se están preparando hoy, en las destilerías de la narrativa fantástica, chilena y argentina, cuáles son tus tragos preferidos?

R: De lo que he leído, lo actual, Bisama, Baradit, Ortega, Solar, Amira. Cada uno con su onda… cada uno adictivo. En Argentina me atrae mucho el material que ha salido en cómics. Allá el género gráfico tiene una tremenda tradición y ha producido resultados geniales.

P: P. K. Dick se cuela por muchas páginas de tu libro, hasta corporeizarse, inclusive. ¿Por qué crees que este autor cf, un clásico instantáneo, sigue ganando adeptos entre los nuevos escritores?

R: P.K. Dick trabaja muy bien el delirio, fabrica sensaciones que no dejan de perturbar. Tiene una cosa muy “Borges”: te gusten o no sus textos, si los has leído, de verdad leído, te van a acechar, terminas condenado.

P: Finalmente, el slipstream que tú anuncias, como camino posible para la narrativa futura ¿tiene solución de continuidad o fecha de vencimiento, como cualquier moda, movimiento o escuela literaria del pasado?

R: El slipstream es una manifestación interesante del sentido post-género. En todo caso, no es algo que yo anuncio ni es nada nuevo, pero me interesa porque busca rechazar el ejercicio inane que siempre se produce entorno a los géneros. Lo más lamentable de estos debates “género/literarios” es que son tautológicos. No producen nada. En eso, acá en Chile nos hemos quedado atrás. Seguimos preocupados por parámetros que no existen, mientras los demás han avanzado sin devolver la mirada. La cultura crítica nacional, en gran parte, sigue en pañales, existen críticos que siguen comprándose el verso y la pedantería de la cultura con C mayúscula -piensan que es el antídoto a su acomplejamiento. También existen críticos rigurosos que tienen una mirada más progresiva, pero, aparte de algunas excepciones, no se les entrega el podio mediático… resultan ser demasiado “académicos” o “crípticos” para el supuesto paladar colectivo.

P: Gracias, Mike…¡Cambio y Fuera!

R: …

pd: Ocupadísimo lector, si aún no lo ha hecho, debiera correr a la librería más cercana y adquirir esta verdadera detonación nuclear táctica en las letras chilenas: “EL Púgil” (2008). Eso sí, no podemos asegurar que el contacto prolongado con tan nueva literatura no produzca adicción, o lo que es peor, mutaciones mentales indefinidas. Bon apetit!

Mayo, 2008.

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Una respuesta a “Hablemos de Mike Wilson y “El Púgil””
  1. [...] También analizó, bajo este sistema, referencias insertas en el texto de la anterior novela de Mike Wilson R., El Púgil (2008), y que ahora también quiero puro leer: musicales como Joy Division, Echo and The Bunnymen, David [...]

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